
El Hukou es uno de los sistemas menos flexibles del mundo, y todo es por culpa de una tradición y un número de registro
En la vida, es perfectamente normal tener que cambiar de domicilio, y muchas veces el cambio no es en el mismo barrio, distrito, provincia o incluso país, aunque este último caso es extremo y ya requiere de proceso de nacionalización. Pero en el resto, el empadronamiento -aunque sea un proceso algo tedioso- no supone mayor complicación que indicar la actual localidad de residencia... a menos que vivas en China.
Porque en el país asiático, 300 millones de personas viven en sus ciudades pero si no han nacido en ellas no tienen los mismos derechos legales para escolarizar a sus hijos, poder acceder a los servicios públicos sanitarios, o directamente cobrar su pensión. La culpa la tiene de una suerte de "sistema de castas" llamado Hukou que data del año 1958, y que se firmó como decreto administrativo para establecer fronteras invisibles en China.
El Reglamento del Registro de Hogares de la RPC
El Hukou es como se conoce, entre la propia población autóctona del país, al Reglamento de Registro de Hogares de la República Popular China. Consiste en separar a cada ciudadano chino, desde su nacimiento, en dos castas heredadas: los nongmin (nacidos en localidades rurales) y los shimin (nacidos en centros urbanos). Y esa etiqueta, asignada por el lugar de residencia legal de la madre, determina qué colegio pueden pisar los hijos, qué hospital les va a atender, o si algún día optarán a cobrar una pensión.
Lo "insólito" del sistema es que no nació de una necesidad de equilibrar la relación de habitantes campo vs ciudad, sino de una vieja máxima confuciana, del erudito del siglo XVII Gu Yanwu, que el régimen recuperó para justificar la ley: "cuando las masas habitan las aldeas, prevalece el orden; cuando las masas fluyen a las ciudades, prevalece el desorden". 68 años después, esa lógica segregacionista continúa siendo la base del sistema de empadronamiento chino.
Con lo que no se contó -seguramente, y entre otras cosas- cuando se aplico la norma, es que habría un influjo masivo de ciudadanos a las principales urbes del país para conseguir un trabajo mejor y poder contribuir al PIB de la nación. Hasta 301'15 millones de chinos en 2025 realizan migraciones laborales aún teniendo un hukou nongmin, nacidos en el campo. La mayoría van a Pekín, Shanghái o Shenzen para desarrollar su actividad laboral, y pueden conseguir una vivienda y pagar impuestos, pero legalmente siguen contando como ciudadanos de su localidad original. En 2022, el 65% de la población total de china vivía en esas tres ciudades o en otras, pero sólo el 48% tenía un hukou urbano. Y hablamos de China; 17 puntos porcentuales son decenas de millones de personas que ocupan una ciudad sin pertenecer administrativamente a ella.
Los problemas de un hukou que no se puede cambiar
El problema, en realidad, no es tanto por la escasa (o casi inexistente) cobertura legal de ciertos servicios para quien tiene un hukou distinto del lugar al que está viviendo, como las dificultades de los hijos que puede tener una familia. Aunque desde 1998 se permite a los nacidos de personas con hukou rural matricularse en un centro adscrito a una ciudad, ese acceso es solo temporal. Pero es una concesión "temporal". El acceso real sigue mediado por el hukou de los padres: sin uno urbano, muchos acaban en escuelas privadas para migrantes, de peor calidad, o quedan fuera del sistema de exámenes, como el gaokao, que decide su futuro académico.
Esto explicaría parcialmente porque muchos niños chinos pasan la infancia con sus abuelos. Para muchos padres, llevarlos con ellos a las ciudades en las que trabajan es una carga inviable y que no da tampoco facilidades para que puedan formarse y tener un futuro mejor. En 2020, el número de infantes en esa situación fue de 42 millones (basicamente, toda la población de España), y ese año -que fue el inicio de la Pandemia del COVID-19- supuso el deterioro psicológico agravado por el aislamiento social y el cuidado inadecuado por parte de cuidadores no parentales.
Por fortuna, hay proyectos en marcha como un sistema de puntos para permitir el cambio de un hukou rural a uno urbano, pero si los procesos en nuestro país parecen una molestia, en China es casi como unas oposiciones basado en sistemas de méritos y puntos. En Shenzen, por ejemplo, hay que tener entre 18 y 48 años, estar sano, tener un contrato con seguridad social vigente, cumplir la política de planificación familiar local y pasar un control de antecedentes. Solo unos pocos trabajadores cumplen esos requisitos de continuidad laboral y vivienda formal que exige el sistema de puntos, así que la reforma beneficia sobre todo a migrantes ya cualificados, no a la mano de obra que sostiene fábricas y obras. Pero pese a estas "reformas", el gobierno del Partido sigue sin tocar su lógica de fondo: seguir naciendo en el sitio equivocado del país sigue siendo, seis décadas después, una sentencia administrativa de por vida.
Imagen de portada: Wikimedia Commons (Public Domain)
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