Impresiones finales: Civilization Revolution| 22 de mayo de 2008 / Por Álvaro Castellano Córdova | Página 2 de 2 |
Napoleón es quien manda en Francia, y cuentan con la impresionante Catedral; la India de Ghandi es otro de los bandos, y su principal fortaleza es la de contar de inicio con todos los recursos; Saladino es el temible árabe, cuya mayor ventaja es la de contar con el conocimiento de la religión; los aztecas de Moctezuma comienzan con una gran cantidad de oro; Chaka gobierna a los impredecibles zulúes, y pueden arrasar las ciudades desde el comienzo; el temible Gengis Kan encabeza a los mongoles con el 50% de intercambio en las ciudades capturadas; y, por último, Isabel I es la monarca de Inglaterra, siendo esta tradición dinástica su principal fortaleza.
Comenzamos, como es tradicional en las series, con una sola ciudad y la premisa de tomar el mundo: ya sea sometiéndolo por la fuerza, lográndolo con una victoria científica, o, como novedad, obteniendo la victoria económica fruto de una gran fortuna o la cultural al conseguir 20 grandes personajes, maravillas o ciudades.
La expansión de nuestra ciudad dependerá, como siempre, muy mucho de los terrenos que la circunden. Así que será muy importante el erigirla en el lugar adecuado.
Investigación como Piedra Angular
Como hemos señalado los bonus de cada facción tienen muchísima importancia ya desde el principio, y gracias a los que trae consigo cada uno de los bandos podremos comenzar la partida siendo fuertes en un determinado aspecto. No obstante la saga Civilization siempre ha estado ligada a la palabra evolución, y como tal fundamenta profundamente su jugabilidad en el desarrollo de nuevas tecnologías y en la adquisición de experiencia por parte de las unidades.
De este modo un pequeño ejército de tres hombres puede transformarse progresivamente y con el transcurrir de decenas de batallas en una verdadera unidad de élite, y según se desarrolle su progreso podremos escoger entre las diferentes habilidades que más nos interesen, pudiendo obtener ventajas de defensa, curación automática, o movimientos extra dentro de un turno.
Las maravillas son una excelente forma de adelantarse al enemigo y obtener importantes bonus.
Los obreros y las carreteras, por su parte, se construyen de forma automática simplificando sensiblemente el sistema con respecto a la versión de compatibles, pero sin ser factores que se echen en falta. Y es que todo en Revolution da la impresión de obedecer a un prisma más centrado en la construcción de ciudades y la evolución dentro de las diferentes ramas tecnológicas.
Entre las novedades, en esta ocasión militares, también se cuenta la posibilidad de retirarnos en mitad de un combate, añadiendo un pequeño matiz en tiempo real a un desarrollo por lo demás tan marcado por los turnos como es costumbre en la saga. El espionaje es otro de los más fascinantes añadidos, y supone añadir la posibilidad de sabotear construcciones, destruir la producción, e incluso la de secuestrar a las grandes personalidades del enemigo.
También podremos vencer en la partida con los métodos científicos, culturales y económicos. De modo que será posible ganar sin derramar una gota de sangre.
Revolution, en definitiva, captura con un estilo desenfadado y con afán de sencillez todas las premisas que han hecho grande a la saga Civilization durante años en compatibles. Atractivo visualmente y con una jugabilidad impecablemente adictiva este título tiene mimbres para suponer el brillante salto de las prestigiosas series de Sid Meier a consolas.


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