Cuando una empresa anuncia despidos por culpa de la IA, está ocultando problemas más graves
Las agencias y los inversores han empezado a cansarse de la excusa en el mercado laboral
Hemos llegado a un punto en el que anunciar el despido del 40% de la plantilla con el revolucionario uso de la IA como excusa ya no sorprende a casi nadie. Se ha normalizado, también, que tras anuncios como el que realizaba recientemente Jack Dorsey para su firma Block Inc., las acciones de la compañía suban un 22% mientras los inversores hacen palmas con las orejas. Por suerte, también ha llegado el punto en el que esas mentiras tienen las patas cada vez más cortas.
Un estudio recogido por Bloomberg destaca que, tras preguntar a 1.000 responsables de contratación, el 59% reconocía que la excusa de la IA para motivar despidos funcionaba mejor que cualquier otra y que, además, era mejor vista por los inversores. La realidad era que, detrás de esa premisa, sólo un 9% utilizaron la inteligencia artificial como motivo para fomentar el reemplazo.
La era del AI washing
El caso de Block funciona como el mejor ejemplo posible para lo que los expertos han denominado AI washing, un término que se empezó a utilizar para denunciar a aquellas empresas que afirmaban usar inteligencia artificial cuando en realidad no lo hacían. Entre 2019 y 2022, Block llegó a triplicar su plantilla saltando de 3.835 empleados a 12.430. Las razones ya las conocéis, son las mismas que empujaron a muchas empresas a hacer lo mismo aprovechando la incertidumbre de la pandemia.
Lo que destaca el análisis del citado medio es que, pese a ello, la cotización de Block se encontraba en caída libre, así que para los expertos "esto tiene más que ver con que el negocio haya estado inflado durante tanto tiempo que con la IA". El problema de dichas excusas es que plantean dos caminos particularmente difíciles de transitar.
Por un lado se está fomentando un odio genuino hacia todo lo que tenga que ver con la IA porque, a grandes rasgos, se está utilizando la revolución tecnológica para sustentar una narrativa que poco o nada tiene que ver con la realidad. Esos despidos llegan para tapar pésimas gestiones directivas, graves problemas de subcontratación, y la insana necesidad de que los números siempre se muevan hacia adelante y hacia arriba incluso cuando el mercado no da para más. Eso, y no la IA per se, es lo que debería estar ocupando titulares.
Por el otro, si permanecemos ciegos a los auténticos cambios que sí puede llegar a suponer la IA en el mercado laboral, si todos los despidos son por la inteligencia artificial, la posibilidad de regular su implementación y dar forma a políticas que mitiguen su impacto en nuestras vidas se hace mucho más difícil. No puedes ponerle freno a lo que no puedes ver con claridad. En cualquier caso, esto nos lleva a otro escenario adicional. Uno en el que la excusa está empezando a desmoronarse entre inversores y administraciones reguladoras.
La IA como excusa se va a acabar
La clave detrás de todo este asunto está en el porqué de los despidos. Si la empresa cita caídas en ventas como motivo, los inversores pueden terminar saliendo por patas. Si afirman que han sobredimensionado la empresa por encima de sus posibilidades, también. En cambio, lo de que la IA traerá más productividad con menos coste humano es un discurso que, al menos sobre el papel, compra cualquiera.
Ese 59% de ejecutivos encuestados afirmaba haber reducido sus plantillas anticipándose a lo que el día de mañana podría hacer la IA, pero la realidad es que, agarrándonos a un impacto medible de la productividad, el cambio es prácticamente imperceptible. Como mucho, se espera que la productividad de las compañías sume un mísero 1,4%.
De las 160 empresas que presentaron cambios estructurales con la IA como excusa, entre ellas algunas tan grandes como Amazon y Goldman Sachs, en ninguna de las notificaciones legales de despido se marcó la casilla de "innovación tecnológica o automatización" como motivo. Aunque de cara a la galería sí se agarraron a ello para dar a conocer el movimiento, demostrarlo por la vía legal era imposible por motivos obvios.
El resultado es que las multas por mentir entre las firmas de inversión están a un paso de convertirse en algo cada vez más habitual, y eso termina afectando al bolsillo de quienes ponen el dinero de formas cada vez más retorcidas. Si te compro el discurso de la IA, malo porque luego se va a destapar el pastel a nivel regulador. Si no te lo compro, malo también porque tengo que saltar a la siguiente empresa prometedora y las acciones caerán en picado. La buena noticia es que ahora todas esas compañías están entre la espada y la pared, y la narrativa que tan bien habían construido es cada vez más endeble.
Imagen | Vitaly Gariev
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