En este juego eres un oso que recibe clientes en su bata de estar por casa, y no me puede gustar más

Bear and Breakfast es una mezcla entre cozy y city builder que tiene una personalidad única

Bárbara Gimeno

Colaboradora

La verdad es que, a primera vista, la premisa de este juego parece salida de una especie de sketch: eres un oso, te llamas Hank, y decides abrir un bed & breakfast en medio del bosque. Pero Bear and Breakfast (2022), de Gummy Cat Studio, no es solo una ocurrencia simpática y ya, sino que es uno de esos juegos donde lo que se ve a primera vista esconde un diseño de gestión inteligente, una narrativa más que cálida y un arte que parece un cuento.

El resultado es un juego que combina la serenidad de un cozy game con las capas de estrategia propias más bien de los citybuilders. Todo con un humor ligerito, unos personajes entrañables y una visión muy particular sobre lo que significa acoger a otros.

Un oso con vocación hotelera

Hank no es un héroe épico, ni tampoco ninguna especie de granjero legendario. Es un oso que un día, con la ayuda de sus amigos y vecinos del bosque, descubre que puede ganarse la vida dando alojamiento a turistas humanos que andan un tanto despistados. Y aunque la idea es una  ocurrencia total—pocas veces se ha visto a un oso regentando un B&B—, el juego nunca cae en lo ridículo: al contrario, convierte ese punto extraño en encanto más.

La narrativa funciona en cierta manera como una fábula moderna. Hank es ingenuo, amable, con un toquecito torpe que me encanta. Su papel no es conquistar nada, sino construir un espacio acogedor para otros. Y esa premisa refleja muy bien el corazón de los cozy games contemporáneos: el jugar como una forma de cuidarse.

El núcleo de Bear and Breakfast está en la construcción y decoración de habitaciones. Los jugadores empezamos con una cabaña en ruinas y poco a poco, con recursos y creatividad, la vamos convirtiendo en un hotel improvisado.

Cada huésped humano llega con unas expectativas distintas, tal como pasa en la vida real: algunos valoran más la limpieza, otros el estilo y otros la comodidad. Hay que ir equilibrando recursos, estética y funcionalidad. Y todo se hace a través de una interfaz bastante amigable y sencilla.

Al contrario de otros simuladores de gestión más fríos y técnicos, Bear and Breakfast apuesta por el ritmo lento, la accesibilidad y el humor, claro. Los errores no arruinan nuestra partida sino que nos invitan a probar de nuevo.

Arte encantador, humor entrañable

Uno de los aspectos más aplaudidos de Bear and Breakfast es su dirección artística, cosa que salta a la vista. Todo parecen ilustraciones hechas en un cuaderno de bocetos, con colores suaves, formas redondeadas y animaciones fluidas. Hank y sus amigos animales —cada uno con su personalidad, por supuesto— parecen salidos de un libro infantil, pero con diálogos lo bastante irónicos como para divertir a jugadores adultos.

El humor, como decíamos, es clave: los huéspedes humanos no parecen extrañarse demasiado de que un oso les traiga toallas limpias. Los NPC sueltan frases divertidas, comentarios absurdos y hacen guiños a la cultura pop. Esa combinación de inocencia y picardía es la que hace que el juego no sea simplemente “adorable”, sino también verdaderamente entretenido.

Más allá de gestionar habitaciones, Bear and Breakfast también nos va contando una historia ligera sobre el bosque, sus habitantes y las tensiones con el mundo humano. El turismo, la explotación de los recursos y la convivencia entre especies están presentes como telón de fondo, aunque sean tratados con humor y suavidad.

Aún así, el mensaje implícito es claro: el valor de la hospitalidad y la comunidad frente a la lógica fría del beneficio. Mientras las grandes cadenas hoteleras arrasan con la naturaleza, Hank ofrece un refugio hecho con cariño, adaptado a las necesidades de cada huésped y que respeta el entorno al máximo.

Esa dimensión narrativa diferencia al juego de otros simuladores de gestión más abstractos, ya que aquí no construyes por construir, sino que cada ampliación del B&B es también un paso más en la historia de Hank y sus amigos.

Cozy management: un género emergente

Lo interesante de Bear and Breakfast es cómo encaja y destaca dentro de un fenómeno mayor: el auge de los cozy management games, títulos que combinan la gestión de recursos con ese enfoque relajado y accesible propio de nuestros cozys favoritos.

Si Stardew Valley nos demuestra que la rutina en una granja podía ser cálida y llena de emociones, y Animal Crossing nos enseñó que coleccionar muebles podía ser una forma de expresión personal, Bear and Breakfast lleva ese espíritu al terreno de la hostelería.

Así, en lugar de cifras abrumadoras y una sensación de presión constante por ser exitosos, el juego nos propone un espacio donde las decisiones importan, claro, pero sin ese estrés que define a los tycoon clásicos. Es gestión, sí, pero gestionando como un oso: con calma y con humor.

Bear and Breakfast ha sido comparado con Animal Crossing por su tono adorable y por el protagonismo de los animales, con The Sims por su capacidad para construir  espacios y con Stardew Valley por su narrativa. Sin embargo, me atrevo a decir que tiene identidad propia.

Mientras Animal Crossing se centra en la vida personal y la decoración, y Stardew en la agricultura y las relaciones, Bear and Breakfast gira en torno a la hospitalidad como mecánica central. Aquí, lo importante no es solo construir algo bonito, sino hacerlo pensando en las necesidades de los demás. O sea, que es un juego sobre empatía aplicada al diseño de habitaciones.

El oso que humaniza la gestión

Lo verdaderamente especial de Bear and Breakfast es cómo su protagonista transforma la experiencia. Hank es un oso con personalidad, ingenuo pero dedicado. Y eso cambia la forma en que jugamos.

En otros juegos de gestión tradicionales, el jugador es una especie de entidad invisible que va moviendo los hilos. Aquí, eres un personaje con voz y cara, con vínculos afectivos y con una historia detrás. Esa decisión narrativa acerca al jugador a su rol, y convierte la gestión en algo más humano y emocional.

Hank no gestiona para maximizar beneficios sino porque quiere ver sonreír a sus huéspedes. Y al hacerlo, el juego nos recuerda que el objetivo de la hospitalidad está en el cuidado, no en la cuenta de resultados.

Bear and Breakfast es un juego que sorprende porque consigue algo poco común: hacer que la gestión, un género a menudo asociado con el estrés y la optimización, se convierta en una experiencia acogedora y entrañable.

Su humor, su arte y su narrativa lo convierten en una joya dentro del panorama cozy, y su protagonista —ese oso bonachón que prepara habitaciones como si fueran abrazos— es una de las creaciones más memorables de los últimos años.

Bear and Breakfast propone algo diferente: que el acto de recibir y cuidar a otros puede ser tan emocionante y satisfactorio como derrotar a un dragón. Y que, a veces, la mejor aventura es la de poner unas sábanas limpias, un desayuno caliente y una sonrisa sincera.

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