Análisis: Bully: Scholarship Edition| 8 de marzo de 2008 / Por Álvaro Castellano Córdova | Página 2 de 3 |
Bully, siguiendo con los paralelismos con la saga favorita de Rockstar, también tiene una serie de facciones bien diferenciadas con las que progresivamente iremos colaborando a lo largo del juego. Todos ellos son fácilmente reconocibles por su atuendo, los empollones, los macarras, los abusones, etc… todos nos ofrecerán misiones y ganaremos empatía con ellos según las vayamos completando.
La edición de Xbox 360 tiene pocos cambios jugables con respecto al clásico de 2006 en PlayStation 2. Se han incorporado algunas clases nuevas en esta edición como las de música, biología o geografía, que aportan más alternativas dentro de unos patrones muy similares. Estos minijuegos, sin embargo, funcionan mejor en Wii, pues su desarrollo se ajusta como anillo al dedo a las capacidades de movimiento del mando de la consola de Nintendo.
Aparte de un puñado de nuevas misiones, a la altura en términos de guión y jugabilidad de las del original, también se ha incluido un modo multijugador. Esta opción de juego acompañado es únicamente off-line y se limita a un minúsculo grupo de minijuegos que se pueden superar con un colega. No tienen mayor interés.
La interacción social sigue siendo uno de los mayores atractivos de Bully en su versión para Xbox 360. Podremos hablar con cualquier personaje que nos encontremos y adoptar diferentes actitudes ante él. Podemos vacilar a quien nos caiga mal o lanzar un cumplido a una chica. Si llevamos a mano una caja de bombones quien sabe…a lo mejor hasta nos ganemos un beso.
Tropiezo Tecnológico
En lo visual Bully se beneficia, lógicamente de las bondades de la Next-Gen, pero lo hace con moderación. Todo presenta, en líneas generales un aspecto muy mejorado. La resolución ha aumentado considerablemente, el modelado de los personajes está algo más cuidado, la distancia de visionado ha ganado en amplitud y las texturas ofrecen un nivel de detalle más alto. Esto es lo mínimo que se le puede exigir a un juego de Xbox 360, y lo cierto es que Bully se queda precisamente en eso, en lo mínimo exigible.
El nuevo juego de Rockstar no soporta un análisis gráfico concienzudo pues tecnológicamente sus vicios son amplios, y se mire por donde se mire el título acusa de forma gravísima su origen de PlayStation 2. No es que esperáramos gran cosa de este port en el aspecto visual, sin embargo algunos defectos son inexcusables. En interiores el juego sufre muchísimo de lo poco cuidado y vacío de su tratamiento, y en exteriores nos vemos sorprendidos por unas sombras que son meros borrones y por un nivel de detalle ciertamente bajo.


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