Análisis: Condemned 2| 11 de marzo de 2008 / Por Álvaro Castellano Córdova | Página 2 de 7 |
A nivel de ambientación y tratamiento de los escenarios Condemned 2 conserva todos los factores que hicieron grande al primer título, aunque a menudo resta opresión y claustrofobia a la ecuación al apostar ocasionalmente por compañeros y por entornos muy abiertos e incluso al aire libre. En el primer Condemned apenas pisábamos las calles de la ciudad un par de veces, y sólo contábamos con la compañía de la científico policial Rosa –que repite aquí- en un momento muy concreto del nivel de la biblioteca; pero en el segundo comenzaremos algunas de las misiones acompañados por un puñado de agentes, y recorreremos multitud de calles e incluso un barco o unas vías de tren al aire libre.
No es que el juego se haya convertido en un “Peina a tu Pony”, ni muchísimo menos, y de hecho algunos ramalazos de dureza y angustia nos retrotraen directamente a la primera entrega, como el genial nivel del Hotel Preston o la aterradora fábrica de muñecas; pero si que es cierto que se ha perdido la aterradora sensación de Criminal Origins, un juego que se desarrollaba prácticamente en su totalidad en angostos pasillos y en los que el enemigo eran tanto los criminales como los agentes de la policía. Un título, en definitiva, donde sentirse sólo y aislado era parte de su encanto.
Las armas de fuego abundan en mayor medida en la segunda entrega de Condemned, y sus efectos son todavía más brutales que en la primera. Los enemigos no sólo saldrán despedidos por el impacto de la bala, sino que un disparo certero puede hacerles estallar la cabeza en un desagradable amasijo de sangre y trozos de cráneo.
“Sus Ojos eran el Fondo del Infierno”
El fuerte de Condemned 2 siguen siendo los combates cuerpo a cuerpo, aunque el uso de las armas de fuego también ha aumentado exponencialmente. El juego hace bien los deberes presentándonos rápidamente los controles y rutinas de las luchas en un improvisado Club de la Lucha al inicio del juego.
Peleando con un puñado de yonkis y maleantes en un recinto enjaulado comprobaremos los primeros cambios que implementa el juego. El primero y bienvenido es el de la incorporación de los puños al combate. Cuesta creer como Criminal Origins pudo pasar por alto la lucha con las manos, pero la continuación hace todo lo posible por aprovechar bien este otrora descuidado aspecto.
El antaño torpe y poco ágil Ethan Thomas se transforma en Condemned 2 en una fenomenal máquina de matar. Parte del encanto de la primera entrega era precisamente la lentitud de la respuesta del protagonista al golpear, y su poca destreza en la lucha; en su secuela, sin embargo, Thomas parece haber entrenado duro porque sus movimientos son precisos, su resistencia dilatada y su empleo de los puños le asemeja casi con un boxeador.


El análisis de los lectores
¿Has probado el juego? Anímate y comparte tu experiencia con el resto de jugadores realizando tu propio análisis. Tu artículo será publicado en la revista y leído por muchos usuarios, ¡Lúcete!