Análisis de After Burner: Black Falcon| 26 de abril de 2007 / Por David Navarro Blázquez | Página 1 de 2 |
| Acción arcade sin complejos, a ritmo de explosiones y cazas de combate. |
Esquiva los cohetes de los aviones enemigos y los misiles tierra-aire de las baterías del suelo mientras das giros a más de 2000 km/h. Destruye radares, submarinos, acorazados o dirigibles. Derrumba puentes, presas, volcanes y sortea montañas heladas o estrechos cañones en el desierto. Coge tu casco y súbete a uno de los cazas más rápido del mundo, una descarga de adrenalina te espera. |
En una base estadounidense secreta de aviación militar, se están fabricando los más rápidos y mortíferos aviones de combate del mundo, pero un grupo de compañeros tuyos os han traicionado y han robado trece de esos cazas para venderlos al mejor postor, sea quien sea. Encarnarás a Sonic, Bull o Shinsei, los tres mejores pilotos del mundo, para intentar acabar con el escuadrón enemigo y recuperar los jets robados.
Para ello deberemos llevar a cabo más de veinte misiones por todos los lugares del mundo, desde selvas tropicales a parajes desiertos con las pirámides de fondo. La mecánica de juego es simple pero adictiva. Cogeremos el avión e iremos pilotándolo de manera lineal mientras nos salen enemigos por todos lados. Esto quiere decir que no podremos dirigir nuestro avión donde queramos, ni volver para atrás, sino que se mantendrá una ruta preestablecida y, nosotros dentro de ella, eliminaremos a todo lo que nos ataque, esquivaremos misiles y accidentes geográficos, y sobre todo, cumpliremos nuestras misiones. En cada una de ellas contaremos con un objetivo principal (que normalmente será eliminar al “jefe de la pantalla”) y diversas misiones secundarias, que nos reportarán dinero al que luego le daremos muy buen uso en el hangar.
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21 aviones de combate, tres protagonistas, un surtido armamento y 24 misiones con tres modos de dificultad, tratarán de tenerte pegado en la cabina de tu PSP, pero ¿qué habrá al final de cada misión? En efecto, un jefe final.
Arcade frenético
Durante las misiones no descansaremos ni un segundo y tendremos que estar atentos a todo. Como buen arcade de aviación que es, en After Burner Black Falcon los enemigos son muy numerosos, y el humo de las explosiones llegará a tapar la pantalla casi por completo en más de una ocasión.
Contaremos con diferentes tipos de armas y munición para acabar con los malos (misiles aire-aire, aire-tierra y cañones normales) y podremos usar un turbo o hacer un giro para esquivar los cohetes dirigidos, todo ello por bellos parajes naturales algo sosos a veces, y con algunas ralentizaciones en momentos de máxima acción. No obstante la diversión y adicción está asegurada, aunque las diferentes fases se pueden hacer repetitivas en algunos casos, al igual que sucede con ciertos escenarios.
Para realizar con éxito tu misión, contarás con 21 aviones diferentes (F14 Tomcat, B2, Harrier...) con sus propias características de velocidad, maniobrabilidad y carga de armamento. Al contar con diferentes atributos, cada nave es apta para determinadas misiones, y no tanto para otras, y eso se notará, y mucho, en la facilidad con la que llevarás a cabo lo que te manden.
Lo mismo ocurre con las personalizaciones y mejoras de los aviones. A medida que aumentas tu rango militar y consigues dinero, podrás añadir alas nuevas, aumentar la velocidad, la capacidad de carga para portar más armas, y también pintar los aviones para camuflarlos. Todas las variaciones se notarán. Si, por ejemplo, pintamos a nuestro avión con un camuflaje especial para la selva y lo llevamos al desierto, no te quepa duda de que se te verá muy muy bien, demasiado como para que tus enemigos te alcancen fácilmente, saltes en mil pedacitos y caigas al suelo envuelto en llamas... y aquí no existen las sillas que saltan ni los paracaídas.


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