Análisis: Lost Planet| 21 de febrero de 2008 / Por Álvaro Castellano Córdova | Página 3 de 4 |
A la jugabilidad a pie se le añaden la multitud de mechs que hay abandonados por los mapas y que contribuirán de gran forma a introducir un componente variable en la jugabilidad. Pocas veces hemos experimentado de forma tan realista la sensación de poder de dirigir uno de estos monstruos mecánicos, y su uso se convierte en un aliciente más de los espectaculares combates del título.
El control de Lost Planet se hace bastante agradable e intuitivo gracias a la correcta implementación del sistema al pad de PlayStation 3. Mientras que a menudo observamos como determinados juegos de acción no “encuentran su sitio” con el mando de la negra de Sony, podemos observar como no es el caso de Lost Planet, que presenta una experiencia no tan precisa como la que ofrece el pad de Xbox 360, pero casi igual de satisfactoria.
Soldados del espacio
El apartado gráfico es sin lugar a dudas el aspecto que peor ha envejecido de Lost Planet. No solamente porque la propia versión de Xbox 360 ya no sea tan impresionante a estas alturas, sino porque con la llegada a PlayStation 3 se han empeorado algunos aspectos como el nivel de detalle de las texturas o el alisado de los dientes de sierra, casi inexistente en esta ocasión. El juego, para mayor desconcierto, realiza una instalación en el disco duro de la videoconsola que lleva más de diez minutos y que ocupa una cantidad de espacio ingente.
Pequeñas larvas, tremendos arácnidos, temibles armadillos, enjambres voladores… existe una gran variedad de especies dentro de los insectos extraterrestres Akrid. Tendremos que enfrentarnos con montones de ellos a la vez, y no nos darán tregua ni un solo momento…
Los entornos abiertos siguen siendo gigantescos e imponentes, y los frecuentes escenarios interiores están bastante detallados, no obstante las texturas resultan algo confusas y a menudo presentan un aspecto borroso. La dirección artística sigue siendo uno de los mejores apartados del título. El aspecto de las criaturas es inmejorable, y son imaginativas revisiones de insectos a gran escala. Los decorados son fenomenales y representan con maestría urbes futuristas y decadentes cubiertas de nieve con unos tamaños gigantescos y unos mapeados brillantes.
La música es correcta, aunque tiene menos peso del esperado, y los efectos de las armas suenan tan poderosos como su fiera apariencia hace intuir. En lo que se refiere al apartado de doblaje, Capcom sigue con su política de tan sólo subtitular los juegos en nuestro país. Esto, si bien nos permite disfrutar de un doblaje en general mejor que el que solemos escuchar en español, nos obligará en caso de no saber inglés a leer los subtítulos, que en ocasiones se sobreimpresionan en la pantalla en pleno combate, distrayendo nuestra atención precisamente en el momento en que más concentramos debemos estar en la acción. Además por si fuera poco la traducción no es fiel al 100% con lo que los personajes dicen, con lo cual en muchas ocasiones veremos que faltan muchos matices en los subtítulos, o incluso que se omiten frases enteras.


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