El G-Cans es el sistema de drenaje subterráneo más grande del mundo y lleva 20 años salvando vidas
Bajo un campo de fútbol anónimo en las afueras de Tokio se esconde una de las obras de ingeniería más importantes del siglo XX: el G-Cans, el sistema de drenaje subterráneo más grande del mundo. Este lugar parece salido de una película de ciencia ficción, pero es importantísimo gracias a su función principal: permitir que el agua de los tifones no se lleve por delante una de las ciudades más densas del planeta.
A 50 metros de profundidad, un túnel de 6,3 kilómetros conecta cinco silos cilíndricos de 65 metros de profundidad. Todo desemboca en un tanque de 177 metros de largo sostenido por 59 columnas de cemento de 500 toneladas cada una. La gente que lo visita lo llama "el templo subterráneo", un nombre lógico si bajas los 116 escalones que conducen hasta él y te encuentras de frente con esa catedral de hormigón.
Una ciudad que aprendió a enterrar sus problemas
Como cuenta Nippon, Kasukabe y sus alrededores tienen una topografía similar a la de un plato hondo: el agua entra fácil, pero no sale. Durante décadas, cada tifón era sinónimo de inundaciones y casas destruidas. Por desgracia, la expansión urbana había hecho imposible construir más canales en superficie, así que la solución fue radical: ir bajo tierra para disfrutar de una estructura que nadie vería y pocos entenderían.
Las obras comenzaron en 1993 y el sistema entró en funcionamiento completo en 2006 tras una inversión de 230.000 millones de yenes (el equivalente a 2.000 millones de euros). La cifra parece gigantesca, pero solo hace falta ver los números para comprobar su eficacia: mientras un tifón inundó 137 hectáreas y dañó 248 viviendas en el año 2000, en 2006 un temporal similar solo afectó a 85 domicilios.
Para entender por qué, hay que echar un vistazo a su rendimiento. Las bombas funcionan con turbinas reconvertidas de avión y son capaces de descargar 200 metros cúbicos por segundo al río Edogawa, el equivalente a vaciar una piscina olímpica cada doce segundos. Así, se trata de ingeniería de guerra aplicada al problema más antiguo de la humanidad.
Lo que hace fascinante al G-Cans no es su escala, es su invisibilidad, dado que millones de personas viven encima sin saberlo. Desde que se abrió al público ha recibido más de 400.000 visitas y se ha usado como escenario para videoclips, sesiones de moda o series como Kamen Rider. De esta forma, la infraestructura más funcional de Tokio se convirtió (por accidente) en uno de sus espacios más cinematográficos. ¿Lo mejor? Ya han seguido su ejemplo ciudades como Londres, Chicago o Ciudad de México.
Imagen principal de Wikimedia Commons
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