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Coches de lujo, tuning y Doom: La curiosa historia de cómo Ferrari dejó de vender coches a John Carmack

Coches de lujo, tuning y Doom: La curiosa historia de cómo Ferrari dejó de vender coches a John Carmack

Por  /  17 de enero de 2021       
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Seguro que ya sabes que muchos desarrolladores han sentido verdadera pasión por los vehículos. Sin embargo, una de las historias más potentes es la que llevó a John Carmack a pasar de sentir una conexión total con Ferrari, a tener vetada la compra de sus coches. ¿Qué pasó? La pasión por el tuning del autor de DOOM y Wolfenstein 3D fue la clave.

Aunque hace años ya que John Carmack está retirado de la industria del videojuego, su etapa al mando de id Software durante los años noventa todavía es recordada con cariño por miles de aficionados. Prodigio de la programación desde su juventud, Carmack fue junto a su equipo uno de los principales responsables de la expansión del PC como plataforma de videojuegos. Tanto por sus avances en materia gráfica como por concebir el género del First Person Shooter tal y como lo conocemos, firmando éxitos uno tras otro como Wolfenstein 3D o la saga Doom y la serie Quake. Aquellos triunfos convirtieron a Carmack, así como a sus socios, en millonarios de la noche a la mañana, quienes dilapidaron su recién encontrada fortuna, como marcan los cánones del american dream, en adquirir coches de lujo.


Por el garaje de id Software se dejaron ver en un momento u otro Corvettes, Lotus, Hondas de alta gama o el Pontiac Trans Am, popularizado gracias a la serie de televisión El coche fantástico. A John Romero, el otro principal rostro visible en la fundación de id Software y cuya guerra con Carmack puedes leer en este artículo, era habitual verle a bordo de su inmenso Hummer H1, por si fuera poco, pintado de color amarillo chillón, el cual venía equipado con un completo sistema de sonido. Bólidos excepcionales todos que sin embargo no interesaban a Carmack, quien, apasionado por la velocidad, se mantuvo siempre fiel a Ferrari, la marca del cavallino rampante, por la que demostró auténtica devoción.


El día que John Carmack se marcó un Fast & Furious

Coches de lujo, tuning y Doom: La curiosa historia de cómo Ferrari dejó de vender coches a John Carmack

El primero que adquirió, gracias a los beneficios de Wolfenstein 3D, fue un Ferrari 328 GTS. Un extraordinario automóvil -la versión elegante, en palabras del propio Carmack, del coche de Magnum P.I.- que se hizo muy famoso años más tarde, ya que probablemente cansado de él, lo ofreció como premio al ganador del torneo Red Annihilation, uno de los primeros grandes torneos de e-sports de la historia, que durante el E3 de 1997 desafió a más de dos mil aspirantes a convertirse en el mejor jugador de Quake del mundo. El ganador, considerado por algunos periodistas como el primer jugador de e-sports profesional, fue Dennis "Thresh" Fong, a quien Carmack en persona entregó las llaves ahí mismo. Desgraciadamente Fong tuvo que deshacerse del coche no mucho después, pues sus costes de mantenimiento eran demasiado elevados. No solo por el alto precio de mantener un Ferrari, ya considerable de por sí, sino también porque se encontró bajo su capó toda una sorpresa: su motor había sido radicalmente tuneado por completo.


John Carmack y su Ferrari F-50 en las páginas de Edge MagazineJohn Carmack y su Ferrari F-50 en las páginas de Edge Magazine

Carmack estaba obsesionado con la velocidad. Esa misma obsesión que años más tarde le llevó a fundar una empresa con la que diseñar sus propios cohetes suborbitales. Había elegido Ferrari en un primer momento por la belleza de sus líneas, pero muy pronto descubrió que gracias a su potencia podía alcanzar velocidades que jamás hubiera podido ni imaginar con el Volkswagen Jetta con el que aprendió a conducir. Carmack disfrutaba corriendo a toda velocidad por la autopista que llevaba a su oficina, pero apasionado como era de la mecánica y la ingeniería, en cierto momento se preguntó si no podría aplicar los principios básicos del tuning a su Ferrari y así hacerlo todavía más veloz.


El único mecánico que respondió a su demanda fue Bob Norwood, un mecánico de Dallas especializado en la restauración de Ferraris, quien se hizo infamemente conocido entre los fanáticos de la marca italiana porque no tenía problema alguno en trastear con sus motores. En 2010, por ejemplo, consiguió que un 288 GTO superase los cuatrocientos kilómetros por hora, obteniendo el récord al Ferrari más veloz del mundo. Norwood tomó los diferentes Ferrari de Carmack sometiéndolos a un radical ejercicio de modificación, que en el caso de su Testarossa -adquirido gracias a las ventas de Doom- triplicó su potencia hasta conseguir más de mil caballos. Para la mayoría de aficionados al motor aquello era poco más que una herejía, a la que Carmack hacía oídos sordos, participando a menudo en drag races con sus bólidos. En cierta ocasión, como cuenta David Kushner en Maestros del Doom, el alcalde de Mesquite le cedió las pistas del aeropuerto de la ciudad para poder celebrar aquellas carreras, agradecido por todo el material que su estudio había donado a la policía de la ciudad.


Carmack consiguió sumar a su colección particular, gracias al éxito de las sucesivas entregas de Doom y Quake, otros Ferrari de ensueño: como el mítico superdeportivo F40 o el igualmente memorable F50, del que solo se construyeron 349 unidades en todo el mundo. Pero aquella pasión por los Ferrari llegó a su fin. La mayoría de fuentes aseguran que en cierto momento la propia marca, que nunca ha tenido problemas en vetar a posibles compradores por más dinero que tengan, no le permitió adquirir nuevos bólidos, probablemente por aquella predilección tan mal vista a modificar su mecánica. La misma leyenda afirma que algo muy similar le sucedió en un concesionario de McLaren, donde ni siquiera le permitieron probar el F1 que ansiaba adquirir.



Desde hace unos años, Carmack no ha conducido otra cosa que vehículos de la marca Tesla. Desde el clásico Roadster al más reciente P100D, anunciado por la marca de Elon Musk como el coche más rápido del mundo, capaz de acelerar de 0 a 100 km/h en poco más de dos segundos y medio. Carmack siempre ha cantado alabanzas a los Tesla, asegurando que son tan buenos que no es necesario tunearlos. En su opinión son perfectos tal y como están. Seguro que no ha tenido ningún problema en adquirir ninguno de ellos, dada su buena relación con Musk, aunque el primero que tuvo se lo regaló su mujer, Anna Kang, por uno de sus cumpleaños. Desde entonces Carmack se ha convertido en uno de los mayores valedores de la marca, dejando atrás aquella época en que se dedicaba a trastear con los coches más deseados del mundo.


Una lectura:

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How to Make a Spaceship: A Band of Renegades, an Epic Race, and the Birth of Private Spaceflight
Al hablar de Carmack lo fácil sería recomendar una vez más Maestros del Doom, pero ni que sea para variar un poquito, dejadme recomendaros este libro de Julian Guthrie, el cual relata la vida y milagros de los primeros empresarios en apostar por el vuelo espacial. Entre ellos naturalmente está Carmack, de quien nos cuenta como pasó de desarrollar videojuegos a diseñar cohetes suborbitales.


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