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Demócrito ya sabía hace 2.450 años por qué te sientas a procrastinar en el ordenador, así que creó la frase exacta que necesitas leer

  • Los filósofos de la Antigua Grecia ya sabían lo que era la procrastinación

  • La psicología moderna le dio a ese fenómeno una explicación evolutiva

Rubén Márquez

Editor - Trivia

Aunque caemos en el error de creer que la procrastinación es un acto muy actual, algo atado a entretenimientos digitales como las redes sociales o ver un capítulo más de Netflix, hay una razón por la que Demócrito escribió aquello de "El que todo lo aplaza no dejará nada concluido ni perfecto", hace casi 2.450 años. Entender lo que pretendía con ella más allá de la obviedad es lo que lo cambia todo. 

Los antiguos griegos lo llamaban Akrasia, lo que hoy traduciríamos como voluntad débil, pero el fenómeno era exactamente el mismo. A los grandes pensadores y filósofos como Demócrito les fascinaba la idea de que, pudiendo hacer algo y olvidarse de ello, lo evitasen para terminar creando un desasosiego.

El que todo lo aplaza no dejará nada concluido ni perfecto

Allá por el siglo V a.C., el propio Demócrito empezó a hablarnos de los átomos. Por aquél entonces aún no tenían la certeza de ello, pero su acercamiento fue tan acertado que a la ciencia moderna le resultó inevitable mantener el nombre. De forma similar a como sabemos ahora que funciona la materia, aquella corriente filosófica afirmaba que todo estaba hecho de partículas indivisibles llamadas átomos que se movían por un espacio hasta juntarse y dar forma a todos los cuerpos. 

Para Demócrito, el alma humana también estaba hecha de átomos, y aunque se movían de forma rápida y caótica como las llamas de un fuego, era susceptible a permanecer en armonía. El problema era que si sentías ansiedad, miedo o pereza, los átomos de tu alma empezaban a generar caos y crear un malestar incontrolable. 

¿Quién querría vivir con ese fuego descontrolado en su interior? ¿Quién en su sano juicio postergaría para mañana lo que puede hacer hoy? Bajo esa misma idea, la de llevar algo adelante, hasta el mañana, los romanos empiezan a utilizar el término procrastinatio del que deriva nuestra procrastinación moderna. No había redes sociales ni Netflix, pero lo sufrían igual.  

Puede que pienses que Demócrito acertó el tiro con lo de los átomos pero falló estrepitosamente en lo del alma. Lo cierto es que no iba desencaminado y, según la psicología moderna, sólo tendríamos que cambiar el alma por el cerebro para entender el porqué. La batalla de regulación emocional que viven el córtex prefrontal y el sistema límbico es, a grandes rasgos, ese caos burbujeante del que hablaba el filósofo. Mientras que el primero está planeando el futuro, el segundo apuesta por el placer inmediato y ve cualquier tarea difícil como una amenaza. 

La culpa no es de Demócrito, es de la evolución

Cuando Demócrito dice aquello de "El que todo lo aplaza no dejará nada concluido ni perfecto", no se está agarrando a una obviedad. Está hablando de cerrar ciclos para evitar el Efecto Zeigarnik, el fenómeno descubierto por la psicóloga Bluma Zeigarnik en 1927 mediante el que demostraba que el cerebro recuerda mejor las tareas incompletas que las completas por una cuestión de supervivencia. 

A nivel evolutivo, una tarea por completar no era un Excel por terminar, era un depredador que había desaparecido de la vista. Si nuestro cerebro nos hubiese permitido relajarnos en ese preciso instante, cerrando con ello el ciclo que nos había puesto en alerta, nuestras posibilidades de supervivencia habrían mermado hasta llevarnos a la extinción. 

Con el paso de los siglos, la premisa sigue siendo la misma. Una tarea a medias, aunque empujada hacia el fondo de nuestra mente para intentar olvidarla, sigue ahí atormentándonos por una mera razón evolutiva. El "tengo que acabar esto para dejar de pensar en ello" no es una frase esperando a ser pintada en una taza, es algo físico y medible que imaginaban los filósofos del pasado y a la que la psicología moderna le dio una explicación. 

De la misma forma, cuando Demócrito habla de perfección no se refiere a dejarlo todo sin fallos y lo más bonito posible, habla de completo, de algo que ha tenido un final y ha alcanzado su máxima expresión. Frenar lo que ellos entendían como un burbujeo del alma, lo que para nosotros es el agobio que sucede a la procrastinación, sólo pasa por cerrar el ciclo para conseguir que la cabeza deje de darle vueltas. 

Imagen | Marcella Soáres

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