Análisis: Silent Hill: HomeComing| 23 de febrero de 2009 / Por Álvaro Castellano Córdova | Página 2 de 2 |
Por otro lado se ha usado un recurso ciertamente fácil, el de la oscuridad. Adoramos la vuelta de la linterna a la saga tras su injustificable ausencia en la cuarta entrega, sin embargo su escasa utilidad en la quinta parte no deja de ser una deficiencia. Vuelve a traerse el interesante detalle de que los monstruos se vean atraídos por la presencia de la luz que arrojamos nosotros, aunque a menudo son mucho más sensibles de lo que cabía esperar. Sin embargo el mayor problema en este sentido se deriva de la escasa utilidad del aparato en cuestión, puesto que la lumbre que desprende es irrisoriamente escasa y a menudo no compensa encenderla.
En última instancia hay que destacar que las armas son algo más abundantes y potentes de lo que es tradicional en la saga, y lo cierto es que este factor si resulta determinante para enturbiar algo la opresiva atmósfera del título. Encontraremos demasiadas armas de fuego, y éstas serán demasiado potentes llegando en el último tercio del título a una capacidad de destrucción que está totalmente reñida con el espíritu del que tradicionalmente ha hecho gala la saga.
Por último en los puzzles también encontramos una de cal y una de arena. Por un lado hay algunos de ellos que son ciertamente inteligentes y nos retrotraen a los mejores momentos de la saga; otros sin embargo son algo más gratuitos, con facilonas sucesiones de pistas o números demasiado obvias para suponer reto alguno.
En la aventura conoceremos a un puñado de personajes que nos aportarán las pistas necesarias para comprender la aventura. Algunos de ellos son viejos conocidos.
Un Pueblo Llamado Shepherd’s Glen
En los aspectos más puramente tecnológicos Homecoming es un muy digno producto Next-Gen, aunque como en casi todos sus aspectos le ha faltado un plus de calidad y dedicación para hacerse con un lugar en el corazón de los aficionados a la saga.
Gráficamente es un videojuego cumplidor y, por momentos, notable. El modelado de los personajes es fantástico, especialmente el que hace referencia a las criaturas a las que nos enfrentaremos. Con un diseño poderoso y movimientos imposibles, algunas de las nuevas incorporaciones de este título se cuentan entre los seres más turbadores del desasosegante bestiario Silent Hill.
En los seres humanos el trabajo es muchísimo más discreto, conformando una galería de secundarios que no pasa de lo meramente correcto, incluso en personajes que deberían denotar un gran trabajo tras de sí como la madre o el hermano de Alex. El propio protagonista tampoco es un dechado de virtudes en este sentido, su carga poligonal es adecuada, y las texturas de su cuerpo y ropas están francamente cuidadas; sin embargo determinados detalles de su caminar hacen de sus animaciones algo incomprensiblemente robótico. Una mayor dedicación con este personaje se hubiera traducido en una sensación general mucho más positiva, puesto que al ser el protagonista deberemos verle durante toda la aventura.
Si conoces a una de estas chicas en un bar y te pones a hablar con ella tienes la suerte de que no podrá decirte aquello de: “¡Eh! ¡Que mi cara está aquí arriba!”.

En términos de iluminación y escenarios el videojuego cumple con nota, demostrando aquí sus mejores virtudes como lanzamiento Next-Gen. La linterna, pese a los mencionados problemas de su corto alcance, ofrece las dosis justas de realismo y veracidad en su comportamiento e incidencia sobre los objetos. Los entornos tienen el toque industrial y sórdido que siempre ha caracterizado a la saga, y brilla de sobremanera la transformación de los decorados del mundo real en los de pesadilla con un estilo directamente recogido de la adaptación al cine de 2006. Como último detalle de los lugares donde se desarrolla Homecoming destacaremos que ha aumentado la interacción con el entorno de manera drástica y muy positiva. Impagable tratar de pasar discretamente y a oscuras entre unas enfermeras sin encender la linterna para no atraer su atención, y rozar sin querer una bandeja de material quirúrgico volcándolo con estruendo. Con diferencia el mayor susto que nos llevamos en redacción haciendo el testeo.
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Uno de los mejores detalles a nivel visual es el del daño que inflingen cuchillos y otras armas cortantes sobre el cuerpo de los enemigos.
Las escasas dudas que transmite el apartado gráfico no son compartidas de ninguna manera por el del sonido, donde el título es un rotundo éxito. La apuesta por incluir de nuevo a Akira Yamaoka como encargado de música y sonido es una garantía de éxito, y el responsable de audio de la saga vuelve a realizar un trabajo irreprochable en ambas facetas. Sonidos inquietantes y música tan inspirada como siempre son las claves de un apartado sonoro de sobresaliente. Los únicos detalles que reducen la puntuación de esta faceta son el hecho de que el videojuego no llegue a nuestro país localizado en sus voces, y el de que el doblaje en versión original que acaba de brindarnos la calidad dramática que esperábamos de él.

Valoración de Silent Hill: HomeComing Silent Hill: Homecoming es un buen juego de terror y, de momento, es el mejor Survival Horror puro de la actual generación de videoconsolas. Sin embargo esto no es óbice para que estemos hablando del título menos interesante de la saga, y es que las entregas anteriores dejaron el listón realmente alto. Buenos combates, correctos puzzles y extraordinaria ambientación para un título al que le ha faltado un grado más de excelencia para resultar inolvidable. |



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