Brutal lo del comité ese. Hay gobiernos que no reconocen la madurez de sus súbditos, que impiden que se llegue a una mayoría de edad, que siempre se arrogan el derecho de decidir por el ciudadano por que lo deben considerar imbécil directamente. Para eso hay unos señores (también humanos, por cierto) que piensan por tí.
En otro orden de cosas, la lucha contra las drogas es un fracaso absoluto cuya eficacia va siendo inversamente proporcional a la inversión económica que se le dedica. Cualquier empresa que no funciona suele cerrar, los proyectos ineficaces acostumbran a ser interrumpidos, pero, al igual que la calle de al lado de casa, que la abren cada seis meses para algún tipo de acometida, el negocio de la lucha contra la droga debe resultarle muy rentable a unos cuantos, aunque sus resultados no sólo no hayan sido buenos en los últimos cincuenta años, sino que cada vez vayan a peor. Quizá alguien se plantee algún día dejar de tratar a los ciudadanos como niños pequeños, y que la desinformación y los tabúes son un caldo de cultivo perfecto para que los jóvenes y los adolescentes, que pasan en ese mismo momento la fase de matar el mito del padre y, por extensión, de cualquier figura de autoridad (es sabido desde hace cien años lo menos), y procuran hacer lo contrario de lo que se les dice, a modo de experiencia autoafirmadora, independiente y reivindicativa de su personalidad. Cuánto más ganaría un padre o un educador explicando a su cachorro que, no sólo los niños no se hacen en París, si no que cada droga individual es esto y esto otro, que sus efectos sobre la salud y la percepción son esto y aquéllo, y que, amén de la diversión que la gente espera obtener de ella, no está demás darse una vuelta por cualquier poblado de la droga y ver a qué infierno tan escasamente glamuroso conduce si no se anda con ojo. La educación debe fomentar la madurez, huir del victimismo y el infantilismo, responsabilizarse de las consecuencias de nuestros propios actos, informar y no ocultar, en fin, justo lo que no se hace. Sólo quizá así, tendríamos menos infantes de pelo en pecho que siguen pensando que la vida es injusta con ellos; así, como vamos, los niños no se convierten en hombres, si no en niñatos.. |