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02-07-2012 / 16:40 h
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Bueno señores, este capítulo no es muy interesante que digamos, pero eso es porque los próximos lo serán el doble. Espero sus comentarios y les aviso de que en una semana no podré colgar más capítulos, muchas gracias
1ª -Epica Capitulo 8: Recuerdos Recuerdos de polvo y tiempo fluían por la cabeza de Jollen. El viento blanco de las cumbres se los llevaba con un ligero sonido crujiente. Se encontraba cruzando un camino nevado y resbaladizo junto a Tyron. Habían partido hacía medio día, solamente se habían parado a comer y descansar un pequeño periodo de tiempo. Casi ni se habían dirigido la palabra, temían que si habrían la boca el viento helado entraría en sus bocas congelándoles las entrañas. Jollen no pensaba que el camino fuera tan tranquilo y fácil de cruzar. Casi todas las zonas en las que habían caminado eran anchos caminos donde era más probable morir de frío que caerse hacia el abismo de las inmensas montañas. Tyron le había dicho que esta hilera de montañas eran los puntos más altos del Reino y que sólo existía una aldea en medio de éstas a la cual se dirigían en esos momentos. Jollen comenzó a iniciar una conversación con el caballero: - Oye, me dijeron que eras de Punta Lanza, ¿no? ¿Qué hacías en Fortaleza Cumbre entonces?. Aquello perturbó al joven caballero. Respiró hondo y le respondió: Te voy a contestar con sinceridad, no vale la pena mantener secretos en este viaje, si no, no confiaremos el uno en el otro. Yo era “Guardián de Punta Lanza” –dijo sonriendo levemente, como si se transportara a viejos y cálidos recuerdos al son de sus palabras- Me quitaron mi honor y me despojaron de mi título. Ya no pertenezco a Punta Lanza. Aquello pilló por sorpresa a Jollen, no se esperaba tal respuesta. - ¿Qué paso exactamente para que te echaran de ese sitio? - Verás…fue por no repudiar a la luna. La mujer del Señor de la Piedra que gobierna Punta Lanza es muy creyente y desde siempre me había repudiado… Jollen no sabía por qué Tyron repudiaba a la Luna. Pero no hizo falta que se lo preguntara, Tyron lo leyó en sus ojos y con una sonrisa casi sarcástica dijo: - Yo he odiado a la Luna desde que murió mi hermano Theon durante el asedio de Eyon. Iba camino de convertirse en Caballero Real. Aún recuerdo su pelo marrón y brillante ondeando al viento y sus grandes ojos ámbar…y su cara llena de sangre justo antes de morir. Había rezado a la Luna durante día y noche sin descanso para que tanto mi hermano Theon como mi hermano Tyron sobrevivieran. Pero ella no me escuchó y Theon –dijo con cara de amargura- Ahí empezó todo. Entré a Punta Lanza y la puta de la mujer del señor de Punta Lanza me repudió con todas sus fuerzas, simplemente por el hecho de que era un “nacido de la muerte”. Me hizo la vida imposible, pero no me rendí. Me nombraron guardián con honores de Punta Lanza tras vencer a cada uno de los rivales que me pusieron en la prueba y para demostrarle que le había vencido, me rapé el 13 en la cabeza. Soy un maldito y me enorgullezco de serlo –dijo entre risas- Pero luego ella dio el paso…y me intentó asesinar –Jollen le miraba expectante- Yo…se lo dije al Lord Piedra y la presenté ante un tribunal, pero ella tenía sus contactos, por lo cual salió inmune…y después de eso el Señor de la Piedra, que por cierto, se llama Igmel, me quitó mi honor de caballero y me desterró…Tras eso vagué por el Reino, hasta que llegué a Fortaleza Cumbre, en la que me dieron refugio por petición de mi hermano Tyrell… Jollen había notado que Tyron se refería a su hermanastro Tyrell como “hermano”, a lo cual no le dio demasiada importancia. - ¿Y tu?¿Que historia tienes?¿Por qué emprendiste este viaje en busca de mi hermano? –le preguntó Tyron, animado por la conversación- - Yo… -titubeó Jollen- Voy en busca de tu hermano porque…pues…porque él me ha hecho como soy, le debo una. - Vaya, tendrías que ser muy amigo de mi hermano, ¿verdad? –dijo Tyron con una sonrisa de las suyas en la cara. - A decir verdad, nunca he hablado con él –dijo Jollen bajando la cabeza. Aquello cogió desprevenido a Tyron, que se le quedó mirando embobado, como si algo no encajara. Jollen sabía que algo iba a pasar, hasta era posible que no le acompañara a las “Tierras Salvajes” puesto que ni siquiera conocía de verdad a su hermanastro. Pero en vez de eso, la atmósfera silenciosa de las Montañas Nevadas se llenó con una sonora carcajada proveniente de Tyron. Cuando por fin paró de reír le dijo: - Tú estás loco. Ni siquiera le conoces, nunca has hablado con el, aún así eres capaz de arriesgar tu vida con tal de encontrarle. Mierda de Luna ésta, ¿Por qué siempre me juntas con los más raros? –dijo entre lagrimas de risas. Luego le miró y repitió- Los más raros…pero los más nobles también –añadió guiñándole el ojo. Luego, durante un largo rato, Tyron estuvo mirando las montañas como si intentara recordar algo, hasta que por fin dijo: -¿Te das cuentas de que estas montañas no tienen nombre? ¿Por qué será? Jollen lo sabía. El lema del Reino, desde tiempos del Rey Aknar era: “Lo que no está vivo, no merece vivir”. Por lo que no era raro que muchos lugares no tuvieran nombre. Siguieron caminando, sumidos en sus pensamientos durante largo rato. Ninguno sentía la necesidad de hablar, se centraban en poder aguantar el insoportable frío. “¡Lo que daría por una buena batalla para calentar los músculos!”, gritaba a los cuatro vientos de vez en cuando Tyron. Luego entendieron que hablar era la única solución que tenían para no morir congelados y para obviar el frio que les calaba hasta los huesos. Tiritando, Tyron le explicaba todas las partes de su espada y de por qué usaba una tan larga: - A menudo me dicen que usar una espada tan larga es por ser un hombre sin valentía, que no quiere luchar a corta distancia. Pero seguro que los desgraciados no pensarían igual en sus últimos instantes de vida, cuando a uno de esos enemigos les atravesaba el corazón con su larga espada –dijo entre risas- Pero lo que no saben es que manejar esta espada es mucho más difícil que manejar las cortas. Se requiere una gran fuerza y coordinación de movimientos, además de una mente fría durante la batalla para realizarlos correctamente. Date cuenta de que un simple mandoble normal requiere el doble de tiempo y fuerza para realizarlo con esta espada y hay que ser un verdadero danzarín para hacer las piruetas que yo realizo –a Jollen le parecía curiosa esa faceta de Tyron que el frío había despertado de su letargo, alardeando continuamente de sus habilidades- Muchos años estuve entrenando a las afueras de la ciudad, en los bosques. Usaba troncos de madera a los que yo mismo tallaba dándoles una forma más o menos humanoide…Recuerdo cuando practicaba con Tyrell o con Theon…me gustaría hacerlo una vez más –dijo con voz melancólica- Tú, mi querido mozo de cuadras, tienes un talento innato. Aquella forma con la que te moviste… parecías mi propio hermano. Jollen no recordaba nada de lo sucedido en el combate, simplemente estaba fuera de sí, no era él quien manejaba a la negra y plateada “Rosa Florette”. “Sino Tyrell”, pensó estremeciéndose. Durante un largo rato, Tyron le estuvo enseñando diferentes ataques con su larga espada mientras al mismo tiempo caminaban. Realizaba largos tajos, fuertes barridos y rápidas estocadas contra un enemigo invisible como era el viento. Luego le estuvo enseñando a estar en guardia con la espada y, aunque casi perdió los nervios varias veces, logró que el joven Jollen al menos sujetara la espada correctamente, sólo con la mano derecha dado que era una Florete, ya que Tyron usaba las dos. Éste le decía que la espada debía ser una extensión más de su brazo, a donde apuntara iría su afilada punta. Ya verás, al paso que vas pronto estarás esgrimiendo esta espada cual aguijón y dando estocadas a cualquier bicho viviente de las Tierras Salvajes –decía entre risas. Jollen descubrió que el caballero nunca había estado allí y que estaba igual de entusiasmado como él para ver a qué peligros se enfrentarían y cuáles serían las bellezas de aquellos mágicos lugares. Dicen que en aquellas tierras das un paso bajo un frío asfixiante y al siguiente estás en medio de una tundra helada -le comentaba el caballero. Los dos soñaban como niños pequeños a los que acababan de regalar su primer caballo. Tyron le estaba comentando lo que vivió en el asedio de Eyon, “Si el infierno viera aquello, seguramente huiría gritando de terror”, le decía. Estaban metidos en la conversación cuando de pronto un aullido cortó como una afilada navaja el silencio de las montañas. Después del primer aullido vinieron otros más. Eran sonoros y calmados, sin prisas, pues ya tenían rodeadas a sus pobres presas. Pese al sonido, los aullidos se escuchaban muy lejanos. -Pobrecitos animales –dijo Jollen al oír los sonidos- Esos lobos ya los habrán devorado, ¿verdad? –miró a Tyron y se sobrecogió de temor ante la cara de este. Estaba asustado y expectante, mirando entre la niebla que los comenzaba a envolver. - Mucho me temo, mi querido Jollen, que probablemente sus presas seamos nosotros –dijo al tiempo que desenvainaba su espada. Se inclinó levemente sobre si mismo, con la larga espada al frente, a la espera del inminente ataque de su enemigo. Jollen hizo lo propio con “Rosa Florette”, pero casi pierde el equilibrio al agacharse. Se tambaleó, pero sabía que si se caía no le daría tiempo ni a ponerse en pie antes de que los lobos le atacaran. Un aullido sonó mucho mas cerca, en medio de la densa niebla. No era un aullido de lobo normal, sonaba mucho más sereno y potente. Tyron lo reconoció enseguida y mirando hacia la arriba, al lugar de la Luna que ahora ocultaba la niebla, dijo: - Aquí viene la primera prueba de la puta de la Luna, Jollen, prepárate –dijo enderezándose y volviendo a su posición anterior- Nos ha enviado ni más ni menos que “Lobos Rizados de Fuego” –Jollen le miró extrañado, a lo que el le contestó- Se conocen más comúnmente como “Lobos de la Cumbre” –ahora sí que sentía el miedo fluir por sus venas. Le habían hablado de estos seres. Quemaban todo lo que pisaban y arrasaban cualquier rastro de vida a su paso- “Los hijos del Infierno”…-murmuró y Tyron inclinó la cabeza dándole la razón- En efecto. Se empezaron a vislumbrar unas altas figuras negras que salían de entre la niebla. Primero salió el hocico, y luego el resto del cuerpo. Jollen se quedó fascinado ante la belleza que tenía delante y lo examinó lo más que pudo en el poco tiempo que disponía: Era un enorme lobo blanco, del tamaño poco menos que un caballo. Tenía el pelaje de color rojo chispeante en zonas como detrás de las orejas, alrededor de los ojos, en el hocico, en la punta de la cola, en el pelo de debajo de la garganta que le crecía bajaba hasta la barriga, en las patas y en medio de la espalda. Era un color rojo como el fuego que parecía que estaba vivo. Elegantemente caminaba erguido con el pecho hacia fuera. La nieve a su paso se derretía y las zonas rojas del pelaje soltaban como un vapor, hasta que se dio cuenta de que en realidad eran fuego de verdad, el cual se evaporaba al tomar contacto con el frío viento y ascendía como pequeñas llamas en forma de pelo, como si fueran brasas. Un animal nacido del fuego y la nieve. Del frío y del calor. Blanco y rojo. Un hijo del infierno… Descubrió por qué les decían “Lobos Rizados”. Tanto el pelaje de la espalda (rojo o no), como el que le cubría la esbelta garganta roja, o en las partes de detrás de las patas, tenía el pelo rizado. Unos rizos esbeltos y fijos, que no llegaban a ser como los cerrados de las ovejas, sino más abiertos y menos abundantes. En total esto hacía de la aparición del Lobo Blanco una visión fantasmagórica. Un ser que se camuflaba entre la nieve y emergía de la niebla, bautizada por el fuego… Es una Loba –dijo Tyron muy serio- Los “Lobos de las Cumbres” hacen que el poder de la manada recaiga sobre la hembra más joven y fuerte. Probablemente ésta sea la jefa de la manada –no le dio tiempo a decir nada más porque tras la loba salieron 2 lobos más, uno de pelaje gris y que aparentaba mucha edad y otro de un pelaje negro como el carbón, ambos con las mismas marcas de fuego que su líder. - Por suerte sólo son unos pocos, me parece que son los exploradores, siempre suelen estar presididos por la líder –expuso Tyron preparándose para luchar. El gran lobo gris saltó sobre Tyron. Este hizo un mandoble, pero dado el tamaño del Lobo su pesado cuerpo se cernió sobre el caballero antes de lo que este tenía previsto y no llegó a darle. El animal se le echó encima. Jollen fue a ayudar y sin pensarlo siquiera clavó su espada en el costado izquierdo del lobo. Este aulló de dolor y Jollen pudo sentir el calor del fuego que desprendía el Lobo de sus marcas rojas. Tyron se incorporó y asintió a Jollen en señal de gratitud. El Lobo gris, sin previo aviso, realizo un placaje que cogió de lleno a Jollen. Este se intentó agarrar como podía la melena del Lobo, para no caerse, y se quedó medio montando sobre la bestia. Al final se agarró a las marcas de fuego de la espalda. Le quemaron las palmas de la mano, era fuego de verdad, de eso no tenía duda. Con un grito de dolor Jollen se soltó del Lobo y cayó de bruces contra el suelo nevado, lo cual amortiguó su caída. El Lobo gris y viejo estaba encima suyo. Tyron intentó ayudarle, pero el lobo negro se interpuso en medio. La loba blanca seguía mirando. Jollen sintió el aliento del lobo en su cara, casi quemaba tanto como el fuego de su espalda. Una sombra surcó la nieve y saltó encima del Lobo, sin que éste pudiera reaccionar. Rápidamente sacó un cuchillo de entre sus ropajes y se lo clavó al Lobo Gris en la nuca. Este cayó muerto en cuestión de segundos. Aprovechando el alboroto, Tyron se zafó del Lobo Negro, pero éste, junto a la Loba Blanca, escaparon por la niebla y se perdieron de vista. - Gracias –dijo al fin Jollen a su salvador. E hombre se quitó la capucha de pieles que llevaba, dejando al descubierto su rostro. Era una chica un poco mayor que él, de la edad de Tyron. Era pelirroja, pero de un rojo más apagado, llevaba el pelo largo y liso hacia atrás, recogido con un coletero de huesos. Tenía una nariz pequeña salpicada por muchas y diminutas pecas que se esparcían por la nariz y los mofletes. De piel blanca como la leche, lo cual resaltaba sus verdosos ojos que brillaban con una intensidad que Jollen nunca había visto antes. Estaba muy limpia para no pertenecer a la realeza, aunque tenía arañazos en la frente. La chica le dirigió una sonrisa tan radiante como la Luna. - De nada, era mi deber –dijo aún con la sonrisa en los labios. Recorrió a Jollen con la mirada hasta pararse en la espada que tenía sujeta y sorprendida exclamo: - ¡Pero si es “Rosa Florette”, la espada de Ser Tyrell! - ¿Conoces a mi hermano? –preguntó Tyron, el cual ya estaba junto a ellos. - Sí, paso hará cosa de un año por aquí, se dirigía a las “Tierras Salvajes”, creo…¿Tu eres su hermano? –preguntó sin apartar la mirada de “Rosa Florette”- ¿Me la dejas ver? –dijo sin darle tiempo de contestar a Tyron. Jollen se la dio, era lo menos que podía hacer por haberle salvado la vida. Los siguientes acontecimientos transcurrieron en un abrir y cerrar de ojos. La chica miraba atentamente la hoja de “Rosa Florette” y la pesaba con sus impolutas y blancas manos y sin previo aviso golpeó con el mango de la espada a Tyron en la barriga y luego le dio un golpe seco en la espalda, dejándolo tendido en el suelo. Asestó una patada a Jollen en la cara y salió corriendo, metiéndose en la densa niebla con “Rosa Florette” en las manos. Tyron se recuperó y lo primero que hizo fue insultarla de todas las maneras posibles. Luego se incorporó con esfuerzo y ayudó a levantarse a Jollen. -Puta Luna ésta, nos trajo algo peor que los “Lobos de las Cumbres”, maldita arpía – dijo escupiendo al suelo. Ayudó a Jollen a ponerse de pie, miró el cadáver del lobo y dijo: -Aunque te ha salvado de una buena… Tranquilo, sólo hay un poblado y estamos muy cerca de él, tiene que estar ahí. - Si, supongo que sí… -añadió Jollen mientras la niebla se disipaba. Subieron una colina un poco empinada y se encontraron con una angosta llanura, donde un gran poblado se asentaba. Era más grande de lo que se había imaginado. Jollen sentía un olor a putrefacto, y dirigiendo la mirada a las murallas de madera chamuscada que rodeaban el poblado, se llevó las manos a la boca. Todos los alrededores de la muralla estaban llenos de cadáveres de Lobos de las Cumbres, pero al lado de éstos los cadáveres de personas desgarradas y quemadas se amontonaban unos sobre otros. - Una…¿Masacre? –dijo Jollen. - No –le contesto Tyron a Jollen- El Hombre se come al Lobo y el Lobo se come al Hombre. Ley de Vida. Fin del capítulo 8
Última edición: 13-07-2012 / 16:21 h. Por Murmullo
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Como has dicho este capitulo tiene menos emocion que los otros,pero no todo van a ser nuevas sorpresas  . 
aunque he encontrado un fallo en una palabra:
La chica miraba atentamente la hoja de “Rosa Florette” y la pesaba con sus impolutas y blancas manos
en vez de pesaba se dice sopesaba:
La chica miraba atentamente la hoja de “Rosa Florette” y la sopesaba con sus impolutas y blancas manos
11-07-2012 / 15:39 h
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Como has dicho este capitulo tiene menos emocion que los otros,pero no todo van a ser nuevas sorpresas . aunque he encontrado un fallo en una palabra: La chica miraba atentamente la hoja de “Rosa Florette” y la pesaba con sus impolutas y blancas manos en vez de pesaba se dice sopesaba: La chica miraba atentamente la hoja de “Rosa Florette” y la sopesaba con sus impolutas y blancas manos
Ok, muchas gracias, ahora lo corrijo
Foros > Literatura y Cómics > Balada a la Luna Triste. Capítulo 8: RecuerdosSubir
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