En Cornualles, puedes encontrar sables de piratas, aletas de buceo o incluso algún que otro dragón de la marca muy apreciados por los coleccionistas
Casi todos sabemos que el mar puede arrastrar hasta la costa desde pequeños tesoros hasta desperdicios sin ningún valor para nadie; lamentablemente, suele ser más frecuente lo segundo. Sin embargo, en varias playas de Cornualles lo que llega a la arena desde hace décadas es bastante singular: sables, aletas y flores, todos fabricados por LEGO. Pero, ¿a qué se debe este fenómeno?
Tal y como recordaban los compañeros de GamePro hace unos días, el motivo reside en un incidente ocurrido en febrero de 1997, hace 29 años, cuando un contenedor de juguetes cayó al mar frente a las costas inglesas. En su interior viajaban casi cinco millones de piezas —de las cuales más de tres millones eran lo suficientemente ligeras como para flotar— que nunca alcanzaron su destino en Nueva York. Desde aquel momento, el océano ha ido devolviendo poco a poco este cargamento, transformando un desastre ecológico en una búsqueda del tesoro permanente para vecinos y coleccionistas de la marca, atrayendo visitantes desde Estados Unidos, Italia, Suiza o Bélgica solo por este tema.
Lo que comenzó como un accidente marítimo ha dado lugar así a una comunidad global de "cazadores de LEGO" que peregrinan a estas playas para posteriormente exhibir sus hallazgos en redes sociales, como muestran algunos vídeos virales de TikTok. Y es que también da la coincidencia curiosa que gran parte de la carga perdida tuviera temática marítima, incluyendo sables de piratas, patas de rana, arpones, gafas de buceo, así como 400.000 aletas de buceo y 350.000 flores; sin embargo, los aficionados acuden a la costa buscando, por encima de todo, los escurridizos dragones y pulpos, el "Santo Grial" de este naufragio.
"El misterio es dónde han ido a parar. Después de 17 años sólo han sido reportados en la costa de Cornualles", comentó hace unos años en la BBC el oceanógrafo estadounidense Curtis Ebbesmeyer, quien ha rastreado la historia de los Legos desde su caída al mar y recuerda cómo, en cuestión de pocos años, todos estos objetos perfectamente podrían haberse distribuido por todo el mundo, aunque solo en Europa aparentemente se han encontrado.
Pero, sobre todo, un problema medioambiental
Este fenómeno se ha convertido también en un barómetro científico involuntario en el cada pieza encontrada sirve para documentar la alarmante durabilidad del plástico en el ecosistema marino y recordarnos a todos que los ítems fabricados con este material no desaparecen, solo se desplazan. Cada figura recuperada es una prueba física de como puede sobrevivir intacto a décadas de erosión.
Para quien quiera profundizar más en el tema, el suceso y estas consecuencias están documentados en redes sociales por una vecina de la zona, quien hace unos años años creó la página Lego Lost at Sea, hoy con más de 110.000 seguidores.
Imagen | Creada a partir de una fotografía de Elizeu Diascon (vía Unsplash)
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