Análisis: Sombras de Guerra| 27 de noviembre de 2007 / Por Álvaro Castellano Córdova | Página 2 de 6 |
La historia, sin embargo, es francamente tediosa y muy poco interesante. Lástima que con un telón de fondo tan fascinante y “virgen” como el de la Guerra Civil todo devenga tan rápidamente en un festival de clichés y topicazos. Hay misiones muy prometedoras en su título como la del Alcázar de Toledo, la Batalla del Río Ebro o el bombardeo de Guernica que retratan grandes momentos de la guerra; pero todas, en esencia, vienen a ser lo mismo con cambios en pequeños matices.
En referencia al contexto es de agradecer el esfuerzo de documentación de las cinemáticas y de los “alrededores” del título, pero una vez puestos en harina las licencias históricas que se toma Sombras de Guerra devalúan todo el valor de rigor que se le atribuía. Desde luego hay cerca de 20 videos con imágenes de archivo que mediante nos narran los acontecimientos de la Guerra Civil, pero consideramos aventurado atribuirse un carácter didáctico sólo por ello.
Malo con avaricia, malo de solemnidad, malo con mayúsculas, malo con todas las letras, malo con alevosía... Sombras de Guerra es un fenomenal catálogo jugable de todo lo que no se debe hacer en el género de la estrategia en tiempo real.
Como muestra un botón. En menos de dos minutos un video al más puro estilo NO-DO con una solemne voz en off e imágenes de archivo nos introduce en la situación de la República, y acto seguido se nos presenta como heroína a una neumática joven con un escote de vértigo y pechos y labios rebosantes de silicona.
Un absoluto caos. No hay ningún sentido de la unidad en la contextualización de Sombras de Guerra. Se mezcla el supuesto rigor histórico de algunas partes con la estética cómic de otras, consiguiendo un desbarajuste conceptual totalmente incomprensible.
Medianía Jugable
Oportunamente descrito el apartado argumental y de fidelidad histórica le toca el turno al de la jugabilidad, y tampoco es que vaya a salir bien parada precisamente.
Sombras de Guerra es como retroceder en el tiempo a 1997 para volver a jugar al primer Age of Empires. Lamentablemente el programa que nos ocupa no es ni remotamente tan divertido, y el paralelismo sirve únicamente para demostrar la apabullante falta de personalidad que lo plaga.


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