Análisis: Lost Odyssey| 28 de febrero de 2008 / Por Álvaro Castellano Córdova | Página 4 de 6 |
Los hechizos se adquieren en las tiendas, se encuentran por el camino o se aprenden combatiendo, y se administran en el libro de hechizos donde podemos escoger siempre los que queremos usar. Como también es costumbre en el género un hechizo potente necesitará de más tiempo para ser formulado, mientras que los más ligeros serán de uso instantáneo.
Mil Años de Recuerdos –El Héroe Atormentado-
Según vamos avanzando en la aventura vamos accediendo al desbloqueo progresivo de las memorias de nuestro héroe Kaim. El protagonista no es capaz de recordar su pasado y esta será uno de los retos más duros a los que se tenga que enfrentar.
Como resultaba completamente imposible abarcar estos aspectos de guión en una vertiente jugable, desde Mistwalker se ha optado por introducir una arriesgada apuesta por la lectura, pues estas partes del pasado de nuestro protagonista se nos narrarán en largos textos de forma episódica como si fuera una novela por entregas. Esto, que puede enervar a muchos por la ruptura radical del ritmo del juego, supone que pasaremos muchísimas horas del juego leyendo fragmentos de recuerdos. Estas partes son totalmente prescindibles y la historia principal conserva intactos sus valores aun cuando no los hayamos leído, no obstante es altamente recomendable proceder a la lectura de estos “Mil Años de Sueños” pues están realmente bien escritos, son conmovedores y emotivos, y además están ejecutados en términos de diseño con un buen gusto exquisito.
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Puntos de vida, puntos de maná, fuerza, ataque mágico, vitalidad, defensa mágica, puntería… Son sólo un puñado de los parámetros que deberemos tener en cuenta en cada turno y con cada personaje para llevar a cabo unos combates efectivos. La táctica es lo más importante en un título de estas características.
Esta “ruptura” de ritmo es muy agradecida pues, como decimos, es voluntaria y también porque está tan bien introducida y resulta tan interesante que en ocasiones supone casi un alivio ante determinadas repeticiones inevitables en un juego de estas características.
Hay otras intromisiones que, sin embargo, no serán tan bienvenidas. Especialmente inoportunos resultan a menudo los minijuegos que salpican esporádicamente el desarrollo de Lost Odyssey. No es que supongan un handicap especialmente negativo, pero lo que si que es cierto es que son probablemente los aspectos en los que más flojea el título.
Otras secciones, por su parte, tienen una medida de la dificultad totalmente mal calibrada, y por si fuera poco, el juego en ocasiones tiene un sentido muy cáustico de donde deben ir los checkpoints, obligándonos en determinadas circunstancias a “tragarnos” las mismas líneas y líneas de diálogos por tener que repetir una parte concreta que por alguna razón nos resulta dificultosa.
Es Lost Odyssey, por lo tanto, un juego que necesita paciencia y tiempo. No sólo tiempo por su desmesurada duración, como es bien sabido el juego viene empacado en cuatro discos, sino porque lo espaciado de los puntos de salvado nos obligan a estar, como mínimo, cerca de una hora avanzando para llegar hasta ellos y no perder nuestros progresos, con lo cual sentarse a jugarlo durante menos tiempo es muy poco recomendable.


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