Análisis: Legendary| 15 de diciembre de 2008 / Por Álvaro Castellano Córdova | Página 2 de 2 |
No hay problema. La primera vez es un elemento que puede llegar incluso a ser sorprendente, y del que sólo nos daremos cuenta si tenemos que repetir un determinado checkpoint repetidas veces, pues lo veremos sucederse una vez detrás de otra. Ocultar estos scripts y dotarlos de camuflaje para que se noten lo menos posible es un auténtico arte, y es una técnica de la que los chicos de Spark Unlimited deberían tomar buena nota de Infinity Ward, por ejemplo.
Lamentablemente el problema de Legendary no es únicamente que los scripts se detectan a la legua. En todo momento pareceremos saber lo que va a pasar. Así si vemos que el camino está bloqueado por coches, ya antes de que suceda intuiremos que un gigantesco Grifo casi con toda seguridad arramplará con ellos para dejarnos paso libre. Los momentos scriptados son tan comunes entre sí y se repiten de forma tan habitual que es literalmente imposible pasarlos por alto.
Alguien nos acusará de ser excesivamente puntillosos en este matiz, pero lo cierto es que es una técnica que tan mal usada como en Legendary consigue destruir la ya de por escasa capacidad de inmersión del videojuego. No obstante los problemas de su triste implementación no se reducen al apartado de “sentirnos dentro del videojuego”, sino que a menudo también se ven severamente afectados por el pésimo acabado del título a nivel tecnológico.
Empleando una inscripción en nuestra mano recogeremos de forma automática salud, energía o Animus de los restos de nuestros enemigos.
Así muchas veces correremos por la calle perseguidos por una criatura y daremos con un obstáculo infranqueable, y entonces sufriremos una irremediable muerte por no poder escapar. Posteriormente al resucitar descubriremos que, por ejemplo, una criatura debía de haber surgido desde un lado para volar el muro por los aires y dejarnos pasar, pero a menudo son cosas que no suceden siempre por una razón u otra y que sólo descubrimos cuando ya es tarde.
En otro orden de cosas hay que destacar también que el diseño de los mapeados es igualmente deficiente, tanto por su escaso carisma como por sus pobres trazados y rutas. Algunos puzzles hubieran salpicado de variedad a este torpe conjunto de decorados, pero lo cierto es que los escasos rompecabezas que hay son de una sencillez que roza lo insultante. Todos y cada uno de los retos se resuelven dejando apretado el botón de usar unos segundos delante de un panel… Eso es todo.
Legendary mezcla criaturas mitológicas europeas y asiáticas… ¿Por qué sucede esto si todas deberían surgir de la Caja de Pandora? Suponemos que quedaban bonitas… es una razón tan buena como otra cualquiera.
No obstante el problema de Legendary no está únicamente relacionado con los scripts, con los mapeados o con el hecho de que le faltan unos meses de testeo. El problema es que el juego en general resulta soberanamente aburrido. No hay reto en el uso de las armas y en la resistencia que oponen los monstruos. Los caminos a recorrer son tan estrechos y laberínticos que no hay opción que no sea la de disparar y avanzar sin alternativas tácticas, y eso a estas alturas del siglo XXI es un bagaje realmente pobre.
De Nueva York a Londres, y de vuelta a Nueva York
Gráficamente Legendary es ciertamente pobre. El modelado de algunas de las criaturas está bastante cuidado y se mueven con cierto gracejo. Sin embargo el resto de elementos de pantalla no acompañan en absoluto a estas pinceladas de buen trabajo, y se conforma de este modo un conjunto francamente triste y desangelado.
El hombre lobo es uno de los personajes de Legendary a los que más atención se ha prestado. Será uno de los que más se repitan, y su velocidad será letal.
Las texturas son, en cambio, flojísimas con un nivel de detalle impropio de la actual generación de consolas y ordenadores. El videojuego, por si fuera poco, presenta abundantes problemas de ralentizaciones en las tres versiones analizadas, incluso en la de PlayStation 3; que, por si fuera poco, se permite el lujo de obligarnos a llevar a cabo una instalación de poco más de 4 gigas en nuestro disco duro.
El apartado sonoro es, sin lugar a dudas, el mejor del videojuego; aunque eso no significa que sea especialmente boyante. La música presenta abundantes riffs metálicos de guitarra, lo que no se nos antoja el acompañamiento más adecuado para un título de estas características; y el trabajo de doblaje al español no pasa de lo irregular.

Valoración de Legendary Legendary ha sido una de las grandes decepciones del año. Esperábamos mucho más de esta curiosa mezcla de mitología y acción en primera persona, pero el resultado se ha visto malogrado por una jugabilidad del todo insuficiente y muy poco trabajada. El multijugador podría haber salvado los muebles de su mediocre campaña, pero sólo hay un modo de juego, y no hay nadie con quien jugarlo. |



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