Análisis: Bionic Commando| 18 de mayo de 2009 / Por Álvaro Castellano Córdova | Página 1 de 2 |
| Acción y vertiginosas acrobacias, el mítico commando resucita su devastador brazo biónico. |
Ha costado muchos años, pero Nathan Spencer tiene por fin nueva aventura, y esta vez es Next-Gen. El biomecánico rey del balanceo vuelve a la carga para rescatar Ascension City de la nueva amenaza, y lo hace con un videojuego repleto de acción y vertiginosos saltos. No es el Bionic Commando original, pero es un título de acción francamente notable. |
Han pasado más de 20 años desde el lanzamiento de Bionic Commando y, como es lógico, nada sigue igual. Su protagonista ha cambiado mucho, la situación no es la misma y los enemigos tampoco; pero hay algo que sigue igual, el devastador poder del brazo mecánico de su protagonista.
El videojuego de 1987 está de enhorabuena gracias al título que nos ocupa y a Bionic Commando Rearmed, la formidable revisión del original en clave Next-Gen que se lanzó el año pasado. Capcom y Grin resucitan a Nathan Spencer y a una de las más legendarias franquicias de la compañía nipona, pero no contentos con una mera traslación –que ya han explorado recientemente- re-imaginan el concepto y ofrecen una versión más actualizada en todos los sentidos. ¿Mejor o peor que el original? Descúbrelo con nosotros.
Sobrevolando Ascension City
Ya sabemos cómo funciona esto. Ayudas a tu país, salvas al mundo de la destrucción absoluta y, en lugar de premiarte, las autoridades te meten en la cárcel. Esta premisa argumental de tebeo que hemos visto en una abrumadora cantidad de subproductos cinematográficos de acción de Serie B, es la que ha sido escogida por Grin para rescatar a Nathan Spencer del olvido.
Este será uno de los movimientos que más veremos en Bionic Commando. En pleno balanceo el juego nos advertirá del grado óptimo de impulso con un marcador azul.
Y es que es eso precisamente lo que hace el gobierno en el nuevo Bionic Commando, al sacar al antiguo héroe Nathan Spencer de la cárcel para pedirle un nuevo favor. La friolera de 10 años han pasado desde que acabó con el ejército imperial, y tras un ataque biológico de una peligrosa organización terrorista sobre Ascension City el gobierno que traicionó a nuestro protagonista, y que lo encerró por crímenes que no había cometido, ahora reclama de nuevo su ayuda.
La campaña individual de Bionic Commando, por lo tanto, nos lleva a las destruidas y radiactivas calles de una ciudad que se está viniendo abajo y de la que quedan poco más que escombros y edificios a punto de caer derruidos. El argumento es sencillo y la exposición adecuada. Nathan está sólo en la misión, pero estará siempre acompañado de la voz de su superior, que se comunicará con él para facilitarle las instrucciones y las metas a cumplir.
El videojuego sigue los clásicos patrones del género de la acción con un planteamiento muy lineal en el que se nos proponen objetivos tremendamente similares y directos, y que suelen versar sobre llegar a un punto determinado del escenario, acabar con los enemigos de una zona, o desactivar un repetidor que obstruye la señal.
Este viene a ser a grandes rasgos uno de los principales problemas de Bionic Commando a la hora de trascender. Es el de Grin un videojuego francamente interesante en todos los sentidos, incluso con momentos memorables al comienzo y cerca del final, pero al que le falta mucha variedad y amplitud de miras para convertirse en un lanzamiento memorable o imprescindible.
Entre las armas destacan la siempre cumplidora pistola con la que contaremos desde el inicio, y otras más sofisticadas como los clásicos rifles de francotirador, cañones, etcétera.
Fuerza de Élite
Bionic Commando no es un juego fácil de manejar. Eso debe ir por delante. En ocasiones resulta algo frustrante, y debemos prestar una atención al detalle en el balanceo que puede ser verdaderamente exigente en todos los sentidos.
Sin embargo el título se toma muy en serio su curva de dificultad, y de hecho intenta gradar lo más posible el progreso para que la importante cantidad de acciones no le resulten traumáticas al usuario. Los primeros minutos los pasaremos familiarizándonos con el sistema de apuntado y disparo, que resulta idéntico a lo que podríamos esperar de cualquier otro shooter.
Sin embargo apenas pasaran unos minutos de ligero desconcierto hasta que encontremos la lanzadera en la que nos han enviado a la misión el brazo mecánico, y ahí comenzará el tutorial y lo más parecido a lo que esperábamos que fuera este Bionic Commando. En la práctica abandonaremos el aspecto desaliñado y alternativo del actual Nathan, para recuperar su memoria con un look similar al del juego original, y comenzaremos aquí a acostumbrarnos a los rigores del brazo mecánico y su gancho.
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En Grin han tratado de que a pesar de que todo el juego se desarrolla alrededor de Ascension City, haya la mayor variedad posible en los escenarios.
De alguna manera el procedimiento recuerda mucho a lo que ya vivimos con el garfio de
Lost Planet, otro videojuego de Capcom que parecía ensayar los sistemas que veremos en Bionic Commando más desarrollados. Así pues con el gatillo derecho dispararemos y con el izquierdo liberaremos todo el potencial del cable, y además explotaremos toda la jugabilidad de plataformas que se esconde tras el videojuego.
El proceso es tan sencillo como apuntar y disparar el gancho, de tal modo que si estamos a la distancia adecuada la mirilla cambiará de color, y podremos acceder al balanceo con el que recorrer los escenarios y sortear los obstáculos. Todo el manejo, como ya hemos dicho, requiere tiempo y pericia, y el videojuego gana enteros con el paso de las horas en este sentido, al mejorar nuestra agilidad con el garfio. Sin embargo la campaña al completo no dejará de ser algo frustrante puesto que no siempre es sencillo calcular los espacios para los saltos, o manejar a Nathan en vuelo.


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