Análisis : Medal of Honor Vanguard| 12 de abril de 2007 / Por Jesús Bella Ceacero | Página 2 de 3 |
¡Apunta con tu DualShock!
Una vez en el suelo, nuestro soldado, tras un pequeño aturdimiento por la caída, se levanta y empuña su fusil. Los controles empleados para este nuevo capítulo de la saga no varían sobremanera con respecto a los anteriores. Tendremos el “stick” analógico izquierdo para controlar el movimiento del personaje y el derecho para manejar el punto de mira. L1 sirve para apuntar, mientras que R1 se reserva para descargar balas sobre los soldados enemigos; el botón cuadrado y el de triángulo sirven respectivamente para agacharse y levantarse… ¿Es efectivo este control? Según está diseñado el juego y de acuerdo a su nivel de dificultad sí lo es, aunque ya sabemos que comparado con cualquier “MOH” para PC o con el actual de Wii, el título pierde puntos en jugabilidad: los “shooters” nunca se han llevado bien con las consolas.
Intensidad corta
Sin embargo (es aquí cuando llega la parte mala del asunto), el verdadero aspecto que va a restar jugabilidad al título va a ser la duración del mismo. Las cuatro operaciones de los aliados, desplegadas en diez misiones, no dan para más de diez horas de juego (y eso si avanzamos despacio en cada una de las misiones). Por otra parte, la variedad de situaciones (a pesar de que sean intensas y logren un alto grado de inmersión) es bastante menor que en otras entregas de la saga: no hay fases de conducción (ni de sidecar, ni de tanque) y los momentos en los que tendremos que avanzar sigilosamente se limitarán a una última misión que se hace excesivamente larga a nuestro parecer, con un desenlace en el que, asediados, no dejaremos de matar alemanes.
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El protagonista que controlaremos en primera persona será el cabo Frank Keegan, al que acompañarán un grupo de paracaidistas, fundamentales para completar las misiones. Por cierto, tanto para localizar los objetivos como la posición de los enemigos, el uso de la brújula resulta vital, debiendo revisar nuestros movimientos con gran frecuencia.
Ese es el principal problema del juego: no hay excesiva variedad de situaciones más allá de continuos asaltos, defensas de posiciones y saltos en paracaídas. La inteligencia artificial de los enemigos, por su parte, tampoco es el punto fuerte del título. No faltarán las ocasiones en las que a menos de dos metros de distancia de nuestro enemigo, y apuntando firmemente a su sien, éste permanezca inmóvil al lado de su MG 42. Aún así, hay aspectos francamente positivos en el título, como el hecho de que los enemigos vayan retrocediendo a medida que avanzamos o que nos estén esperando detrás de cada esquina para dispararnos sin piedad.


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