Análisis: Wario: Master of Disguise| 25 de junio de 2007 / Por Polizón | Página 1 de 2 |
| Plataformas y disfraces, un nuevo terreno para el gamberro e irreconocible Wario. |
Puerco, sucio, gamberro y sobre todo avaricioso es este Wario. Y es que su ansia por conseguir más y más tesoros (al igual que su higiene), es infinita. La segunda incursión de Wario en la portátil de Nintendo, llega disfrazada. |
Desde la época de GBA, Wario ha sido sinónimo de innovación gracias a los sorprendentes minijuegos (con perdón de Bishi Bashi Special) de los aclamados Wario Ware, aquél enemigo final del Super Mario Land 2 para Gameboy, que posteriormente protagonizaría la tercera parte de esa saga, y a su vez daría comienzo a la serie Wario Land, que con cuatro títulos recorrieron la historia de GameBoy (Original, Color y Advance).
Pero no, el título que nos atañe no es un Wario Land 5. Con Wario: Master of Disguise se ha producido un cambio de enfoque, eliminando todo atisbo de plataformero clásico, pero manteniendo la absoluta bidimensionalidad para convertirlo en algo más innovador e impactante… aunque no mejor.
De profesión cazatesoros
Porque Wario quizá en otra vida anterior a ser la némesis maligna de Mario (Del kanji japonés Waru “malo“ y uniendo Waru+Mario=Wario) fue un vulgar cuervo, de aquellos que se ven atraídos por cualquier objeto brillante. Aunque no sólo le atrae el dinero y las joyas, sino también la fama; y tras fabricarse un artilugio, se teletransporta a través de la televisión al lugar donde estaba a punto de cometerse un robo por el ladrón más famoso, Ciclón Argenteo. Wario aparece justo encima de dicho ladrón y al caer le arrebata una poderosa varita mágica llamada Simón, que otorga a su portador diversos disfraces con sus respectivas habilidades, haciendo de Wario un ladrón totalmente renovado, El Vendaval Malva.
Wario empieza como un ladrón, pero a lo largo de sus aventuras acabará desbloqueando otros siete disfraces, cada uno con sus habilidades especiales. Podemos cambiar entre ellos sobre la marcha, dibujando símbolos en la pantalla táctil.
Y a partir de aquí comienza la aventura de la mano de este atípico hilo argumental, en la que nuestro entrañable antihéroe no piensa dejar ningún tesoro atrás y descubrir el secreto de un tesoro más valioso que todo lo que haya podido soñar antes, y todo esto a golpe de stylus y algunos botones. Aunque el planteamiento puede parecer ideal, veremos que la desarrolladora Suzak no ha sabido captar correctamente la esencia de Wario por varios aspectos.
Disfraces y minijuegos
Siguiendo la tónica habitual a la hora de trasladar una saga a Nintendo DS con resultados diversos, véase el pincel del poder de Kirby o el lápiz mágico de Pac-Pix, en este Wario contaremos con una varita mágica que controlaremos con el Stylus, sólo que en este caso el resultado deja mucho que desear.
El movimiento de Wario lo realizaremos con los botones frontales (dependiendo de nuestra “mano buena”), es decir, salto, agachar y desplazarnos. Y con el stylus realizaremos el resto de habilidades, es decir, todo el poder que no otorga la varita mágica.
A través de tutoriales interactivos aprenderemos a intercambiarnos el disfraz realizando diferentes dibujos sobre Wario. El primer disfraz (y principal) es el de ladrón, que nos otorgará la capacidad de embestir, correr y saltar muy alto. Más adelante conseguiremos el de astronauta, con el que además de disparar podremos flotar un poco en el aire, pero eso sí a velocidad extremadamente lenta. Y como bien estarás pensando, necesitaremos desbloquear progresivamente los disfraces para avanzar en el juego. Lamentablemente el continuo cambio de disfraces acaba convirtiéndose en un pequeño engorro, ya sea por lo parecido de los dibujos de disfraces, por su lentitud, o por la mala interpretación de ellos, que nos hará fracasar en más de una ocasión.


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