Análisis: Piratas del Caribe 3| 5 de junio de 2007 / Por Joan Abad Extremera | Página 3 de 4 |
Como en las películas, Jack deberá buscar la manera de saldar la deuda pendiente con Davy Jones y derrotar a Lord Beckett, de la Compañía de las Islas Orientales, que pretende acabar con todos los piratas. Después de huir de Prisión Fortaleza debe dirigirse a Port Royal, donde Will Turner es buscado y un lord de la piratería va a ser ahorcado.
Por primera vez, aquí controlaremos a Will, que deberá impedir que esto ocurra. Después nos enfrentaremos a Davy Jones y su Holandés Errante, y de nuevo tomaremos el control de Will para entrar en el barco y conseguir la llave del cofre que contiene el corazón de Davy Jones. Más adelante, en Singapur, también podremos controlar a Elizabeth, la joven hija del gobernador, que acompaña en la aventura a nuestros piratas.
El control para los tres es el mismo, aunque cada uno tiene su propia vestimenta que cambiará durante el juego, y sus propias animaciones al andar, correr, o luchar.
Piratas del Caribe 3 se inspira en los acontecimientos y escenarios de la segunda y tercera película, pudiendo controlar a tres personajes, de Jack Sparrow, Will Turner y Elizabeth Swann.
Una espada y dos estocadas, suficiente
Piratas del Caribe 3: En el fin del mundo, el videojuego, ofrece un amplio abanico de posibilidades para acabar con nuestros enemigos, desde combates cuerpo a cuerpo con nuestros puños y piernas, a combates con espada o pistolas, coger objetos del suelo como dagas, bombas, botellas y lanzarlas a nuestros enemigos, agarrarlos para empujarlos por la borda de la Perla Negra, por una ventana, por una barandilla, etc.
El principal modo de acabar con ellos es con la espada, bastante sencillo y carente de profundidad, pese a los diferentes movimientos y combos que podemos hacer, ya que la mayoría de enemigos, excepto los soldados de rango importante o enemigos finales, con sólo un par de estocadas, quedan totalmente a merced y de espaldas para que acabemos con ellos. Nunca atacan en grupo y a la vez, dándose situaciones absurdas en las que estamos rodeados por cuatro o cinco enemigos, y vamos luchando contra ellos de uno en uno porque ninguno se acerca a luchar contra nosotros. Acabar con ellos se convierte en una rutina poco más que aburrida que únicamente podemos incentivar alternando distintos modos de lucha, que hemos comentado antes.


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