La NASA lleva más de 50 años usando un cementerio espacial, pero no está en la órbita de la Tierra

La Nasa Lleva Mas De 30 Anos Usando Un Cementerio Espacial Pero No Esta En La Orbita De La Tierra

Hay un punto en el Pacífico Sur en el que acaban cientos de satélites y restos espaciales cuando ya han acabado su misión en órbita

Alberto Moral

Editor - Guías

Seguro que alguna vez te has preguntado qué ocurre con todos los satélites, ingenios, o estructuras, que el ser humano ha puesto en orbita al planeta desde que tiene la capacidad de enviar objetos fuera de la Tierra y dejan de ser útiles. Muchos siguen ahí arriba flotando como basura espacial, y son un peligro, porque con cada lanzamiento aumenta el riesgo de un accidente en órbita, pero hay una medida de contingencia para algunos de ellos, al menos los más grandes y peligrosos.

Y no es sólo que caigan a la atmosfera de nuevo y se desintegren -que también ocurre- pero para evitar males mayores de incluso objetos pequeños, la NASA y otras agencias aeroespaciales tienen un punto designado en el que "tirar la basura" sin que haya riesgos para el planeta, la población o la fauna: el Punto NEMO

El cementerio espacial del Pacífico Sur

A principios de los 70, se determinó que la cantidad de objetos que ya había en orbita a la Tierra era demasiado peligroso tanto para los que están activos como para los que ya habían agotado su periodo de vida útil, y ya no digamos las misiones tripuladas. La NASA, la ESA y la agencia rusa Roscosmos necesitaban una forma de disponer de los ingenios que ya no servían. Acordaron estrellar deliberadamente esas piezas obsoletas y sin utilidad (desde satélites hasta estructuras más complejas como la Estación Rusa MIR cuando eventualmente llegase al fin de su misión) en un punto concreto del Océano Pacífico, el Punto NEMO. 

Este lugar, que originalmente no se llamaba así, se encuentra en las coordenadas 48° 52.6′ Sur y 123° 23.6′ Oeste, o dicho de forma más calculable a ojo, a medio camino entre Nueva Zelanda y Chile, al norte del Polo Sur. Es una zona marítima por la que transitan muy pocas rutas aéreas y marítimas, y en la que las agencias espaciales se coordinan con las autoridades de control de vuelo de países como Chile, Nueva Zelanda o Tahití para despejar el espacio aéreo y marítimo cuando hay una reentrada planificada. El caso es que al estar a casi 2.700 kilómetros de la costa más cercana, las tres agencias estuvieron desechando allí todos los satélites e ingenios que ya no les servían o ya no cumplían ningún propósito. 

Imagen: Ada Cukminski (Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0)

Lo curioso es que nunca se hizo pública su existencia hasta 1992, cuando un ingeniero croata-canadiense, Hrvoje Lukatela, calculo las coordenadas del Punto NEMO mediante el uso de un programa informático diseñado para resolver problemas de geometría esférica. Lo bautizó así en honor al personaje de 20.000 Leguas de Viaje Submarino de Julio Verne, por el exilio "voluntario" de la humanidad al que han sido sometidos objetos como viejos telescopios orbitales o la propia estación MIR. 

Los peligros del Punto NEMO

Aunque los expertos coinciden en que hundir la basura espacial es la menos mala de las soluciones al problema de los restos espaciales en órbita, no es ni de lejos perfecta. Aunque se minimice el peligro de impacto cerca de zonas habitadas, en las reentradas a la atmosfera muchos fragmentos y contenedores con compuestos como hidracina (el combustible aeroespacial que usan y que es altamente tóxico) se hunden en el mar a profundidades superiores a los 3.000 metros.

Aunque la zona esté catalogada como un "desierto biológico", las corrientes marinas pueden arrastrar cantidades pequeñas de micro plásticos o hidracina. Su uso continuado (ya se ha efectuado la reentrada de más de 300 objetos orbitales) como cementerio no supone una amenaza inmediata para la biología y las especies que migran cerca de esa zona, pero eventualmente podría suponer una problema medioambiental.

Probablemente, el próximo gran objeto que sea "enterrado" en el Punto NEMO es la Estación Espacial Internacional (la ISS), pero ante la creciente cantidad de hidracina y micro plásticos que se acumulan cada vez más en ese punto, agencias como SpaceX y la NASA ya están planteando algunas alternativas. La empresa de Elon Musk usara un "Vehículo de Desórbita" (conocido por sus siglas USDV) para controlar la reentrada de la ISS, previo vaciado en la medida de lo posible de sus tanques que contienen la hidracina, aunque no podrá disponer de todos los plásticos. 

No obstante, el diseño de los nuevos satélites y estaciones como la de Axiom o cualquier otra en el futuro, se están construyendo para que sean "desintegrables" en órbita. Esto es, que cuando llegue el momento de disponer de ellas, su diseño permita que se quemen en la atmosfera completamente y tan solo unos pequeños restos prácticamente inocuos -comparados con los actuales- alcancen el Punto Nemo. 

Imagen de portada: NASA

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