La Universidad de Málaga viajó a Lanzarote para que el día de mañana pueda hacerlo a la Luna
Los tubos volcánicos de Marte apuntan a ser el lugar ideal para una colonia humana
Los tubos volcánicos generados por la lava en La Corona de Lanzarote no difieren mucho de los que también podemos encontrar en la Luna o Marte. Aunque allí ya no corran ríos de lava, sí lo hicieron hace millones de año dando forma a cavidades que resultan especialmente llamativos a las agencias espaciales por lo que pueden llegar a encontrar en su interior. Precisamente por eso, en 2023 el Laboratorio de Robótica Espacial de la Universidad de Málaga decidió viajar hasta allí.
En colaboración con la Agencia Espacial Europea y el Centro Alemán de Inteligencia Artificial, el equipo desplegó tres robots con un objetivo, demostrar que eran capaces de colarse en el interior de los tubos volcánicos, explorarlos y mapear su interior. Que fuesen tres máquinas distintas no era casualidad. Cada una de ellas tenía una función específica.
Lo que Málaga busca en los tubos volcánicos de Lanzarote
Tras mapear el exterior de la cueva para analizar la mejor forma de penetrarla, el siguiente lanzó una carga para cartografiar la entrada y enviar la información a un tercero. Con ella en su poder, el más pequeño se acopló a los grandes para descender por la cavidad haciendo rápel tal y como lo haría un explorador y, una vez en su interior, procedió al reconocimiento del interior de la cueva durante 235 metros.
El experimento, de vital importancia para probar su eficacia en misiones en la Luna o Marte, demuestra con ello que podemos delegar la tarea en robots no por miedo a los peligros de una misión así, sino por lo difícil que resulta coordinar las órdenes mediante señales de radio. Con un tiempo de entre 3 y 22 minutos desde que se envía la señal hasta que la reciben los robots, conseguir que trabajen de forma autónoma y coordinada es un gran logro de la conquista espacial.
Frente a ese logro siempre habrá quienes piensen que, a sabiendas de que probablemente no vamos a encontrar prácticamente nada de importancia en el interior de estos tubos, la misión de la Universidad de Málaga en Lanzarote está lejos de ser crucial. Se equivocan. Si en algún momento nos planteamos colonizar nuestro satélite o el Planeta Rojo, esos tubos volcánicos prometen ser nuestro salvavidas.
La idea de construir bases en su interior en vez de en la superficie supone evitar la radiación solar y cósmica a la que nos veríamos expuestos, y eso por no hablar de los cambios de temperatura que se mueven entre los 100 grados durante el día y los -100 que trae la oscuridad. El blindaje natural de estas cuevas resultaría vital para nuestra supervivencia y, en cierto sentido, se cree que también puede haberlo sido para otras formas de vida.
Si hay vida microbiana o agua congelada en Marte, lo más probable es que esté en esas cuevas, a salvo de todos esos peligros a los que se enfrenta su superficie. Conseguir mapearlos desde la distancia, con la tranquilidad que ofrece un trabajo coordinado y efectivo por parte de robots, es sólo el primer paso que necesitamos para soñar con que algún día, tal vez, esa tarea la hagan humanos en la Luna y más allá.
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