Análisis: PES 2008| 30 de octubre de 2007 / Por Álvaro Castellano Córdova | Página 2 de 4 |
Y lo peor se cumplió. No porque PES 2008 sea un mal juego, que desde luego no lo es, sino porque el salto gráfico es nulo, las mejoras jugables carecen de importancia, y porque todo el conjunto nos da la sensación de que en posesión de la, solamente correcta, versión del año pasado no nos hacía falta la nueva pues son virtualmente idénticas.
Aciertos y Desaciertos
PES 2008 es una gigantesca amalgama de aspectos que siempre han funcionado a la perfección, y de otros que piden una revisión urgente desde hace años.
En lo positivo hay que destacar una vez más el impecable comportamiento del balón. Su física es asombrosa, y es sin lugar a dudas el referente que, por ejemplo, EA Sports está tomando en las nuevas ediciones de FIFA para mejorar sus productos. El peso es el ideal, el comportamiento es de un realismo pasmoso y además está dotado de un movimiento en el aire al que cuesta mucho encontrarle peros.
Por su parte el
ritmo del partido es algo más rápido que en el de la entrega anterior, y se ha corregido el descomunal tamaño de los estadios que vimos en la versión
preview. Este aumento de la velocidad general del desarrollo de los encuentros puede ser una noticia positiva o negativa, es positiva porque no se pierde demasiado tiempo en las torpes transiciones en medio campo, pero tristemente desemboca en que más partidos de los deseables terminan con marcadores totalmente inverosímiles como 5-4 o 3-6.
PES 2008 sigue acusando las mismas virtudes y defectos que sus entregas anteriores. Un comportamiento impecable del balón, pero unos jugadores que tardan en responder y que tienen un nulo rigor táctico.
La inteligencia artificial apenas goza de novedades, y las más notorias son, desgraciadamente, para peor. Irregular comportamiento en los jugadores, tanto en los nuestros como en los del rival; especialmente lamentable en momentos de máxima tensión como veloces contragolpes tanto en ataque como en defensa. Es como si la cpu no tuviera tiempo de gestionar un movimiento veraz de delanteros y defensores por la rapidez de la jugada, lo que acaba desembocando en una huída de las bandas hacia el centro de todos los futbolistas, para formar unos auténticos conglomerados de jugadores en la frontal del área que impiden cualquier tipo de movimiento de desmarque o de arrastre de los centrales para la creación de huecos.
Por si fuera poco uno de los mayores puntos fuertes que se pretendía para el nuevo Pro Evolution Soccer era el de Team Vision, el nuevo sistema de gestión de la IA del rival. El método en cuestión permite al oponente, controlado por la computadora, memorizar nuestros patrones de juego y tratar de impedirlos. La idea suena increíblemente bien, pero no obstante el resultado es irregular debido a una discutible implementación.


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