Análisis: Shellshock 2: Blood Trails| 12 de febrero de 2009 / Por Álvaro Castellano Córdova | Página 2 de 2 |
Por lo demás Shellshock 2 es un shooter de lo más vulgar. Tenemos un puñado de armas que más o menos responden a los patrones de la época, con especial mención al inevitable AK-47 de los Vietcongs, y unos mapas estrechos, laberínticos y confusos que no favorecen nada la jugabilidad
A este torpe trazado en los mapeados hay que sumar una IA sencillamente nefasta. Los soldados enemigos que empuñan armas de fuego son unos verdaderos incompetentes con sus ametralladoras, y los enemigos que atacan cuerpo a cuerpo tampoco son demasiado rápidos o ágiles, con lo cual su desafío nunca es el adecuado. Además los “Charlies” tienen la desagradable costumbre de quedarse quietos en mitad de los tiroteos, y las pocas veces que se animan a buscar una cobertura son tan estúpidos que suelen hacerlo tras barriles explosivos.
Sin embargo la versión de PlayStation 3 cuenta con un extra a nivel de control del que las demás ediciones de Shellshock 2 no disfrutan. En determinados momentos de combate cuerpo a cuerpo o a la hora de evitar una granada, el control pasará al sensor de movimiento de nuestro Sixaxis. De este modo deberemos evitar la muerte en situaciones concretas con bruscos y descerebrados movimientos del mando de la consola de Sony.
La linterna será uno de nuestros más fieles compañeros en batalla. No será necesario apagarla puesto que nuestros enemigos, la mayor parte de las veces, no nos detectarán con ella encendida ni aunque pasemos a su lado.
Por otra parte el videojuego está fuertemente basado en scripts, de modo que absolutamente todo lo que vemos está previsto con antelación. ¿En qué repercute esto? Por un lado le resta puntos al escaso factor rejugable, y por otro hace que si tenemos que repetir un segmento por haber muerto veremos como los enemigos surgen exactamente de los mismos sitios una vez detrás de otra.
Afortunadamente esto no será un gran problema. Ya hemos mencionado la ineptitud absoluta de los enemigos, a lo que se suma una dificultad tremendamente mal calibrada. La mayor parte del juego es facilísima, y podremos superarla en el nivel Normal sin mayores problemas y sin sufrir más de un par de muertes. Sin embargo en momentos muy concretos del título el nivel de oposición de los oponentes se dispara –más por acumulación de efectivos que por su habilidad-, y serán estos irritantes tramos los que tendremos que repetir varias veces hasta descubrir cuáles son los repetitivos puntos de respawning de los oponentes.
Shellshock 2: Blood Trails tiene una campaña bastante razonable en cuanto a duración, especialmente teniendo en cuenta el suplicio que supone superarla, pero no cuenta con modalidad alguna de multijugador, con lo cual el único reto que queda una vez superado el título es el de volver a pasarnos el modo historia en otro de los tres niveles de dificultad que se ofertan.
Shellshock 2 no sólo son lúgubres y laberínticos corredores, también saldremos a menudo al exterior. En los paisajes abiertos, sin embargo, la selva-pasillo será una constante.
Good Old Vietnam
La mencionada primera parte de la saga que nos ocupa, Shellshock: ‘Nam 67, era un videojuego de la pasada generación que, de hecho, logró unos resultados de ventas muy respetables en PlayStation 2 y Xbox. La segunda parte parece igualmente un producto tecnológico del 2004, y es que en términos visuales no se ha evolucionado apenas.
Texturas lamentables, modelado de personajes irrisorio, calidad de la vegetación sonrojante, efectos visuales del cretácico y ni un solo capítulo con una iluminación cuidada son, en líneas generales, los titulares que nos deja su triste faceta gráfica. En lo más puramente técnico el juego tampoco sale precisamente bien parado, puesto que parece que en todo momento le falta un empujón para lograr una tasa de imágenes por segundo fluida y estable; y así mismo porque el videojuego exhibe unos problemas de sincronía vertical abrumadores, capaces de dividir la pantalla en dos partes cada vez que giremos la cámara de forma mínimamente brusca.
Un videojuego puede ser feo por contar con una mala dirección artística, otro puede serlo por flojear en la parte tecnológica, pero sólo unos pocos elegidos son capaces de fracasar en ambas facetas. A este selecto grupo pertenece Shellshock 2.
Sin embargo, y contra todo pronóstico, lo peor de ver Shellshock 2 no es únicamente lo mal acabado que está a nivel tecnológico o el escaso trabajo que denota cada uno de los elementos, lo peor es su pésima dirección artística. Las construcciones acusan un fortísimo reciclaje en base a una repetición abusiva de patrones, los modelados de los personajes son de lo más vulgar, y todos los factores en general sufren de unas decisiones estéticas que rozan el mal gusto.
En lo sonoro poco más que añadir. La música es correcta aunque poco inspirada, y los efectos de sonido también disfrutan de un nivel similar, su uso es más discutible con algunos momentos repetitivos y enervantes como determinados gimoteos y lloros en algunos niveles. El título llega doblado a nuestro idioma con un nivel que no pasa de lo meramente aceptable.

Valoración de Shellshock 2: Blood Trails Shellshock 2: Blood Trails es una fallida intentona por sacar partido a la olvidable franquicia bélica, trasladándola a un desconcertante contexto de terror. Se mire por donde se mire es un pésimo videojuego, y no resulta interesante como título de terror y, todavía menos, como juego de guerra. Soporífero, torpe, y feo en el más literal sentido de la palabra. |



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