Análisis: Wario: Master of Disguise| 25 de junio de 2007 / Por Polizón | Página 2 de 2 |
Aún así hay algunos disfraces que aportan cierta frescura y diversión, como el de pintor con el que podremos dibujar cajas a las que subirnos, o el de Capitán, un barco-submarino con el que navegar y lanzar torpedos.
También tendremos que resolver varios minijuegos al abrir los cofres que esconden las gemas que liberan los disfraces, tesoros y objetos necesarios. Estos minijuegos no tienen nada que ver con los vistos en Wario Ware, son bastante sencillos y se reducen a completar un dibujo, colorear, unir puntos o un puzzle de mover fichas.
Aparte de los numerosos enemigos con los que tendremos que lidiar, lo más interesante sin duda son los enemigos finales de cada fase que van desde momias, engendros gigantes o robots contra los que tendremos que utilizar sabiamente los diferentes disfraces para vencerlos.
Las “warrerías” de Wario
Si hay algo que impacte en el usuario además del intensivo control táctil (y a veces ilógico), es su apartado visual. Suzak se carga un par de décadas de Nintendo en cuanto a gráficos se refiere. No se puede decir que sean malos, simplemente que a todas luces son feos y cuanto menos atípicos. A pesar de estar ambientados en muy diversas localizaciones como desiertos, mansiones o alcantarillas, nos dejan bastante mal sabor de boca lo tremendamente sosos y vacíos, que parecen estos escenarios bidimensionales. La caracterización de los sprites de los personajes no es mucho mejor, aunque es incuestionable su buen nivel de detalle (a destacar la expresividad de Wario y su rival), pero en esencia parece tratarse de un juego ajeno a la gran N.
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Junto al humor y mala uva de Wario, en Master of Disguise no podían faltar los minijuegos. Son bastante básicos y suelen aparecer sólo al intentar abrir los tesoros, pero aún así guardan la esencia “WarioWare”, que tantos jugadores añoran.
La disposición de las dos pantallas se ha realizado muy en plan Castlevania DS, es decir, en la parte de abajo se realizará toda la acción, mientras que en la de arriba vemos el mapa del escenario en el que estemos. Cada mapa nos llevará poco más de media hora, con un par de puntos de guardado en cada una (al principio nos resultarán escasos), obteniendo en total algo menos de diez horas, y una rejugabilidad centrada en completar todos los tesoros de una lista.
El apartado sonoro también nos deja a medias, con melodías muy simplonas y suaves, aunque se compensa un poco con los grandes efectos de sonido destacando las omnipresentes risas y pedorretas de Wario. Por lo demás se ha realizado una buena traducción al castellano y cuenta con el detalle de que en las sacas de dinero, en lugar del Yen o Dólar, aparece el símbolo del Euro.

Valoración de Wario: Master of Disguise Wario: Master of Disguise es un título atípico dentro de la factoría Nintendo, que presenta un Wario correcto, pero decepcionante gráfica y jugablemente por lo mucho que se esperaba de él. Aún así, si profundizas en él quizá te acabe llenando, y más si prestas atención al hilarante argumento junto con el surrealismo que desprende cada disfraz. |



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