Análisis: Warhammer 40K: Dawn of War 2| 18 de febrero de 2009 / Por Álvaro Castellano Córdova | Página 3 de 4 |
Golpea Primero, Golpea Dos Veces –Multijugador-
El jugador que probara la primera parte de Dawn of War va sobre aviso, el multijugador era el elemento desequilibrante del videojuego en su primera entrega y tiene una importancia brutal de nuevo en la segunda. Si bien es cierto que la campaña individual del original tenía algunos problemas a la hora de mantener el interés y era, a fin de cuentas, una versión “algo descafeinada” del propio multijugador; también hay que reconocer que en la secuela el Modo Historia ha ganado en peso específico por ser una faceta totalmente diferente en desarrollo y planteamiento.
Ese puede ser, sin duda, el efecto fundamental de Dawn of War II, su condición de agradar a públicos totalmente diferentes. Habrá quien disfrute de la modalidad individual con su orientación descarada hacia la acción directa y sin concesiones, y por otra parte habrá quien quiera recuperar el espíritu de su predecesor, para lo cual cuenta con un multijugador que en esencia guarda gran parte de las fortalezas y virtudes que hicieron grande al original. No obstante el verdadero triunfador del videojuego será quien encuentre disfrute en sus dos facetas, dos caras totalmente distintas pero igualmente compatibles que aportan diferencias que van más allá de la mera condición del “juego solitario-juego acompañado” tan tradicional del género.
En el multijugador competitivo de Dawn of War II disfrutamos de la gestión y la estrategia de la que adolece la táctica vertiente individual, y contamos con nuestra base, nuestros recursos y la posibilidad de construir un ejército a nuestro gusto con diferentes tipos de tropas que podremos crear en los barracones.
Desde el primer Warhammer 40.000 de Relic se pretendió pasar por alto las interminables fases del on-line de la estrategia en la que ambos contendientes deben pasar minutos y minutos erigiendo su base, construyendo edificios y preparando defensas antes de poder empezar a combatir. La segunda parte, así pues, va un paso más allá apostando por un desarrollo todavía más rápido y conciso.
La de pintar los ejércitos vuelve a ser una opción muy interesante a la hora de personalizar nuestras tropas. Podemos colorear las diferentes partes de cada tipo de unidad y crear nuestros patrones de color.
En Dawn of War II no hay medias tintas ni partidas larguísimas antes si quiera de ponerse a luchar. Aquí el ritmo es trepidante, y tanto si estamos ante un mapa gigantesco como si éste es de dimensiones muy reducidas, el combate no tardará más de unos minutos en comenzar a decantar la partida de uno u otro lado. Tenemos una base, sí, y debemos gestionar energía como recurso natural para poder reclutar nuestras tropas, en efecto, pero la sensación que se pretende transmitir es la de unas partidas donde no hay lugar para el respiro, y donde quien golpea rápido golpea dos veces.
Si en la campaña ya hemos destacado que sólo podemos dirigir los progresos de los Marines del Espacio, en el multijugador podemos escoger el bando que deseemos entre las cuatro facciones que oferta el título. Así podremos repetir como los Marines del Espacio u optar, en cambio, por Orcos, Eldar y los debutantes Tiránidos. Todas ellas con distinciones y peculiaridades fascinantes.
Cada una de éstas razas cuenta con entre 10 y 12 tipos diferentes de unidades, y todas ellas se reclutan desde la base que ya tenemos construida al comienzo de la partida. Las diferentes facciones tienen dentro de sí mismas una triple división en base al héroe que queramos escoger. Cada uno de estos personajes desbloquea una serie de habilidades especiales únicas, así por ejemplo dentro de los Eldar el Brujo puede dotar a las unidades que desee de la habilidad del movimiento rápido o de resistencia especial para los ataques a distancia, mientras que la Vidente del mismo ejército puede diluir la niebla de guerra para ver ciertas zonas lejanas o invocar un consejo de videntes en la base.
Junglas, desiertos y escenarios urbanos y futuristas. La variedad no es el principal reclamo de los escenarios de Dawn of War, pero también hay que recalcar que pertenece a una franquicia algo limitada en este campo.
Lamentablemente Dawn of War II solo incluye cinco mapas para las escaramuzas multijugador, y su tamaño oscila sensiblemente dependiendo del número de jugadores que prevea acoger. Frontera de Siwal y Jungla del Diente Verde son los más pequeños con soporte únicamente para dos jugadores, mientras que los otros tres son mucho más grandes y ofrecen lugar para seis usuarios. La peculiaridad es que en ninguna de las modalidades de juego on-line o en red los usuarios se enfrentan todos entre sí, puesto que en los mapas de seis usuarios se crean dos equipos de tres para fomentar la cooperación y el trabajo en equipo.
Las modalidades de juego son dos: Aniquilar y Control de Puntos de Victoria. La primera de ella no merece mayores explicaciones, y ofrece el clásico entretenimiento rápido en el que la única condición para salir vencedores es la de borrar del mapa cualquier rastro del enemigo. La segunda, por otra parte, es algo más táctica y requiere de capturar una serie de lugares concretos del escenario que hacen crecer nuestros marcadores para vencer en el contador de puntos al oponente.
El multijugador también cuenta con un sistema de experiencia que reitera el del Modo Historia, pero que aquí resulta mucho más sencillo y definitivamente menos relevante. Cada una de las cuatro razas cuenta con nivel del 1 al 60, y vamos progresando a través de ellos según vamos disputando partidas. Los niveles desbloquean elementos característicos como nuevas formas de personalizar las tropas o nuevas categorías para la denominación de nuestro ejército, pero no afectan al potencial de sus armas para no desequilibrar las partidas.
La presencia de elementos interactivos es uno de los elementos más destacados del nuevo Dawn of War II en lo tecnológico. Los desangelados mapas de la primera parte han dado paso a un trabajo formidable en este campo.
Nuestra Lucha –Gráficos, Tecnología y Sonido-
Gráficamente Dawn of War II es un videojuego directamente deudor de su primera parte, y es que ésta hace más de cuatro años ya era un título francamente impresionante.
A la secuela le ha faltado un empujón serio a la hora de ser un videojuego sobresaliente en este campo, y acusa algunas deficiencias de modelado, texturas y efectos que le doten de la calificación sobresaliente que su primera parte sí merecía. No obstante, y a pesar de lo mencionado, el nuevo Warhammer 40.000 es un videojuego más que notable en este campo, que hace su trabajo de trasladarnos a este imposible campo de batalla con brillantez poniendo al día el engine gráfico para adaptarlo a los estándares actuales.
Se ha preferido, sin duda, mantener la pantalla repleta de unidades sin un requerimiento desorbitado de hardware, sacrificando aspectos que pueden lastrar en exceso este campo. Así lo que tenemos es un videojuego francamente bueno en lo más puramente gráfico, que va unido a una optimización acorde a lo que un título de estas características requiere.


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