Análisis: Empire : Total War| 3 de marzo de 2009 / Por Álvaro Castellano Córdova | Página 2 de 4 |
Orgullo y Gloria –Batallas en Tierra Firme-
Las batallas terrestres son uno de los aspectos que menos ha variado con respecto a lo que es tradicional en las series en su aspecto externo, pese a ello incorporan algunas novedades de calado que aportan un positivo soplo de aire fresco al conjunto.
En primer lugar, y como los aficionados a la saga Total War conocerán de sobra, hay que introducirlas destacando que las batallas se desarrollan en tiempo real, en contraposición al mencionado mapa estratégico de gestión en el que todo se desarrolla en base a los turnos. Aquí la faceta táctica es la más relevante, y el posicionamiento de las tropas y los tiempos de disparo y recarga acaban siendo los elementos más importantes. La esencia es la misma de siempre, puesto que podemos pausar o acelerar el tiempo para tomar nuestras decisiones; y elementos como la moral, la presencia cercana del general, o la ventaja táctica serán los aspectos fundamentales para inclinar la balanza a nuestro favor.
No obstante el elemento realmente diferenciador de Empire: Total War con respecto a sus predecesores es el de las armas de fuego. La pólvora había estado presente en algunos de los anteriores videojuegos de la franquicia, sin embargo nunca con la precisión, la importancia y el desafío que presenta en el nuevo título.
En última instancia se ha “caído” de la versión final la posibilidad de accionar manualmente el disparo de nuestras tropas, quedando esta opción reducida únicamente a las batallas navales, sin embargo esto no es un obstáculo para considerar a Empire el Total War que más posibilidades de control incorpora, y el que más sensación traslada a la hora de dirigir a nuestras unidades.
Nuestro manejo de las tropas en los asedios es ahora mucho más preciso. Queda meridianamente claro que en Creative Assembly se ha puesto un gran empeño en mejorar este campo.

El primer elemento que contribuye a ello es la presencia de las coberturas. No es la primera vez que hay armas de proyectiles en un videojuego de la saga pero, como ya hemos comentado, en esta ocasión es donde más peso tienen a sus espaldas lo cual hace de encontrar un parapeto algo fundamental. Así podremos ocultarnos tras elementos del escenario para ganar un plus de defensa y, como ya es tradicional en las series, se obtendrá ventaja entre los árboles en las zonas frondosas de los bosques. La palma se la llevan, sin embargo, las construcciones; algunas de las cuales podremos ocupar con nuestras unidades de infantería. Aquí la ventaja se convierte en decisiva, y pese a que en los escenarios naturales hay menos elementos de este tipo de los que parecería realista, en muchas batallas obtendremos una supremacía letal gracias a ellos.
También en el aspecto defensivo brilla con luz propia el debut de las denominadas Defensas Desplegables. Determinadas unidades tienen la facultad especial de poder instalar en el campo de batalla métodos de resguardo, ya sea en el momento del despliegue o durante el propio combate. Así podremos cobijar a nuestros fusileros tras sacos terreros, o clavar obstáculos de madera para entorpecer el paso del enemigo.
Otra de las nuevas incorporaciones para Empire es la de la presencia de la Brújula de Maniobras, que nos permitirá precisar con exactitud de cirujano las maniobras de nuestras tropas. ¿Queremos girar un grado a la izquierda una brigada de fusileros? Empleamos la flecha horizontal hacia ese mismo lado para reajustar mínimamente las líneas sin tener que pasar por los bruscos movimientos de entregas anteriores. ¿Queremos incrementar el número de líneas de un pelotón sacrificando su anchura? Ya no hace falta hacerlo estirándolo toscamente con el ratón, ahora sólo se emplea un botón del interfaz. Podría parecer un detalle excesivo, pero teniendo en cuenta el enfermizo rigor que requieren algunos de los combates no es un factor descabellado.
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En esta ocasión el mapa nos lleva a regiones tan dispares como América del Norte, la India y, por supuesto, Europa. Además también podremos acceder durante la campaña a pequeños focos de conflicto como el Canal de Mozambique, el lejano oriente o la costa este de Sudamérica.
Precisamente el interfaz de combate se muestra ahora como un elemento más cuidado, menos aparatoso y mejor aprovechado que en cualquiera de los Total War precedentes. Hay más elementos que nunca en la parte inferior de la pantalla durante los combates de Empire, sin embargo esto no es óbice para que el diseño sea exquisito y el tamaño minimalista, dejando lugar a la mayor parte de la pantalla para presenciar el espectáculo de la guerra total.
Emperador de los Mares –Combate Naval-
Uno de los aspectos que más llaman la atención de este Empire es la presencia de las batallas por mar, una asignatura pendiente que tenía la saga desde su primera entrega, y una necesidad para no dejar sujeto al siempre impredecible resultado automático una faceta tan relevante como la de los combates en los mares.
Quien en su momento jugara al razonablemente interesante Imperial Glory de Pyro estará medianamente al corriente no sólo del contexto histórico que ambos videojuegos comparten, sino también de una forma de plantear los combates marinos que seguramente ni Rome, ni Medieval, ni Shogun pudieron acometer en su momento por las circunstancias de sus épocas antiguas.
Aquí el sistema resulta de alguna manera familiar al del videojuego español, aunque en esta ocasión se amplían muchísimo los contenidos, las posibilidades y las variantes para convertirlo en una opción a tener en cuenta, y no en un mero relleno de “guiño hacia el público”.
Pese a que podemos optar por dejar las maniobras de disparo y maniobra de nuestros barcos a la IA, el verdadero estratega encontrará el mayor placer en hacerlo todo por sí mismo. El videojuego nos permite manejar manualmente el navío y disparar andanadas completas de cañones a nuestra discreción.
El ritmo es obviamente lento. Lejos de comprometer la tradicional vertiente pseudorealista de la saga por potenciar un aspecto jugable rápido y directo, en Creative Assembly han optado por el camino de en medio, escogiendo unos buques que se mueven más rápido que los de la época, pero que lo hacen mucho más despacio que en Age of Empires III o en el propio Imperial Glory.
El posicionamiento acaba siendo fundamental en esta vertiente del juego, puesto que como resulta natural estos navíos sólo pueden disparar sus cañones a babor y a estribor. Así pues las batallas acaban convertidas en una carrera apasionante por ver quien sitúa mejor sus naves para arremeter al enemigo, y las carreras, abordajes y persecuciones sobre los mares acaban siendo apasionantes.
Decir que los combates navales son totalmente diferentes a los que acaecen sobre tierra firme no es una afirmación en absoluto gratuita, y es que el más experimentado de los jugadores en la saga Total War se sentirá desnudo ante el nuevo estilo jugable que destila esta faceta inédita en las series. En ocasiones resulta algo complicado conseguir una formación cuando estamos a los mandos de una flota, pero nadie dijo que mover buques de varias toneladas en un mar encrespado fuera sencillo en el siglo XVIII. Las opciones de control son aparentemente sencillas, y el jugador puede decidir las rutas de sus barcos, los enemigos a los que disparar, etcétera. Sin embargo deberá tomar buena nota de una serie de circunstancias decisivas a la hora de desequilibrar la balanza del conflicto en una u otra dirección.


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