Análisis: Driver: Parallel Lines| 9 de julio de 2007 / Por David Navarro Blázquez | Página 1 de 3 |
| Pasado y presente de una estrella del volante, al servicio de los bajos fondos. |
Catorce meses después de su salida para PS2 y PC aparece Driver: Parallel Lines en nuestra Wii. Pocos aspectos difieren del juego original, del que hereda la mayoría de sus virtudes y defectos, pero con una notable diferencia, su original sistema de control. |
La saga Driver marcó un antes y un después en PSOne en cuanto a juegos de conducción se refiere. Sus dos primeras entregas revolucionaron este género con su estilo libre y fueron dos de los títulos más laureados de la primera consola de Sony. Pero el salto a la siguiente generación no le sentó demasiado bien a los chicos de Reflections, y Driv3r supuso una profunda decepción para los seguidores de Tunner y compañía. Pero hace un año y dos meses salió Driver: Parallel Lines para PS2, un título con el que la compañía intentó redimirse de los fiascos del anterior para volver a la senda del éxito. Ahora nos llega a Wii prácticamente calcado, lo que supone la primera incursión de esta saga fuera de la órbita de Sony.
En este caso no contaremos con Tunner, sino con “The Kid”, un joven conductor que llega a Nueva York en los 70 en busca de éxito y dinero. Su habilidad al volante le hará escalar posiciones entre la mafia local neoyorquina durante un tiempo. Hasta que sus compañeros le traicionan y acaba en la cárcel. Allí pasará nada más y nada menos que 28 años, hasta que sale libre en 2006. Todo ha cambiado en la ciudad, y ahora “The Kid”, mucho más madurito, intentará vengarse de los que hace casi tres décadas le traicionaron.
Con varias mejoras visuales y técnicas sobre la versión original de PS2, en Driver Parallel Lines conduciremos vehículos de varios tipos, de dos y de cuatro ruedas, cada uno con sus propias particularidades de conducción.
Dos épocas, dos juegos
Quizá el punto más destacable de Driver: Parallel Lines es su originalidad al presentarnos dos épocas distintas de una misma ciudad. La Nueva York actual poco tiene que ver con la de los años 70, y la ambientación en este título lo destaca con gran acierto. Los coches son diferentes, la ropa que lleva la gente ha cambiado, la música no tiene nada que ver, ciertos edificios ya no están, o donde antes había fríos solares ahora se levantan majestuosos rascacielos; incluso la interfaz del juego se modifica. Sí conserva, en cambio, el trazado de la ciudad y sus líneas generales. No obstante, la ambientación en las dos épocas favorece bastante el dinamismo del juego, evitando que se caiga en la repetición y el aburrimiento.
Por otro lado, la estructura del título es ya la clásica en este tipo de juegos: nos avisan de que hay una misión, la cual se marca en el mapa con un punto, nos dirigimos a ella y se nos dan las instrucciones para realizarla con éxito. La mayoría de las misiones son en coche, como perseguir a un vehículo, dirigirnos en un determinado tiempo a tal lugar, recoger determinados coches con una grúa o asustar a un individuo haciendo locuras con nuestro coche. Son bastante variadas en principio, aunque en esencia se limitan a ir de un punto a otro. Existe además un pequeño número de misiones a pie, en las que tendremos que eliminar a los enemigos a balazos. Además de las principales (más de treinta), contaremos con misiones secundarias, como participar en carreras ilegales, robar coches por encargo o hacer de taxista. Todo esto nos proporcionará dinero extra con el que podremos tunear y mejorar nuestros coches en los talleres. Esto no suele hacerse mucho, puesto que no es imprescindible y es bastante caro.


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