Hoy vamos a hablar de un experimento muy interesante: la conducta supersticiosa en palomas.
Skinner publicó uno de los libros más importantes para la psicología: “La conducta de los organismos: Un análisis experimental.” En este libro proponía algo simple, la conducta de todos los organismos está controlada por sus consecuencias. Además, realizaba un análisis de la conducta de tipo darwinista, pues proponía que todos los seres vivos emiten, espontáneamente, conductas, las que tienen resultados beneficiosos para el organismo permanecen, las que tienen resultados perniciosos se extinguen. Hoy sabemos que no todas las conductas están controladas por sus resultados, pues existen muchas conductas innatas, como el apego; sin embargo, muchas otras sí lo están, y se mantienen o extinguen según el refuerzo que reciban. Pensad un momento que mantenéis una conversación cara a cara con alguien a quien conocéis. Mientras habláis, quien no tiene el turno de palabra emite constantemente reforzadores que hacen que quien habla lo siga haciendo. Estos reforzadores son cosas como “ujum”; “sí”, “no”, asentimientos de cabeza, etc. Y esto se aprecia mucho más cuando alguien habla por teléfono, pues la otra persona necesita saber que está siendo escuchada. Sin estos reforzadores la conversación se extinguiría. Y hay muchas más conductas que se explican a través del “condicionamiento instrumental u operante“.
Por eso, el experimento del que os voy a hablar puede explicar el surgimiento de una conducta humana tan compleja como la superstición.
Skinner planteó el experimento para que se relacionase el accionamiento de la palanca con la obtención de comida. Así, cada vez que una paloma (o raton) presionaba la palanca, se le recompensaba con comida. Las palomas pronto advirtieron la relación causal entre la palanca y la comida.
Más adelante, Skinner complicó el experimento. ¿Qué pasaría si sólo se suministraba comida algunas de las veces -no todas- que se presionaba la palanca? La respuesta fue que las palomas y ratones tardaban más en descubrir la relación causal palanca-comida. ¿Y si ahora se les deja de suministrar comida una vez que las animales han aprendido a manejar la palanca? Pues que "desaprendían" lo aprendido. Pero el tiempo que les costaba "desaprender" era directamente proporcional al tiempo que habían tardado en aprender. De manera que los animales que habían aprendido a que siempre el accionamiento de la palanca les iba a dar comida, olvidaron más rápidamente la relación causal cuando la palanca dejó de tener su recompensa. Mientras que los que habían sido sometidas al "premio esporádico" tardaron más en olvidar las propiedades milagrosas de la palanca.
Skinner dio una vuelta más de tuerca a sus experimentos. ¿Qué sucedería si se da comida al azar, sin ninguna relación con la palanca? Ahora viene lo más sorprendente. Los animales establecieron asociaciones falsas. Por ejemplo, si una paloma picoteaba una esquina de la caja y en ese mismo momento, por pura casualidad, le caía comida, la paloma asociaba el picoteo en la esquina con la obtención de comida. Así, cada paloma desarrollaba su "manía" particular, sin motivos reales.
supongamos que desligamos totalmente el aporte de comida de las acciones del animal. Digamos que, por ejemplo, el chisme le da comida a intervalos aleatorios, independientemente de lo que haga el bicho. ¿Qué ocurre entonces?
Aquí viene lo interesante.
Cada vez que le damos de comer a nuestro bicho, éste estaba haciendo algo (cualquier cosa). Y es ese "algo" lo que el bicho comienza a asociar con la comida.
Por ejemplo. Cuando le dimos la comida a nuestra rata, esta se estaba acicalando una oreja. La rata intentará acicalarse de nuevo, a ver si hay suerte. Lógicamente, al ser nuestro dispositivo aleatorio, esto no tiene efecto. Si la próxima vez que le damos comida está levantando una pata, la rata intentará repetir de nuevo esa acción. En algún momento, por mero azar, la rata repetirá acciones parecidas y obtendrá su premio. Y ese comportamiento comenzará a reforzarse. Cuando sus acciones no tengan efecto, el animal las "depurará", haciéndolas cada vez más complejas. Asociando a la obtención de alimento comportamientos realmente complicados.
Fíjate que estamos en un caso parecido al del apartado anterior: La recepción de comida está muy desligada del comportamiento del animal (¡Y tanto: no hay tal relacción!). El bicho aprende que, por ejemplo, girar tres veces sobre sí mismo y dar dos saltitos a la izquierda le da comida "a veces". Y, como hemos visto antes, las asociaciones que funcionan "a veces" son mucho más difíciles de "olvidar".
Skinner trabajó mucho sobre este último experimento con palomas, y llamó a esto, por razones evidentes, comportamiento "supersticioso". Las palomas aprendían comportamientos que, en realidad, no estaban relaccionados con los resultados que pretendían obtener.
Puede parecer una tontería, y la imagen de una paloma haciendo oscilar su cabeza con la esperanza de que esto le haga obtener alimento puede parecernos risible pero, curiosamente, eso demuestra que la paloma es más definible como "inteligente" que como "tonta". Su cerebro está preparado para buscar relaciones, incluso aunque sean muy complejas. Las busca incluso aunque no las haya.
Y los humanos somos más inteligentes que las palomas (al menos, en promedio). Y nuestro cerebro está aún más dispuesto a buscar asociaciones.
Supongo que ya estáis recordando sucesos de vuestra vida que podrían explicarse de esta forma: tu boli de la suerte con el que siempre apruebas, tocar el marco de la puerta al salir, no pisar las líneas del suelo, no hablar de la muerte, no salir a la calle los martes 13, etc. Y es que, en ocasiones, establecemos relaciones entre sucesos que no están relacionados, creando así un vínculo falso, una creencia supersticiosa. Las creencias supersticiosas nos dan la sensación de control sobre cosas que, realmente, no controlamos. Desde hace ya un tiempo, han surgido una serie de productos comerciales que afirman tener efectos, cuanto menos, curiosos. Es el caso de la famosas pulseritas de energía, que te dan equilibrio. Lo curioso es que mucha gente afirma que es cierto, que desde que lleva tal artilugio duerme mejor, es más flexible, corre más rápido, está más tranquilo, o cualquier cosa por el estilo. Buscan controlar cosas que no controlan. Pero la realidad es que se ha formado un vínculo falso entre el hecho de, por ejemplo, dormir bien una noche, y el hecho de llevar alguna de estas pulseras. Hemos creado una conducta supersticiosa en nuestras vidas.
Se ha criticado a Skinner por crueldad con los animales. Algunos le achacan que lo que los animales desarrollaban en la caja eran neurosis agudas, alteraciones del comportamiento debidas al sometimiento a condiciones antinaturales. La primera acusación es totalmente cierta. La segunda, es posible. Pero las conclusiones de Skinner tienen mucho sentido.
Nuestro cerebro ha evolucionado para buscar causas en mayor grado que el resto de los animales. No podemos seguir el rastro de una presa por el olfato, así que tenemos que deducir que cada huella, cada indicio, tiene su autor. La selección natural nos ha hecho así.
Cualquiera de nosotros tenemos comportamientos que no somos capaces de explicar racionalmente. Muchos de ellos simplemente no tienen explicación racional. Llamémosles tics, costumbres, manías, hábitos, creencias... Normalmente no sabemos porqué se originan. Incluso pueden revestirse de pretendida racionalidad. Después, por simple reproducción memética, la creencia falsa instalada en una mente coloniza la sociedad. Si extrapolamos las observaciones de Skinner a los humanos, podemos explicar el origen de las creencias irracionales. |