
Probamos Teburu, un sistema de juegos de mesa que lee tus tiradas de dados y los movimientos de cada personaje y reacciona acorde
Innovar sin pervertir suena difícil, especialmente cuando hablamos de un medio tan establecido como el de los juegos de tablero. El tiempo nos ha dejado muy claro que la digitalización de algunos elementos es crucial para evolucionar: hoy en día, sacar el móvil y abrir una aplicación dedicada para cada juego es un proceso tan habitual que podemos considerarlo casi un estándar para los lanzamientos más grandes, pero hoy vengo a hablarte de un producto que lleva ese mismo principio a un nivel que, sospecho, vas a encontrar chirriante.
Se trata de un sistema de juego —esto es justo lo que lo hace tan especial— llamado Teburu, del estudio italiano Xplored. Es lo más parecido a una consola que vas a encontrar en el mundillo de las miniaturas y los cartones: te ofrece un soporte que puedes expandir indefinidamente comprando juegos compatibles. Y la experiencia que te ofrece es poco menos que una bomba para sus rivales de mercado, integrando fichas de personaje inteligentes, dados inteligentes, un tablero inteligente; y cómo no, disparando las posibilidades de la IA enemiga.
Entiendo que todo eso suena demasiado moderno así de primeras, casi como si estuviésemos deshonrando las muchas bondades del formato tablero; pero la realidad es que Teburu no sustituye ni sacrifica absolutamente nada del medio. Las partidas locales siguen ahí, al igual que las miniaturas, la colocación del escenario y de los marcadores. Lo que hace es más bien abrirte las puertas a que compartas partidas en línea con amigos desde una videollamada, o reducir las muchas barreras de accesibilidad que van de la mano del formato.
Aquí no tienes que dedicar una hora a leer las instrucciones para impartirlas de forma arbitraria en cada partida porque la aplicación hace las veces de DM, ni tampoco tienes que repartir infinidad de fichas pequeñas para representar tu equipamiento o recursos porque todo eso también se resuelve tocando una pantalla. Lo que tienes son las cosas verdaderamente divertidas: lanzar dados, mover figuritas por el escenario y tomar decisiones estratégicas con amigos. Es una solución de accesibilidad con un plus de inmersión. Te pongo un ejemplo.
El ejemplo práctico de Hoxfall
Recientemente, he estado jugando en Teburu a un kit demo de Hoxfall, un dungeon crawler para 1-5 jugadores que tiene previsto aterrizar en Gamefound el 21 de julio. El juego se ambienta en un laboratorio homólogo de los del Área 51 de Nevada en el que los experimentos con un mutágeno alienígena salen horriblemente mal, obligando a un pequeño número de supervivientes a unir fuerzas para luchar contra los monstruos que ahora campan a sus anchas. Algo así como Control o Half-Life, solo que en cooperativo y con otro formato, claro.
Abro la aplicación de Hoxfall en mi tablet y sigo las instrucciones para configurar la partida: jugaré solo, tomando el control de todos los personajes, en un único dispositivo. Indico la orientación de mi tablero y en función de la respuesta, me señala cómo debo colocar los cartones que dan forma al mapa, así como las fichas que van por encima de estos últimos para representar a los supervivientes, los objetivos y ciertos elementos ambientales, como puertas o ventanas.
Tras escuchar una introducción narrativa, tomo el control de los personajes. La interfaz de mi tablet muestra toda la información temporal: escudos, salud, armas equipadas, munición, habilidades activas y duración, presupuesto para comprar nuevas habilidades o puntos de acción gastados y disponibles, entre otras cosas. No necesito marearme con fichas pequeñas de cartón o cartas para esas cosas. Pero la interacción con el escenario es intachable.
Cuando me muevo, escucho pisadas. Si entro en contacto con enemigos, también los escucho gruñir y aullar en la distancia; lo mismo para disparar. El proceso de abrir una puerta mecánica es tan sencillo como levantarla físicamente del tablero: el juego reconoce que estaba ahí en primer lugar, reproduce un efecto de sonido y actualiza el mapa para revelar lo que hay detrás, dándome tiempo para despejar la niebla de guerra y colocar nuevos enemigos que se ocultaban en la oscuridad.
El combate es igual de táctil. Al disparar con un arma de fuego, señalo al objetivo moviendo hacia la casilla correspondiente una miniatura con un hacha enterrada en carne alienígena (todas de resina, por cierto, no sé si la versión final saltará al plástico) lo que su vez modifica la interfaz indicándome los ataques de los que dispongo junto con una previsualización de mis dados y las consecuencias que pueden tener mis acciones dependiendo de mi suerte.
Tomo una decisión y lanzo los dados. La aplicación reconoce automáticamente los resultados, porque los dados están vinculados al tablero, y después de una animación veo qué ha pasado sin haberme estudiado las reglas para determinarlo yo mismo haciendo cuentas: veo qué monstruo muere, cuál está incapacitado y por qué ha ocurrido cada cosa. Aprendes sobre la marcha, como lo harías en un videojuego, conforme los iconos bailotean para ilustrar cada efecto y evento.
Los eventos importantes de la historia, como el cumplimiento de objetivos de importancia o la pantalla de game over, también transcurren en la aplicación. Es una manera más inmersiva de hacer lo mismo: quitar las partes engorrosas y dejar las emocionantes. Ese es el tipo de jugabilidad que propone Teburu. Por su parte, Hoxfall es solo un kit demo, de momento. La versión final tiene previsto ofrecer un sistema de combate cuerpo a cuerpo rediseñado, mejor intercambio de armas y consumibles entre jugadores y otras cosas del estilo.
¿Es el futuro de los juegos de mesa de verdad?
En cierto modo, lo de Teburu es el presente. Como te decía más arriba, eso de digitalizar parte de la experiencia no es nada nuevo: también lo puedes ver en, por ejemplo, Mansions of Madness (Mansiones de la Locura en España) que también tiene una aplicación acompañante. Entiendo que siendo un medio más analógico por naturaleza, no todo el mundo estará igual de contento con la idea y definitivamente es probable que algún sibarita diga que eso ni es tablero ni es ná'.
A mí, en lo personal, Hoxfall y por extensión Teburu sí me parecen fieles a lo que espero encontrarme en un juego de mesa; aunque reconozco que eso de llevar la tablet conmigo para jugar no es lo más práctico. Como tampoco lo es cargar la batería de los dados o actualizarles el firmware. En cierto modo, es casi distópico ¿verdad? Y tampoco sé hasta qué punto mis amigos están dispuestos a dejarse 100+ euros en una herramienta que en parte es de cartón para jugar a cosas que ya de por sí también tienen un coste más alto que el de los videojuegos.
Pero quitando de la ecuación esas barreras imaginarias o de accesibilidad, lo cierto es que el producto en sí es bueno. Mucho. Creo que es un tipo de juego inmersivo, que agiliza enormemente el proceso de aprendizaje; que no quita, sino que suma. Eso de que la mesa lea al instante y con precisión tus miniaturas, su localización, sus objetivos y que la manera de interactuar con el juego sea moviendo y tocando y levantando fichas es un puntazo. Estoy seguro de que hará mella en el medio.
Lo que no veo es que vaya a revolucionar nada de la noche a la mañana, sobre todo porque los grandes clásicos no necesitan de muchas explicaciones. Quien juega habitualmente a Zombiecide no tiene problemas a la hora de montar la mesa, y entenderá al vuelo las reglas de otros juegos parecidos o nuevas ediciones de su favorito. Es cuestión de acostumbrarse, como todo. Así que cuando pienso en Teburu, lo que veo es más bien una cuestión de potencial.
No me cuesta imaginar que Teburu inspire una serie de juegos con mecánicas que hasta ahora no se podían llevar a cabo, especialmente pensando en la IA enemiga o la gestión de las miniaturas. Que terminemos llegando a ese punto depende de que juegos como Hoxfall triunfen, que está un poco por ver por aquello de los gastos iniciales que comentaba arriba. Tiene el interés que necesita, al menos, y es probable que muchos curiosos del medio terminen pasando por caja. Yo me lo plantearía, como mínimo.
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