Análisis : Medal of Honor Vanguard| 12 de abril de 2007 / Por Jesús Bella Ceacero | Página 2 de 4 |
¡Apunta con tu wiimando!
Una vez en el suelo, nuestro soldado, tras un pequeño aturdimiento por la caída, se levanta y empuña su fusil. Llega la hora de comprobar la funcionalidad de los mandos de Wii en la batalla encarnizada que se está librando en la isla italiana. Apuntando con el wiimote y moviendo al personaje con el control analógico del nunchuk nos damos cuenta de que el movimiento es demasiado brusco. No importa, nos vamos al menú del juego y seleccionamos la sensibilidad del control. Una vez que el control está a nuestro gusto y tras una hora de aprendizaje (de media), en la que lo pasaremos un poco mal, nos damos cuenta de que EA LA ha hecho un espléndido trabajo con la jugabilidad de este nuevo “Medal Of Honor”.
Apuntar al enemigo con el botón A y disparar con el B nunca había resultado tan efectivo y rápido; tal vez ni tan siquiera en un PC. Todos los controles están disponibles en cualquier momento: un movimiento hacia delante del wiimote para dar un golpe en el cuerpo a cuerpo, un movimiento hacia arriba del nunchuk para levantarse o hacia abajo para agacharse, un giro para acercar o alejar la mira telescópica del francotirador… Todo está pensado para ofrecer una experiencia de juego acorde con las posibilidades que ofrece la nueva máquina de Nintendo, llegando a un nivel de precisión imposible de alcanzar en las versiones consoleras de este mismo título.
Medal of Honor Vanguard nos propone revivir cuatro de las operaciones más importantes de la 82 División Aerotransportada americana sobre suelo europeo, durante el incombustible marco de la Segunda Guerra Mundial. Cada una de ellas comienza desde arriba, abriendo el paracaídas.

Intensidad corta
Sin embargo (es aquí cuando llega la parte mala del asunto), nos ha dado la impresión de que una vez que habíamos empezado a dominar el juego éste se acaba. Las cuatro operaciones de los aliados, desplegadas en diez misiones, no dan para más de diez horas de juego (y eso si avanzamos despacio en cada una de las misiones). Por otra parte, la variedad de situaciones (a pesar de que sean intensas y logren un alto grado de inmersión) es bastante menor que en otras entregas de la saga: no hay fases de conducción (ni de sidecar, ni de tanque) y los momentos en los que tendremos que avanzar sigilosamente se limitarán a una última misión que se hace excesivamente larga a nuestro parecer, con un desenlace en el que, asediados, no dejaremos de matar alemanes.
Ese es el principal problema del juego: no hay excesiva variedad de situaciones más allá de continuos asaltos, defensas de posiciones y saltos en paracaídas. La inteligencia artificial de los enemigos, por su parte, tampoco es el punto fuerte del título. No faltarán las ocasiones en las que a menos de dos metros de distancia de nuestro enemigo, y apuntando firmemente a su sien, éste permanezca inmóvil al lado de su MG 42. Aún así, hay aspectos francamente positivos en el título, como el hecho de que los enemigos vayan retrocediendo a medida que avanzamos o que nos estén esperando detrás de cada esquina para dispararnos sin piedad.


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