Análisis: Hard to be a God| 6 de febrero de 2008 / Por Álvaro Castellano Córdova | Página 2 de 3 |
Hard to Develop a Good Game
No es que Hard to be a God sea un juego malo, es simplemente que queda sumido en la medianía por problemas de acabado y por un desarrollo excesivamente repetitivo y poco interesante a largo plazo.
El funcionamiento de las misiones es muy lineal y presenta una escasa recompensa en términos argumentales o jugables. Podemos escoger entre unos objetivos u otros, pero los secundarios carecen de interés casi por completo y los principales sufren de un reciclaje abusivo. Existen también alternativas en los diálogos a la hora de conversar con otros personajes para avanzar en la trama, pero no tienen ninguna relevancia y a parte de que son muy básicas no afectan en absoluto al devenir de las misiones.
El combate, elemento principal de un juego de estas características, está muy poco pulido, tanto en términos tecnológicos como conceptuales. Es totalmente plano e irrelevante, y acaba deviniendo en un corriente machacabotones en la tradición de los peores y más descerebrados Hack and Slash. Podemos usar armas de cuerpo a cuerpo o a distancia, pero rivalizan ambas en su pobre ejecución y escasa sensación de control.
La posibilidad de disfrazarse para obtener ciertas ventajas con respecto al resto de los personajes es una de las pocas aportaciones válidas de Hard to be a God. De hecho el inventario cuenta con una sección únicamente para diferentes atuendos, y será fundamental hacer uso de ellos para superar determinadas situaciones.
Pero no sólo los combates están insuficientemente trabajados, es el control en general el que adolece de serios problemas. Por ejemplo si estamos a lomos de un caballo y somos atacados por alguna criatura mínimamente veloz, será un auténtico suplicio realizar todo el proceso de bajar del caballo sacar el arma y acertar a las bestias, pues en ese proceso habremos perdido la mitad de la energía. Esta acción de desmontar y luego atacar que debería ser sencilla, rápida e intuitiva es, como decimos, torpe; pero aún así es la única alternativa y es que el calamitoso control del équido hace totalmente desaconsejable el intentar atacar mientras lo montamos.


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