Análisis: Mass Effect| 3 de junio de 2008 / Por Álvaro Castellano Córdova | Página 4 de 5 |
Navío, Tripulación y Planteamiento de las Misiones
El funcionamiento de Mass Effect es sencillo pese a que el juego transmite una sensación de complejidad abrumadora. La nave que comandamos, Normandía, es nuestro nexo de unión con todos los mundos del juego. Como jefe del buque tenemos acceso a todos los compartimentos del navío, podemos hablar con la tripulación, y dónde vamos, con qué nos equipamos o qué pertrechos para el combate se adquieren y almacenan son únicamente decisión nuestra. Lo cierto es que el programa hace un acertado esfuerzo por hacernos sentir que realmente somos el capitán.
Una vez escogido el planeta donde queremos aterrizar de entre las múltiples posibilidades que ofrece nuestro mapa estelar, deberemos elegir qué dos miembros de la tripulación nos acompañarán. El astuto sistema de reparto de puntos de experiencia hace imposible que ningún personaje sea un maestro en todas las facetas, con lo cual será interesante lograr un equilibrio entre los tres miembros de la expedición. Por ejemplo para una misión de combate, si somos un auténtico experto en la lucha cercana quizá sea interesante apostar por un compañero cuyo fuerte sean los rifles de francotirador y por otro con robustas tendencias hacia el control de la biótica.
El bestiario de enemigos de Mass Effect es realmente amplio. Desde los vulgares matones de los clubs de striptease de los que no nos costará demasiado deshacernos, hasta los peligrosos acechadores de gran movilidad y poder.
En cambio para una misión de exploración de un planeta sin amenazas sería absurdo armarse hasta los dientes, y puede ser conveniente optar por un experto en desciframientos e informática para acceder a las complejas codificaciones que podamos encontrar. No obstante, no conviene confiarse y descuidar el factor de guerra, pues todos los planetas son amenazas en potencia.
Por supuesto podemos comprar equipamiento tanto a los comerciantes como a los proveedores de suministros de las naves. El comercio es muy importante en un título de estas características y Mass Effect, desde luego, no rompe las reglas. Podemos comprar potenciadotes bióticos, así como armaduras, armas y mejoras para éstas. Los precios al principio serán prohibitivos, pero cuando nuestra cartera vaya presentando un mejor aspecto se convertirán en opciones muy interesantes a la hora de completar los lotes que encontremos.
Crece con tu Personaje
El rol está unánimemente presente en el juego gracias a la creación de nuestro personaje y a la libertad de actuación que afecta de forma inevitable a la aventura, sin embargo también hay que hablar de la progresión de nuestro héroe y de cómo se lleva a cabo.
Recibiremos puntos de experiencia tanto por acabar con enemigos como por cumplir las misiones o introducir entradas en nuestro códice –una especie de enciclopedia donde se almacena automáticamente información sobre el juego-. La experiencia no se divide por méritos entre los miembros del grupo, sino que todos acumulan la misma y seremos nosotros quienes la repartamos entre las diferentes habilidades.
Mako es el fenomenal vehículo de exploración con el que contaremos. Su uso se revelará imprescindible cuando tengamos que investigar planetas desconocidos, y podremos subir y bajar de él siempre que deseemos.
Lógicamente cada especialización de las que ya hemos citado con anterioridad tiene sus propios poderes bien diferenciados. El escueto menú in-game del juego nos lleva a las opciones de equipo y pelotón, donde gestionaremos las armas y equipamiento con los que se van a pertrechar nuestros hombres y sus habilidades respectivamente.
Las habilidades pueden dividirse fácilmente en las ramas psicológicas, tecnológicas, de armamento y bióticas. Las primeras están formadas por las características de carisma e intimidación, decisivas a la hora de afrontar las conversaciones. Las tecnológicas incluirán habilidades fundamentales para acceder a determinados objetos como la capacidad de hackeo o de descifrar códigos. Las de armamento se compondrán del óptimo uso de fusiles de asalto, escopetas, pistolas, rifles de francotirador, etc y el dominio de unas desbloquearán las otras. Por último los poderes bióticos incluyen habilidades tan útiles como “lanzamiento” que arrojará a nuestros enemigos a distancia; “singularidad” que provocará violentos choques entre los objetos de los escenarios y los enemigos, o “éxtasis” que detiene el movimiento de un amplio campo a nuestro alrededor.
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Los estruendosos tiroteos combinados con el uso de poderes bióticos convierten los combates de Mass Effect en una experiencia muy divertida y nunca repetitiva.
Visualmente Portentoso
Mass Effect enamora a primera vista y el uso de Unreal Engine es fantástico. Los escenarios se cuentan entre los más cuidados, inspirados y detallados de los últimos años; y su tratamiento del modelado de personajes es sencillamente lo mejor que hemos visto nunca.
Unos rostros con una vida inigualable, unos movimientos que fluyen con un realismo pasmoso y una singular imaginería a la hora de elaborar especies nuevas, suponen una auténtica Oda a la creación de caracteres memorables, tanto por su comportamiento como por su aspecto y animaciones.
Asistir a una conversación entre varios personajes del universo de Mass Effect se convierte en una sensación a la que no se puede hacer justicia con palabras o videos, se trata de un momento que hay que vivir con nuestros propios ojos en una pantalla de alta definición.
El único pero que se le puede achacar al tratamiento de los personajes es el de quizá parecer ligeramente estatuas de cera por el tratamiento de algunas de las pieles, pero no obstante no debe ser un lunar que enturbie el genial trabajo realizado.


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