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Más allá del vídeojuego: Uncharted 4 y el Miedo a Madurar

Más allá del vídeojuego: Uncharted 4 y el Miedo a Madurar

Por  /  27 de septiembre de 2016       
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Naughty Dog siempre cumple con lo que promete en cuanto a entretenimiento brillante y jugabilidad exquisita. Pero, como si de los Christopher Nolan del videojuego se tratara, también son capaces de aunar el espectáculo del taquillazo palomitero con los grandes temas que llegan y "tocan". Uncharted 4 habla sobre muchas cosas, pero una de las más fascinantes es el miedo de Nathan Drake a hacerse mayor.

ADVERTENCIA El ÚLTIMO PÁRRAFO de este artículo contiene SPOILERS importantes de Uncharted 4.


Un videojuego tan rico como Uncharted 4: El Desenlace del Ladrón trata numerosos temas. Los más obvios son la aventura en sí misma, la búsqueda del tesoro o el legado de los piratas; y algo más soterrados, pero con idéntica importancia, están otros como la familia o la amistad. Sin embargo, el que más tiene que ver con el propio Nathan Drake es el de ese temido momento para muchos hombres en el que se está cerca de alcanzar la madurez y, en cambio, uno sigue anclado en su pasado. El propio héroe del videojuego está lejos de los aburridos arquetipos monocromáticos de los últimos tiempos por los que los personajes de los lanzamientos de acción ni sienten ni padecen y, mucho menos, se hacen preguntas sobre quiénes son o hacia dónde van. Nathan, en cambio, sí hace todas esas cosas. Nathan quiere seguir teniendo 20 años, quiere vivir al filo de la muerte, y se siente incómodo en la normalidad y la monotonía. Para comprobarlo basta con recordar su manifiesta torpeza viviendo dentro del sueño de su esposa, Elena, que busca una vida cómoda y tranquila enroscada a él en un sofá viendo la tele o "jugando a la Play"… literalmente. Y hay una identificación que muchos hombres sienten con Drake en este mismo sentido. Da miedo hacerse mayor.


Como es obvio pocos de nosotros hemos tenido, tenemos o tendremos una vida de aventuras tan flamígera como la suya, pero en cuanto al pavor a convertirnos en adultos sí podemos encontrar muchos parecidos con el personaje creado por la guionista Amy Hennig, y llevado hasta cotas increíbles de veracidad con, entre otras, esta cuarta aventura, ideada por el también escritor Neil Druckmann.


¿Alguien imagina a Nathan como un padre responsable que se acuesta pronto y lleva temprano a sus hijos al colegio?Éste último, en una edad que ya supera (aunque no por mucho) la del propio Nate, seguro que ya ha pasado por lo que sufre Nathan, y es que se notan en su obra patrones repetitivos que tienen que ver con la familia, la paternidad o la madurez… The Last of Us, ejem, ejem. Pero, ¿qué tiene que ver todo esto con Uncharted 4? Llevando a cabo una síntesis muy rápida, en este juego el aventurero lleva una vida más tranquila que en entregas anteriores. Ahora trabaja como buzo llevando a cabo encargos rutinarios de poca monta, vive con Elena en un agradable nidito de amor y, definitivamente, no es del todo feliz. Lo notamos en varios momentos antes de que arranque la aventura propiamente dicha: Lo percibimos cuando aprovecha la más mínima ocasión para enredar con una pistola de juguete en la buhardilla de casa rememorando viejos tiempos, y también nos damos cuenta de ello cuando mira evocadoramente una estampa de una playa desértica acordándose de periplos pasados o, quizá, soñando con los que están por venir.


Es tal la conexión de Nathan con algunos de nosotros que, en un momento determinado de una informal conversación con Elena en el sofá del tipo de "¿qué tal tu día?", ella interrumpe la narración de cómo ha ido el suyo cuando se da cuenta de que él no le está prestando atención, y le hace la aterradora pregunta que teme todo hombre: "¿me estás escuchando o estás en tu mundo? ¿Ah, sí? ¿Me escuchabas? Pues entonces, ¿qué te estaba contando ahora mismo?" Pilla a Nate… Y nos pilla a nosotros también. En Naughty Dog, conscientes de que tenemos tanta sed de aventuras como el propio Drake, son tan crueles que nos formulan la pregunta a nosotros para que la contestemos. A pesar de que estábamos oyendo a Elena tan bien como Nathan, pocos de nosotros la estábamos escuchando de verdad. En realidad, compartíamos el sueño del protagonista, y queríamos estar colgados de un tren descarrilando o volando en un avión en llamas junto a él. Que levante la mano el que, cuando el juego nos hace esa pregunta con las cuatro alternativas para contestar, acertó el tema del que estaba hablando Elena sin recurrir a la suerte. ¡Ojalá en las conversaciones con las parejas en la vida real tuviéramos también la opción de tener cuatro posibles respuestas a esa cuestión! Así, al menos, tendríamos un 25% de posibilidades de dar en el clavo.


Ser niño en la saga Uncharted no es algo nuevo, en el caso de Uncharted 4 ayuda a entender mejor la evolución de Nathan Drake. Ser niño en la saga Uncharted no es algo nuevo, en el caso de Uncharted 4 ayuda a entender mejor la evolución de Nathan Drake.

El caso es que acierte o falle la contestación, Nathan no está del todo cómodo. Se esfuerza, pero no está en su elemento. Así que cuando aparece repentinamente su hermano, tiene ante sí un problema en forma de la nueva aventura que él le propone, pero también ve en ello una posibilidad de liberación. De ese modo no duda en alistarse a solucionar los problemas de un familiar directo y perpetuamente metido en líos y, de paso, deshacerse de las cadenas de la rutina. Lo que pasa en la aventura, por fascinante que sea, no nos interesa ahora. Lo que sí nos incumbe es que Nate miente a Elena, no le habla de su hermano ni de los riesgos de su presencia, y le dice que le ha surgido un viaje de trabajo a miles de kilómetros y que tiene que marcharse unos días. ¿Por qué oculta la verdad el protagonista? No es común, y menos en un videojuego, que se aborden con esa seriedad los problemas de pareja y las falsedades que los miembros de éstas a menudo formulan para mantener la estabilidad cuando todo se derrumba. Sin embargo, y aunque sea difícil compartir la decisión, sí podemos descifrar que posiblemente él toma el camino del embuste para no resquebrajar una relación que ya se había roto en el pasado por la inclinación de Nathan a "no parar mucho por casa" en general, y a arriesgar su vida en particular. Naughty Dog pone patas arriba el mito clásico de El Camino del Héroe haciendo comenzar a Uncharted 4 con una mentira, y acercando a Nate al ser humano que es tan común en nuestro tiempo y que, en realidad, tan pocas veces vemos en los videojuegos: El que es débil e inseguro, el que camina sobre titubeantes pies de barro.


Quedarse con que el detonante de todo esto sólo es su hermano sería muy obvio. La razón que hay debajo de la marcha de los Drake es un poco más compleja y tiene que ver con el miedo a madurar. Tal y como se desarrollan Uncharted 2 y 3, y tal y como comienza Uncharted 4; ¿Alguien imagina a Nathan como un padre responsable que se acuesta pronto y lleva temprano a sus hijos al colegio? Cuesta hacerlo, desde luego, y en realidad más fácil que ello es intuir vértigo y sudor frío corriendo por la frente de Nate en el momento en el que Elena le formulara su deseo de tener descendencia. Si hemos tenido prole seguro que muchos hemos vivido el pavor previo a tenerla y, si todavía no somos padres, seguro que conocemos a alguien que lo es y a quien la decisión le causó una enorme crisis de inseguridad y miedo.


El bueno de Sully es golfo, soltero y aventurero ya veterano. ¿Es eso en lo que queremos que Nathan Drake se convierta? El bueno de Sully es golfo, soltero y aventurero ya veterano. ¿Es eso en lo que queremos que Nathan Drake se convierta?

Pero no hace falta irse tan lejos para encontrar puntos en común con nuestro alrededor. A todos nos gusta salir de fiesta, ¿verdad? Y muchos de nosotros hemos tenido parejas que preferían que pasáramos esos sábados por la noche a su lado, antes que en bares y discotecas, ¿no? ¿Sabes qué? Nathan no es tan distinto. Cambia los paraísos tropicales por una sala de fiestas, y empieza a imaginar que el protagonista eres tú y que los secundarios de El Desenlace del Ladrón son arquetipos que puedes ver fácilmente a tu alrededor una noche. Sully, por ejemplo, es ese amigo que tiene dos años o tres más y al que conocimos por ser todo un especialista en repetir cursos en el instituto. Aficionado al alcohol caro y a los puros, el Sully de nuestro grupo de amigos (inserta su nombre aquí) es fanfarrón, cuenta historias de las que sólo nos creemos la cuarta parte y disfruta entonando batallitas sobre su habilidad para hacer el amor a bellas mujeres. Es entrañable y golfo, y no puede faltar en tu grupo de amigos. ¿Y qué me dices del hermano, Samuel Drake? No hace falta que sea, literalmente, un familiar porque todos tenemos también en nuestro grupo de amigos a un colega experto en meterse en líos, y por el que sentimos un enorme cariño que nuestra media naranja nunca llegará a entender. Lo tiene todo, o quizá muy poco, pero vive empeñado en tirarlo por la borda, siempre metido en líos, debiendo dinero a quien no debería, y con más de un dedo roto en alguna bronca que otra. Y Chloe, claro, tampoco falta. ¿Nunca se quedó "tu Elena" en casa porque estaba cansada ese sábado noche, y ese día conociste en la pista de baile a una morena impresionante con una preciosa cara que llevaba la palabra "Problema" escrita en la frente? Sí, esa bomba que, por unos minutos y empujado por el alcohol, te hizo plantearte cosas con su voz sexy y sus labios carnosos.


Entonces soñamos con Elena durmiendo en casa y viene la nostalgiaPero entonces, y como le sucede a Nathan, cuando suena la última canción de la discoteca y se extingue la música para que se enciendan las luces, el sueño se desvanece y la aventura de disparos, piratas y tesoros en un paraíso tropical también concluye. A esa chica de curvas espectaculares y pelo azabache, que entre los exiguos focos rojos y verdes de la fiesta parecía el idilio de nuestra vida, la nueva luz blanca y omnipresente no le hace ningún favor. Nuestro Sully no está acodado elegantemente en la barra bebiendo un ron añejo en copa y disfrutando de la sonrisa pícara de una bella jovencita, sino que apura solo, con prisa y dando tumbos un triste Brugal-Cola en vaso de tubo mientras acaricia la marca de una bofetada en la mejilla. Tu "hermano" Samuel mira en el espejo de los sucios baños de la sala su recién estrenado labio roto, y recorre con la lengua sus dientes, rezando para que no falte ninguno tras su enésima pelea de la que, esta vez, no estábamos cerca para sacarle. Entonces soñamos con Elena durmiendo en casa y viene la nostalgia, y volvemos a casa lamentando no haber pasado la noche con ella viendo una peli clásica en blanco y negro, apenas acompañados de un par de copas de vino. El cuerpo nos pedía la aventura, pero en realidad la aventura era ella.


Repetimos la pregunta: Cuando empieza Uncharted 4, ¿alguien imagina a Nathan como un padre responsable que se acuesta pronto y lleva temprano a sus hijos al colegio? (ATENCIÓN, SPOILERS) En el momento en el que acaba El Desenlace del Ladrón y se encienden las luces de la discoteca sabemos que sí, que podemos imaginarlo. Pero, para conseguirlo hace falta una fase de maduración que será la que se desarrolle a lo largo de la aventura de su último gran "sábado noche". Nathan, en ese inevitable y resacoso domingo por la mañana, cede y se amolda a lo que Elena desea que haga con su vida, y la propia Elena cede también y pone de su parte consciente de que no puede cambiarlo, pero sí moldearlo. Quizá ya no haya incertidumbre ni tampoco la emoción del riesgo de morir en sus vidas, pero desde luego sí habrá lugar para periplos exóticos (esta vez de los dos juntos), y también para viajar y ver el mundo de la mano. Al final tener una pareja puede verse como una batalla constante en la que cualquier diferencia genera inestabilidad y enfrentamiento; o, por el contrario, como un proceso de paz continuo donde la negociación entre las dos partes permite alcanzar ententes, estrecha aún más los lazos y ayuda alcanzar juntos una línea de meta tan hermosa como la que vemos en el prodigioso epílogo del Desenlace del Ladrón. Toda una lección para todos los que ya colgamos con la punta de los dedos del precipicio de la cálida juventud, y comenzamos a sentir en los talones el frío de la madurez.


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