Usuario anónimo
Iniciar sesión | Regístrate gratis
Inicia la sesión Únete a la comunidad Ayuda Tienda
Segunda Guerra
Grupo / Formado por 67 miembros
Temática:

Historia y ciencia

Segunda Guerra

Unirme al grupo

Reportar abuso

Ficha
Foro del Grupo
Actividad
Miembros
Videos
Eventos
Foro del grupo

Responder / Comentar
Foro Segunda Guerra
Por Landser1510
Hace 9 años / Respuestas: 6 / Lecturas: 820

La mayor derrota naval estadounidense: la batalla de la Isla de Savo

Tras Midway, los norteamericanos desembarcaron en Guadalcanal dispuestos a iniciar la reconquista del Pacífico. Nada más conocer el desembarco el vicealmirante Gunichi Mikawa, comandante de la 8ª escuadra, tomó la decisión de enfrentarse a los norteamericanos aún sabiendo que no podría contar con apoyo aéreo. La idea de Mikawa era atacar los transportes que estaban desembarcando tropas y pertrechos en Guadalcanal. Con el aeródromo de la isla, el famoso Henderson Field, en manos norteamericanas y sus portaaviones rondando por allí durante el día, el dominio aéreo de la zona era netamente estadounidense, por ello, Mikawa, que era un marino de excepcional valor y arrojo pero no un suicida, planeó entrar en el radio de acción de los aviones enemigos durante la noche, cuando no pudieran atacarle, con todos sus cruceros y destructores, buscar a la escuadra norteamericana que vigilaba de noche y exterminarla en un ataque nocturno fulminante. Mikawa sabía que las naves enemigas montaban radares, de los que sus naves carecían, pero aún así se arriesgó, confiando en la superioridad de sus hombres y naves en combates con torpedo y al cañón. Integraban su escuadra los cruceros pesados CHOKAI (buque insignia), AOBA, KAKO, KINUGASA y FURUTAKA con los cruceros ligeros TENRYU y YUBARI y el destructor YUNAGI. A las 6000 del 8 de agosto de 1942, Mikawa lanzó los hidroaviones de sus cruceros para reconocer las inmediaciones de Guadalcanal. Sus aviones señalaron la presencia de un acorazado, varios cruceros y destructores y transportes, pero no descubrieron a los portaaviones que se mantenían bien ocultos al sur de la isla. Mikawa envió entonces un mensaje al cuartel general en Rabaul pidiendo información, pero allí nada sabían. Cualquier marino prudente hubiera dado marcha atrás ante la letal amenaza de los indetectados portaaviones, pero Mikawa decidió seguir adelante con arrojo. En las estaciones de radio de las naves se captaban perfectamente los mensajes entre los portaaviones norteamericanos. En cualquier momento podían aparecer en el despejado cielo las mortíferas escuadrillas enemigas ante las que no había defensa posible, pero el valeroso almirante nipón no se arredró y continuó navegando dispuesto a cumplir con su deber. 

A las 1840 cayó la anochecida sobre las valientes naves niponas que marchaban a pecho descubierto sin escolta aérea y Mikawa reveló sus intenciones a los capitanes de sus 8 naves por semáforo luminoso para evitar usar la delatora radio: "Entraremos por el sur de Savo y torpedearemos en Guadalcanal a la fuerza enemiga más importante. Seguidamente nos dirigiremos hacia Tulagi para atacar con torpedos y al cañón, después de lo cual nos retiraremos por el norte de Savo. Inmediatamente comenzaron los preparativos en las naves. Se arrojaron por la borda los bidones de reserva de gasolina de los hidroaviones para evitar accidentes y también las cargas antisubmarinas y se izaron grandes gallardetes blancos en los palos para que las naves niponas fueran fácilmente reconocibles y evitar el temido "fuego amigo". Mikawa envió entonces a los hombres de sus 8 naves el siguiente mensaje: " Conforme a las mejores tradiciones de la Armada Imperial destruiremos al enemigo en una batalla nocturna. Espero que cada cual cumpla con su deber.

A las 2330 del 8 de agosto se catapultaron de nuevo los hidroaviones de los cruceros que sobre Guadalcanal informaron de la presencia de naves enemigas, pero no pudieron localizar a los portaaviones. Aún estaba tiempo de dar marcha atrás y retirarse, pero en vez de eso ordenó aumentar la velocidad a 26 nudos.

A las 2400 Mikawa ordenó zafarrancho de combate mientras las naves se ponían a régimen de 28 nudos. A velocidad de combate, de pie sobre el puente de su nave insignia, Mikawa avistó la isla de Savo, abierta 20º por la amura de babor del CHOKAI. Estaba a punto de entrar en la Historia por esa puerta reservada sólo a los más grandes. A los que no dudan de su capacidad y del esfuerzo de los que le siguen.

La mayor derrota naval estadounidense: la batalla de la Isla de Savo
El almirante Gunichi Mikawa, brillante artífice de la victoria japonesa en la batalla de la isla de Savo. La mayor derrota sufrida jamás por la Marina de los Estados Unidos.

Apenas 3 minutos después, uno de los serviolas gritó "¡Un buque, 30º por estribor, aproximándose!". Todos los prismáticos del puente apuntaron en la dirección cantada y pudieron ver la borrosa silueta de un destructor norteamericano que vigilaba la entrada a la rada a más de 10.000 metros de distancia. Inmediatamente, todos los cañones de las 8 naves apuntaron al confiado destructor, pero Mikawa, desafiando una vez más a todo lo que en el mar puede ser desafiado no ordenó abrir el fuego. En ese momento se avistó a otro destructor enemigo. Con pasmosa sangre fría esperó a que las naves enemigas cambiaran de rumbo para poder adentrarse en la ratonera de Savo sin ser detectado. Sabía que los marinos norteamericanos no habían sido adiestrados para el combate nocturno y que sus serviolas no habían sido entrenados para descubrir naves enemigas en una noche cerrada. Además, Mikawa había maniobrado para navegar lo más cerca de la costa posible, con lo que los ecos de sus naves en los radares enemigos se confundían con ésta. A las 0130 Mikawa dio la orden de ataque, aumentó a 30 nudos y dejó al destructor YUNAGI vigilando el paso para impedir que los destructores enemigos le atacaran por la espalda. Inmediatamente aparecieron las moles negruzcas de 3 cruceros norteamericanos navegando a babor a 8.000 metros. En ese momento, los hidroaviones japoneses lanzaron bengalas sobre las naves norteamericanas convirtiendo la noche en día. "¡Torpedos de estribor, fuego!" ordenó el capitán del CHOKAI e inmediatamente los terroríficos peces metálicos nipones de 610 mm, 3 toneladas de peso y propulsados por oxígeno saltaron al agua. Inmediatamente las demás naves niponas enviaron a Mikawa la señal de "torpedos lanzados". Eran las 0137 horas. 
 

Vista de la batalla desde el Chokai.

El primero en ser desventrado fue el crucero CANBERRA a las 0144, al que tras los 2 torpedos recibidos le llovieron 24 impactos que lo dejaron al garete, sin propulsión, lleno de muertos y heridos, ardiendo por los cuatro costados y con una escora a babor de 10º.

El Chicago, que antes del lanzamiento había avistado "sombras sospechosas" y estaba alertado, pudo esquivar los primeros torpedos al ver su estela, pero uno de ellos le alcanzó a las 0147 reventándole la proa y después un impacto de 203 mm.

Las naves japonesas, que aún no habían recibido ni un sólo disparo enemigo, continuaron su cacería a toda máquina hacia el corazón de la rada dejando atrás a los dos cruceros enemigos envueltos en llamas. A las 0150, el CHOKAI encendió sus grandes proyectores de arco envolviendo a las sorprendidas naves norteamericanas en un cegador haz de luz al que pronto se sumaron los demás buques nipones. Desde 7.500 metros, los japoneses lanzaron de nuevo sus torpedos mientras rompían el fuego con todas sus piezas sobre las inermes naves enemigas. Dos minutos más tarde, la segunda salva del CHOKAI centró al crucero pesado ASTORIA convirtiéndolo en un infierno flotante en el que murieron 216 hombres, incluido su capitán y resultaron heridos 186. Esta nave fue la primera en abrir fuego contra las naves de Mikawa y la última en dejar de hacerlo.

La confusión era tal que los comandantes de algunas naves norteamericanas estaban convencidos de que se estaban cañoneando entre ellos por error, ya que aún no eran capaces de asimilar que toda una escuadra de cruceros japoneses se estuviera paseando por aquella rada. A ello contribuyó el que los proyectiles japoneses, como los norteamericanos, llevasen colorantes para que cada nave pudiera identificar rápidamente sus disparos gracias a los enormes piques de agua y espuma coloreada que levantaban las explosiones en el agua y que a la luz de los reflectores eran perfectamente visibles, por lo que muchos marinos norteamericanos creyeron hasta el final que estaban siendo cañoneados por error por sus propios compañeros. El propio capitán del crucero pesado VINCENNES pidió por radio ¡al crucero nipón KAKO que apagara sus reflectores! a lo que el crucero japonés contestó con una salva de artillería que le destrozó las superestructuras. Ahora eran sus propias llamas las que iluminaban al desventurado crucero y los japoneses apagaron sus proyectores mientras machacaban por completo la nave que era alcanzada también por 2 torpedos. A las 0215 los buques nipones se alejaron del VINCENNES convertido en una antorcha con 332 muertos y 258 heridos.

Ahora le llegó el turno al crucero QUINCY que no tuvo tiempo ni de mover sus torres triples de 203 mm antes de recibir la visita del infierno en forma de huracán de fuego y metralla. A las 0235 fallecía su comandante, reventado por la metralla nipona mientras la nave se hundía, envuelta en llamas, llevándose al fondo a 370 muertos y dejando 186 heridos sobre el mar. Poco después se hundía el VINCENNES.


Dibujo japonés representando la batalla.

A las 0223, Mikawa, tras consultar con su estado mayor, decidió retirarse de Savo sin atacar los transportes.

Su decisión fue muy criticada por sus superiores y aún hoy es parte de la polémica que nos acompaña a todos los amantes del mar. Como vuelvo a repetir, Mikawa era un hombre de enorme valor y arrojo, pero no un suicida. Sabía que si ponía rumbo al sur para atacar a los transportes no tendría luego tiempo de salir del radio de acción de los aviones norteamericanos antes de la amanecida. Tenía sus 8 naves intactas y no quería que tras aquella tremenda victoria se fueran también al fondo por atacar a unos transportes, así que se retiró. 

En 1957, este formidable marino volvió a reafirmarse públicamente en su decisión. "Ninguno de los que la criticaron estaban allí". Dijo con gran acierto.

Las 8 naves de Mikawa dispararon aquella noche 61 torpedos y más de 1.700 proyectiles contra las naves norteamericanas, hundiendo 4 cruceros pesados y causando 1.023 muertos y 709 heridos. 

Los japoneses tuvieron apenas una docena de muertos y heridos y ninguna de sus naves resultó averiada de consideración.

Desde aquella noche trágica, los norteamericanos bautizaron aquella bahía como "Iron Bottom Bay", o "La bahía del Fondo de Hierro". En las siguientes semanas, decenas de miles de toneladas de naves bajarían también a aquel fondo, escenario de terribles batallas.

La superioridad industrial norteamericana volcó sobre el Pacífico recursos suficientes para acabar con tres o cuatro Teikoku Kaigun. Pese al valor demostrado por los marinos nipones, el peso de la formidable tecnología les aplastó sin remedio.

La II GM terminó con la rendición condicional del Japón en agosto de 1945. para entonces, la formidable Teikoku Kaigun, la armada más moderna y poderosa del mundo en 1941, había sido barrida de las azules e inmensas aguas del Pacífico por la abrumadora superioridad industrial y tecnológica de los EEUU. Sin embargo, el valor demostrado por sus hombres y la capacidad combativa de sus naves consiguieron que Japón pudiera resistir hasta agosto de 1945, siendo necesario desatar el doble holocausto nuclear para doblegarlo al fin.
4 VOTOS
Luisss4566Hace 9 años1
A estado interesante, sin embargo creo que con los factores de riesgo un buen oficial no hubiese entrado en combate, en mi opinión fue pura suerte lo que evitó que les descubrieran. Una acción muy temeraria que acabó bien para ellos.
Landser1510Hace 9 años2
Que se arriesgara tanto no quita que fuera un buen oficial. ¿Qué debía hacer? Dejar que los estadounidenses desembarcaran sus tropas con total impunidad era inadmisible. Conocía las cualidades de sus hombres y los defectos del enemigo y supo aprovechar la situación. Habría sido un insensato si hubiera atacado los transportes y el alba lo hubiera sorprendido todavía en aquellas aguas.
Luisss4566Hace 9 años3
No digo que no fuese una gran victoria, pero lo cierto es que fue una acción extremadamente temeraria y que no lo detectasen fue una suerte, y esa suerte es la que marca la victoria o la derrota, como el soldado que apuñala al guarda por la espalda aun habiendo otros 4 vigilando, que no le ven, por pura suerte. En definitiva, una acción desesperada por evitar que un enemigo superior desembarque en tu posición que fue apoyada por la Diosa Fortuna.
Martinix44293
Hace 9 años4
La verdad odio a los japoneses desd pearl harbor ec fue un ataque muy cobarde q merecio las 2 bombas atomicas.
Luisss4566Hace 9 años5
@Martinix44
Mostrar cita
La verdad odio a los japoneses desd pearl harbor ec fue un ataque muy cobarde q merecio las 2 bombas atomicas
Ese es un juicio muy injusto, realmente los civiles no tenían la culpa, he oido muchas teorías acerca de porque soltaron las bombas y desde luego ninguna es por venganza a lo de Pearl Harbor. PD: No te dejes influenciar por las peliculas...
Martinix44293
Hace 9 años6
@Luisss
Mostrar cita
@Martinix44
Mostrar cita
La verdad odio a los japoneses desd pearl harbor ec fue un ataque muy cobarde q merecio las 2 bombas atomicas
Ese es un juicio muy injusto, realmente los civiles no tenían la culpa, he oido muchas teorías acerca de porque soltaron las bombas y desde luego ninguna es por venganza a lo de Pearl Harbor. PD: No te dejes influenciar por las peliculas...
Yo se pero debes admitir que el ataque a pearl harbor tampoco fue justo ni muchas de las acciones japonesas por ejemplo hicieron casi lo mismo a los chinos que los alemanes a judios y si las bombas atomicas fueron lanzadas con razones secundarias como la de hacer temer a rusia pero si admito que las bombas atomicas fueron lanzadas en objetivos civiles y si eso tambien fue despreciable por parte de los americanos pro da igual...
Responder / Comentar
Subir
Grupo > Segunda Guerra > La mayor derrota naval estadounidense: la batalla de la Isla de Savo