Vamos a ser sinceros, vamos corriendo a todas partes. Te traigo la solución para cuando quieres frenar

Puzzles minimalistas, música envolvente y una estética que acaricia los sentidos: así son los títulos que apuestan por la contemplación en vez del frenesí

Bárbara Gimeno

Colaboradora

En un pequeño rincón lleno de serenidad dentro del enorme universo de los videojuegos, lejos del ruido de los disparos, de los mundos saturados de estímulos y de las mecánicas que exigen reflejos ultra milimétricos, se despliega una corriente silenciosa que nos seduce de forma muy distinta.

Me refiero a los juegos de puzzles minimalistas: pequeñas piezas de diseño interactivo donde la estética, la música y la mecánica se mezclan para ofrecer una experiencia que realmente es más sensorial que lúdica y más introspectiva que competitiva, claro. Juegos como Monument Valley, ELOH, Kami 2 o Hook no buscan impresionarnos con grandes efectos ni narrativas épicas. Su apuesta es otra, la de invitar al jugador a detenerse, respirar y contemplar.

En esta categoría no hay ni cronómetros, ni enemigos, ni puntuaciones. El reto no está en la velocidad, sino en la atención al detalle. Cada nivel es un espacio ordenado con precisión. Y en ese ritmo pausado, donde cada elemento visual y sonoro parece cuidadosamente elegido, se produce una forma distinta de conexión, una que es mucho más emocional y sensorial.

Geometría que emociona

Pocos juegos definen tan bien esta filosofía de la que estábamos hablando como Monument Valley. Desarrollado por ustwo games, su propuesta está basada en la manipulación de arquitecturas imposibles que se inspiran en las obras de M.C. Escher. Sus escenarios flotan en el vacío, van girando, se pliegan sobre sí mismos, engañan a nuestros ojos y juegan con la percepción. Pero más allá del ingenio técnico, hay algo especialmente poético en guiar a Ida, nuestra protagonista, a través de esos paisajes tan de ensueño. Todo en el juego respira elegancia: las paletas de colores suaves, la simetría perfecta, las animaciones fluidas... el puzzle, aquí, se convierte en coreografía.

Esa misma atención al detalle la encontramos también en Kami 2, aunque desde otra estética: la del origami. Cada nivel nos propone desplegar patrones de papel hasta que todo el escenario quede de un solo color. Pero el verdadero placer está en el sonido, ese crujido suave del papel doblándose, el golpe seco al desplegarlo, la respuesta táctil en pantalla. Resolver cada puzzle es un pequeño ritual en el que no hay urgencia, solo repetición, ritmo y sobre todo, satisfacción visual.

Kami 2 es una auténtica delicia (y nada fácil)

Hook, por su parte, lleva el minimalismo al extremo de los extremos. No hay tutoriales, menús ni colores brillantes. Su mundo está hecho de líneas y puntos, de estructuras mecánicas que deben desenredarse en el orden correcto para poder resolver el puzzle. No hay ningún texto que lo explique, solo un sonido sutil y un entorno en blanco y negro. Sin distracciones, cada movimiento se convierte en una decisión lógica y estética. Es un juego que, a pesar de su aparente frialdad, transmite una paz extraña pero fantástica.

Escuchar para poder resolver

En esta escuela de diseño, hay un elemento muy importante, la música, que no es ningún añadido sino que es parte integral de la experiencia. En ELOH, por ejemplo, cada puzzle se construye sobre una base rítmica concreta. El jugador debe ir colocando máscaras animadas para redirigir pelotas que rebotan en el escenario, y cada rebote genera una nota musical. Así, la solución correcta no solo se ve sino que se oye, una mecánica súper original. Resolver el puzzle significa armonizar el sonido y, al hacerlo, los jugadores sentimos que componemos una pieza única, donde la lógica y el ritmo van de la mano.

Linelight, otra joya del género, apuesta por una atmósfera más etérea. El jugador controla una línea de luz que se va desplazando por circuitos abstractos, resolviendo puzzles que giran en torno a interruptores, puertas y secuencias. La música —ambiental, suave, incluso os diría que hipnótica— acompaña cada movimiento con pequeños zumbidos melódicos. Hay una emoción constante que va en aumento, es como recorrer una partitura interactiva, donde cada nivel le va añadiendo una nueva frase al tema principal.

Incluso el silencio se puede convertir en un recurso narrativo. En Hook, por ejemplo, no hay música en absoluto, solo el clic de los mecanismos al activarse y el zumbido apagado de una línea al retraerse. Esta ausencia refuerza la concentración todavía más. El jugador se aísla del exterior, entra en una especie de burbuja sensorial donde lo único que importa es ese rompecabezas.

La estética de ELOH y su originalidad le hacen especial

Narrar sin palabras

Otro rasgo distintivo de estos juegos es su forma de contar historias sin recurrir al lenguaje tradicional. En Monument Valley, hay una narrativa detrás que se revela en pequeños fragmentos; una relación entre madre e hija, una historia de pérdida y reencuentro que nunca se verbaliza. Se puede intuir en los gestos, en los escenarios, en las miradas. Es una narrativa totalmente emocional.

Zenge, menos conocido pero igualmente fantástico, sigue esta misma línea. Cada puzzle resuelto nos revela una imagen estática, una viñeta que va construyendo la historia de un viajero solitario. No hay diálogos ni textos, solo ilustraciones y música, pero eso basta para conmovernos. La narrativa se vuelve emocional porque le exige al jugador llenar los huecos con su propia interpretación.

Este enfoque narrativo contrasta bastante con la tradición del videojuego como espectáculo. Aquí no hay giros dramáticos ni mundos abiertos sino que la historia está en la atmósfera, en los espacios vacíos y, sobre todo, en lo que no se dice. El jugador no solo participa resolviendo el puzzle sino que también interpreta, proyecta y siente lo que le dice el juego.

Este enfoque narrativo contrasta bastante con la tradición del videojuego como espectáculo. Aquí no hay giros dramáticos ni mundos abiertos sino que la historia está en la atmósfera

Quizás por eso estos juegos conectan de manera tan íntima con nosotros. En un momento vital hasta arriba de notificaciones constantes y de entretenimiento acelerado, estos juegos nos ofrecen un refugio. Jugar a ELOH o Linelight no es desconectar, sino todo lo contrario: es conectar con una parte más tranquila del pensamiento.

Más allá del reto, hay una experiencia sensorial cuidadosamente diseñada. El tacto, el color, el ritmo e incluso el vacío. Todo está medido para crear un estado de concentración placentera. Son juegos que invitan a vivir la vida de forma más pausada, más contemplativa y mucho más atenta.

En definitiva, los juegos de puzzles minimalistas no son solo una corriente estética, sino que son también una declaración de intenciones. Frente al exceso, proponen contención; frente a la hiperproductividad, proponen jugar por el simple acto de jugar; frente al ruido, proponen silencio. Y en ese gesto aparentemente tan pequeño, revelan una gran verdad: que a veces lo más simple puede ser lo más profundo.

En 3DJuegos | Si quieres acabar con tu timidez te propongo un juego cuyo protagonista tiene mucho que enseñarte

En 3DJuegos | Las casas de Los Sims son el mejor espejo del alma. Y todos encajamos en uno de los dos tipos de jugadores de este juego que existen

Ver todos los comentarios en https://www.3djuegos.com

VER 1 Comentario
VÍDEO ESPECIAL

16 visualizaciones

20 JUEGOS con un HYPE BESTIAL que NO CUMPLIERON con las EXPECTATIVAS

De una manera u otra, todos hemos sido presa del hype en algún momento. Esa ilusión que se apodera de nosotros cuando un juego nos pinta bien es un arma de doble filo, porque ilusiona cuando todo sale genial, pero rompe el corazón cuando no. Y hoy vamos a hablar del segundo de...