Un laberinto plagado de dibujos hechos con conchas que los arqueólogos no pueden datar
Pese a que probablemente puedas nombrarme decenas de yacimientos arqueológicos de todo el globo, es posible que nunca hayas oído hablar de la Gruta de las Conchas. Es un caso especialmente curioso no sólo porque hablamos de una monumental construcción situada en Europa, sino porque también es uno de los mayores misterios a los que se ha enfrentado la arqueología.
Dando forma a un laberinto subterráneo de 21 metros de longitud, lo más llamativo de Shell Grotto, como se le conoce por su nombre original, es que sus paredes y techos están recubiertos por un mosaico de 4,6 millones de conchas marinas de la zona. Su descubrimiento, revelado por accidente en 1835, ha tenido a historiadores y científicos intrigados durante casi dos siglos.
El misterio de la Gruta de las Conchas
Sus 190 metros cuadrados de mosaicos representan símbolos y dibujos formados por conchas de mejillones, ostras y otros moluscos de la zona de Margate, una ciudad costera inglesa que se ha hecho famosa gracias a la gruta. No hay nada más allí que indique quién construyó la gruta, cuándo lo hizo o por qué, así que las teorías sobre la misma no han dejado de crecer desde que saliese a la luz cuando un hombre de la zona mandó excavar un estanque para patos.
Están quienes creen que se trata de un antiguo templo fenicio, quienes le otorgan un origen medieval atado a los Caballeros Templarios, y quienes simplemente creen que se trata del capricho de un noble del siglo XVII tal y como ocurrió en recreaciones con conchas similares en otras casas de campo británicas de la época. El problema es que esos caprichos, como el de Gaudí en Comillas, se hacían con la intención de gritar a los cuatro vientos lo rico que eras. No es el caso de la Gruta de las Conchas.
No hay registros que hablen de su construcción, ni documentos que muestren quienes se encargaron del proyecto o el impacto que tuvo en la población. No hay absolutamente nada. A eso se suma que, cuando los arqueólogos quisieron resolver el misterio mediante datación por radiocarbono, descubrieron que no iban a poder hacerlo.
El problema no es sólo que es una propiedad privada que requeriría destruir parte de la estructura para establecer una datación concreta, es que durante más de un siglo la gruta se iluminó con lámparas de gas y antorchas victorianas que limitaron esa posibilidad. Por culpa del fuego, la antigua iluminación colocada tras su descubrimiento hizo que el hollín se colase por la estructura porosa de paredes y conchas hasta conseguir que ahora todos los resultados de Carbono-14 estén adulterados.
Si no has oído hablar de ella es porque, con arqueólogos e historiadores incapaces de ponerse de acuerdo en su origen y datación, la Gruta de las Conchas es hoy poco más que una curiosidad local. Una magnífica construcción excavada en la roca, y repleta de lo que antaño fueron coloridas conchas ahora ya ennegrecidas, que probablemente tenga más valor como leyenda que como misterio resuelto.
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