Análisis: Sombras de Guerra| 27 de noviembre de 2007 / Por Álvaro Castellano Córdova | Página 3 de 6 |
El juego de Legend Studios es estrategia en tiempo real con un ligero componente de gestión de recursos, con construcción de edificios y con un bagaje táctico realmente plano. Es complicado hacer que el engranaje de nuestro ejército funcione a nuestro gusto, y eso es fundamentalmente debido a la pésima implementación de una serie de factores que en realidad son de una simplicidad aplastante.
Varios aspectos contribuyen al hecho de que sea un auténtico suplicio enfrentarse al enemigo. En primer lugar el escaso respeto y orden táctico que las tropas tienen por nuestras órdenes, será un auténtico milagro si conseguimos que formen debidamente –y eso que hay apenas tres estilos de formación disponibles-.
Esto parece una auténtica estupidez de nula importancia al lado de lo frustrante que puede ser el hacer algo, tan sencillo en principio, como que los soldados vayan de un punto a otro del mapa. Increíblemente el llevar por un desfiladero a un pequeño comando de, por ejemplo, sólo seis hombres puede derivar en una aventura de proporciones épicas, pues será habitual que la mitad sigan nuestras órdenes, que dos vayan por el camino paralelo, se pierdan y luego no sepan que hacer, y que el sexto se quede quieto -probablemente encomendándose a Dios para su salvación en el inminente combate, abrumado por la estupidez de sus compañeros-.
¿Viendo este art-work de una joven pechugona y con la ropa rasgada qué se puede esperar? Pues lo que es Sombras de Guerra, un juego al que sólo le ha faltado una carátula de Azpiri con la “libertaria” en cuestión en paños menores.
Si conseguimos llevar a cabo la titánica tarea de trasladar tropas por caminos angostos, demasiado habituales en el juego, entraremos probablemente en combate contra algún enemigo. Asistiremos con escasa capacidad de interacción al intercambio de disparos de uno u otro bando y, a lo sumo, podremos ordenar a algunas unidades que se sitúen agachadas o tumbadas, y también marcar contra quien abrir fuego, aunque no siempre se nos hará caso.
Por supuesto ante semejantes desmanes es totalmente absurdo pensar en que Sombras de Guerra pueda contar con algunos de los avances que el género de la estrategia ha experimentado en los últimos años, como el que las coberturas tengan una influencia real, que haya entornos destructibles y afecten a la jugabilidad o que se pueda entrar en edificios para atrincherar a las tropas.
De hecho resulta increíble que a estas alturas un RTS no respete ni tan siquiera la presencia de las paredes a la hora de disparar. Nuestros hombres, y los enemigos, no tendrán problema para abrir fuego a través de muros, montañas o edificios y acertar a sus rivales al otro lado.


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