
Un nuevo estudio calcula hasta qué punto las futuras megaconstelaciones podrían interferir con algunos de los observatorios más importantes del mundo
Elon Musk quiere llevar una parte del futuro de la inteligencia artificial al espacio. SpaceX trabaja en una nueva generación de satélites capaces de funcionar, tal y como recoge Fast Company, como centros de datos orbitales alimentados con energía solar. Así, su ambición final pasa por una red gigantesca de hasta un millón de unidades, pero hay un problema: para algunos astrónomos, ese futuro podría llenar tanto el cielo que observar el universo desde la Tierra se volvería mucho más complicado.
La advertencia llega de un estudio liderado por Olivier Hainaut, investigador del Observatorio Europeo Austral. Sus simulaciones analizan qué ocurriría si las constelaciones previstas por distintas compañías terminan desplegándose a gran escala. Actualmente, existen propuestas que superarían los 1,7 millones de satélites si se suman, pero el estudio concluye que semejante cantidad degradaría de forma importante muchas observaciones astronómicas realizadas desde tierra.
Los astrónomos ponen el límite alrededor de 100.000 satélites
El problema está en la luz que reflejan esos objetos. Cuando un satélite atraviesa el campo de visión de un telescopio puede dejar una estela en la imagen, saturar determinados sensores o aumentar ligeramente el brillo del cielo. Con decenas de miles de unidades, el impacto todavía puede controlarse siempre que sean suficientemente poco brillantes, pero la situación se iría de control y darían lugar a las interrupciones si hablamos de cientos de miles o incluso un millón.
Según las simulaciones, incluso una constelación formada por satélites relativamente tenues debería mantenerse por debajo de unas 100.000 unidades para evitar que las pérdidas de observación superen el tiempo que los telescopios ya pierden por problemas técnicos habituales. En una constelación cercana al millón de satélites, las estelas aparecerían constantemente e instrumentos diseñados para fotografiar zonas enormes del cielo empezarían a estar afectados.
Si hablamos de satélites brillantes, el riesgo aumenta todavía más. El estudio señala que apenas 5.000 objetos especialmente reflectantes podrían incrementar entre un 20% y 30% el brillo del cielo provocado por luz dispersa. Con 50.000, ese aumento podría alcanzar entre el 200% y 300% y telescopios como el Vera C. Rubin Observatory se verían especialmente afectados por este tipo de contaminación.
SpaceX todavía está lejos de colocar un millón de centros de datos sobre nuestras cabezas: la compañía habla por ahora de comenzar a fabricar y despegar miles de estos satélites a partir de finales de 2027, pero el debate ya está encima de la mesa. La misma infraestructura que Musk imagina para multiplicar la capacidad de la IA podría obligarnos a decidir cuánto espacio del cielo estamos dispuestos a ocupar antes de empezar a perderlo para la astronomía.
Imagen principal de SpaceX (Unsplash)
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