Análisis: Medal of Honor: Airborne| 10 de octubre de 2007 / Por Sebastián Tito Rodríguez | Página 1 de 4 |
| La acción bélica regresa tras las líneas enemigas. El asalto llega desde el aire. |
¿Quién no ha oído hablar a estas alturas de la película sobre esta grandísima saga de shooters de guerra? Pues alguien que no sea de este planeta o haya estado escondido en una cueva, porque es ya un clásico entre los clásicos… |
Todos los poseedores de un Pc o de una Xbox 360 van a saber lo que es un juego de guerra gracias a la aparición de Medal of Honor: Airborne en nuestro país. Este juego supone la vuelta a la cancha de una de las series pioneras en juegos basados en la Segunda Guerra Mundial. Desde que allá por el año 1999 apareciera el primer título de la serie se han ido sucediendo posteriores capítulos que no han hecho si no engrandecer el legado de uno de los shooters más laureados de la historia de los video juegos.
Pasados tres años desde aquel Pacific Assault en el que cambiaban las tornas y nos metían en pleno conflicto en el Pacífico -más que nada para cambiar de ambiente e insuflar aire fresco a la serie-, ahora Electronics Arts nos pone en la tesitura de convertirnos en paracaidistas, pero de nuevo en los escenarios de la vieja Europa.
En estos momentos se está apostando por la originalidad y la única forma de llegar hasta ella es dirigir los juegos por otros derroteros, sobre todo inéditos hasta ahora. La unidad de paracaidistas ha llegado surcando los cielos para hacerte vibrar desde lo más alto. ¡Más dura será la caída!
La acción empieza en el aire, con un salto en el que deberemos controlar nuestro paracaídas para tomar tierra en el lugar más propicio.
Si tienes miedo a las alturas, ni lo intentes
Asumimos el papel de un soldado del ejército de paracaidistas de los Estados Unidos, y como tal es nuestro deber afrontar la guerra desde el cielo en un primer momento, para después vernos las caras en tierra con ejércitos nazis que quieren que nuestra sangre corra por el suelo. El comienzo del juego siempre se produce desde un avión desde el que nos lanzamos al vacío con nuestro paracaídas, desde este momento el aterrizaje es cosa nuestra y tenemos vía libre para caer en el lugar que elijamos.
Dado que controlamos el paracaídas a nuestro libre albedrío, podemos elegir caer encima de un tejado, en mitad de una calle donde todo está desierto o bien en plena vorágine de guerra, en mitad de las tropas enemigas. Es este el aspecto que más atractivo le hace al juego, pues esa libertad de poder hacer lo que le plazca a uno en cada momento es de lo que adolecían todos los capítulos de Medal of Honor. Por eso en EA han desarrollado unos mapas con infinidad de vericuetos y posibles caminos, así podemos sentir que no estamos supeditados en cada momento al devenir de los que nos dicte la máquina. Eso sí, en determinados mapas habrá que seguir un camino prefijado, por seguir, sobre todo, una veracidad histórica, pero en general las misiones son bastante abiertas y podremos deambular sin demasiadas pesquisas argumentales.
Los soldados están a merced de su destino, en ningún momento sabes donde puedes caer, una calle bien avenida puede esconder mil secretos y de repente encontrarnos con la mayor de las masacres. Tu sino lo construyes tu mismo, mucho cuidado.


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