
Varios experimentos han demostrado que mantener el contacto visual no es tan fácil como creemos
Desde pequeños nos han dicho que mirar a los ojos a la persona con la que estamos hablando no sólo es señal de respeto, sino que también transmite atención e interés en lo que nos están diciendo. Bajar la mirada, por contra, puede verse como una señal de timidez, inseguridad o que tienes algo que esconder. La psicología, en cambio, tiene otra opinión.
Si alguna vez has tenido que apartar la vista para intentar recordar algo clave para la conversación, como un nombre, o pensar cómo resolver el problema que te están planteando, o incluso algo tan simple como encontrar la palabra adecuada, es muy probable que hayas visto que lo que marcaban nuestros padres como imprescindible en una conversación, en realidad no lo es tanto.
Cuando mirar y pensar compiten por nuestra atención
Allá por 2016, dos investigadores de la Universidad de Kioto quisieron poner a prueba esa dicotomía. Mostraron a los participantes del estudio vídeos de rostros que mantenían la mirada fija en ellos o la apartaban y, mientras tanto, les encargaban una tarea sencilla: relacionar verbos con su sustantivo ideal. Vamos, que si tenías por un lado tijeras y por el otro cortar, ahí había una relación más simple que el mecanismo de un botijo.
La clave que descubrieron fue que, conforme más compleja se hacía esa tarea, más molestaban aquellos ojos que miraban fijamente. Pero no era la sensación de inseguridad lo que ponía palos en las ruedas. Tal y como terminaron demostrando, la clave estaba en que mantener el contacto visual de forma consciente y buscar aquellas respuestas competían por los mismos recursos.
Experimentos posteriores arrojaron resultados similares y, el único que consiguió poner una nota discordante en todo esto fue el que, en 2021, intentó explicar cómo el contacto visual y los movimientos que hacíamos con los ojos servían para organizar turnos de palabra, evitar interrumpir, adaptarnos a cómo reaccionaba nuestro interlocutor… Vamos, que en cierto sentido resultaban imprescindibles para una correcta comunicación.
Bajo todas estas premisas, podemos dar por hecho que todo termina resultando ser más complicado de lo que parece, que ni el que baja la mirada lo hace por mala educación o vergüenza, ni hacerlo hace que termines comunicándote mejor. Y ahora que ya lo sabes, la próxima vez que te enfrentes a alguien que lo hace sabrás que no es por una cuestión de incomodidad, sino porque está ocupado pensando qué es lo mejor que te puede decir a continuación.
Imagen | Vitaly Gariev
En 3DJuegos | Call of Duty: Modern Warfare ayuda a entender qué diferencia a un jugador profesional de un aficionado
En 3DJuegos | ¿Dónde se dirige nuestra mirada durante una partida de Overwatch?
Ver todos los comentarios en https://www.3djuegos.com
VER 0 Comentario