Encontrar un centenario que sepa más de informática que tú no es fácil, pero tampoco imposible
Solemos tender a pensar que la brecha digital entre jóvenes y mayores es una cuestión de capacidades, que al haberse criado en un entorno en el que los ordenadores no existían ahora es imposible que se pongan al día. Lo que demuestran los 102 años de Dean Simes, en cambio, es que esa creencia es totalmente errónea.
El anciano dirige la asociación sin ánimo de lucro "Computer Pals", algo así como "amigos del ordenador", en la que ayuda a otros mayores más jóvenes que él a conseguir entender cómo funciona el mundo tecnológico que les rodea. Usar Windows, enviar mensajes de WhatsApp, crear tablas de Excel, moverse por internet… Para alguien que no tuvo ordenador hasta los 80 años, su camino es todo un logro.
Un gurú tecnológico de 102 años
Dean Simes, el centenario señor detrás de Computer Pals, ni siquiera había dedicado su juventud a la tecnología. Trabajó en la industria minera, fue veterano de guerra, y al llegar a la jubilación decidió invertir su tiempo libre en un curso de informática. No quería sentirse frustrado al utilizar nuevas tecnologías, así que no le quedó otra que ponerse al día a base de práctica.
Con su experiencia, decidió montar un club dentro de un centro de mayores en el que enseñar a otros ancianos todo lo que sabía e iba descubriendo. Cree que la edad no importa a la hora de aprender, y que todo se reduce a repetir hasta la saciedad lo que te están intentando enseñar: "Cuando te enseñan cómo hacer algo, no dejes que te lo enseñen sin más. Hazlo tú mismo, bajo supervisión, vete a casa y hazlo una y otra vez".
Detrás de una historia entrañable como la de este anciano se esconde una realidad mucho más incómoda. La tecnología avanza a tal velocidad que cada vez es más difícil no caer en la exclusión, lo que supone graves problemas entre los mayores cuando tienen que lidiar con bancos, supermercados y médicos que tienden cada vez más a gestionarse desde el móvil u ordenadores que en persona.
Mantener una educación sostenida en el tiempo se antoja imprescindible para no perder a nuestros mayores por el camino, y no sólo por una cuestión de empatía, sino por el sobrecoste que supone mantener dos sistemas, el analógico y el digital, para no dejar a nadie atrás. Que un hombre de 102 años se capaz de enseñar a otros qué narices es una IA, da buena cuenta de que no estamos ante un problema de capacidad, sino de recursos y ganas.
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