Llevo 6 semanas viendo el anime más repugnante de Netflix, y lo más épico que ha pasado es que la protagonista vomite un arcoíris. No pienso dejarlo

Llevo seis semanas viendo el anime más repugnante de Netflix, y lo más épico que ha pasado es que la protagonista vomite un arcoíris. No pienso dejarlo

Este verano el streaming nos ha llenado de imperios en guerra, mononokes y yokais y profecías. A mí me tiene atrapado una gata que no consigue dejar de fumar

Chema Mansilla

Editor - Cine y TV

Cuando ha tocado actualizar nuestro listado con los mejores animes de Netflix no he podido resistirme al enganche que tengo este verano con el anime menos prestigioso de la plataforma: Chainsmoker Cat. La serie sigue a Yaniko, una chica gato que fuma como un carretero, no llega a fin de mes, tiene serios problemas de higiene y es incapaz de conservar un trabajo más de dos escenas seguidas. No hay imperio que salvar, no hay profecía que cumplir, no hay villano acechando con un plan de dominación mundial. Lo más parecido a un clímax que ha ofrecido la serie hasta ahora es que la protagonista vomite literalmente un arcoíris, y aun así ahí estoy yo, cada semana, puntual a la cita. La produce Bibury Animation Studios bajo la dirección de Taku Kimura, adaptando el manga que NyanNyanFactory publica en la Weekly Young Magazine desde 2023, y me tiene enganchado como el tabaquito. Y antes de que sigas, claro, es contenido para adultos. Para adultos a los que guste el humor negro.

El asco como parte del chiste

¿Cuántas series necesitas que esté en juego el destino del planeta para seguir viéndolas semana tras semana? A mí, últimamente, cada vez menos. Chainsmoker Cat no tiene arco narrativo que perseguir, tiene una rutina: Yaniko fuma, se queda sin dinero, decepciona a alguien que la quiere, y la semana siguiente vuelve a empezar. Si has visto algún episodio ya sabrás de qué hablo, y si no lo has visto, probablemente estés pensando que exagero. No exagero.

Cuando Yaniko se plantea seriamente fumar unos cigarros que han caído sobre una caca de perro, ya estaba a tope con este nuevo anime

Cuando Yaniko se plantea seriamente fumar unos cigarros que han caído sobre una caca de perro, ya estaba a tope con este nuevo anime La serie abraza la escatología como parte de la vida diaria: pedos, diarreas, babas y todo tipo de asquerosidades. Cuando la hermana pequeña de la prota entra en su piso con un traje de protección para limpiarlo, pierde el casco a mitad de faena y termina vomitando por el olor. La serie representa cualquier vómito con el mismo recurso visual, un chorro de colores que parece sacado de un anuncio de refrescos, y lo usa tantas veces que deja de sorprender para convertirse en un elemento de la mitología de esta serie, que en su propuesta cómica no deja de tener en el fondo una dura crítica social sobre nuestra sociedad, por ejemplo, sobre el mercado laboral. 

Chainsmoker Cat entiende que lo asqueroso también genera publicaciones en redes sociales, memes y una visibilidad que a Netflix le encanta. Que una plataforma que compite por minutos vistos apueste fuerte por un anime sin censurar diseñado para provocar arcadas no es casualidad, es estrategia de contenido. Y funciona, porque yo empecé a ver la serie gracias a las publicaciones que veía constantemente en mis redes y ahora estoy dispuesto a fumarme este anime hasta el filtro. La serie ofrece dos versiones oficiales, una pensada para la televisión japonesa en abierto, censurada, y otra fiel a la intención original del director, que es la que se estrenó el pasado mes de julio en Netflix

Reírse de las desgracias ajenas

Mientras escribía este tema me he enterado de que Keiichi Suzuki es uno de los grandes responsables de que la propuesta de Chainsmoker Cat resulte tan especial. Lo mismo el nombre no de dice nada, pero es el cofundador de Moonriders y compositor, junto a Hirokazu Tanaka, de las inolvidables bandas sonoras de Mother (1989) y EarthBound (1994), Suzuki aporta aquí una sensibilidad musical cálida y melódica que contrasta de forma deliberada con la suciedad, el humor absurdo y la transgresión que rodean a Yaniko, una gata capaz de fumar cosas que haría vomitar a una cabra. El resultado es una combinación extraña pero sorprendentemente efectiva, especialmente cuando el tema de cierre, interpretado por Necry Talkie, vuelve a introducir esa sensación de estar viendo dos propuestas completamente distintas que, contra todo pronóstico, funcionan juntas. Y es que a pesar de los exagerado y delirante de su propuesta, en realidad habla de cosas muy serias. 

Este anime no te deja disfrutar del desastre sin cobrarte un poco de incomodidad a cambio,

Algo parecido ocurre con el opening de Wasureranneyo, que se hizo viral por acumular en apenas noventa segundos planos que los espectadores relacionaron con más de veinte películas, desde Léon: El Profesional hasta El club de la lucha o El Señor de los Anillos, aunque conviene recordar que estas conexiones son interpretaciones de los fans y no referencias confirmadas por el estudio o Kimura. Pero vamos, ahí están. Además, detrás de la propia elección de Yaniko como protagonista también puede encontrarse una lectura cultural especialmente interesante: la figura del gato en el folclore japonés, y especialmente el bakeneko, está vinculada desde hace siglos con la transformación, lo impuro, los espacios marginales y la frontera entre lo doméstico y aquello que escapa de las normas. Yaniko encaja así mucho mejor de lo que parece con una historia construida alrededor de la suciedad y la transgresión. De hecho, cuanto más pienso en Chainsmoker Cat, más evidente resulta que esa suciedad no está ahí únicamente para provocar una carcajada. Es el punto de partida de una serie que utiliza lo desagradable, lo incómodo y hasta lo grotesco para hablar de personas que viven en los márgenes, y que convierte una premisa aparentemente absurda sobre una chica-gato fumadora en algo bastante más incómodo de lo que uno podría esperar.

Aquí es donde la serie deja de ser solo un chiste sobre fumar, drogas y hábitos autodestructivos. Chainsmoker Cat habla de consumo de drogas y, drogas duras, además. Forman parte de su retrato de una realidad que normalmente preferimos mantener fuera de plano. O eso me parece, pero es que yo soy muy fan de Alberto García-Alix. Pero quedarse únicamente con esa lectura sería quedarse muy corto. Bajo la comedia escatológica hay también una mirada bastante amarga hacia la precarización de la salud en las ciudades, las desigualdades sociales, la pobreza y la manera en la que determinadas personas quedan atrapadas en circunstancias de las que es muchísimo más fácil entrar que salir. 

Pocas comedias sobre porquería consiguen que te importe de verdad si la protagonista sobrevive a su propio chiste

La adicción de Yaniko significa que su entorno importa, sus condiciones de vida importan y también importa la forma en la que nuestra sociedad decide mirar hacia otro lado cuando el problema afecta a quienes ya viven en los márgenes. Incluso el racismo y la hipocresía social encuentran espacio dentro de esta lectura, porque en la serie aparecen muchos personajes secundarios que señalan la facilidad con la que juzgamos determinadas conductas cuando las observamos desde una posición cómoda, mientras aceptamos o normalizamos otras formas de consumo y autodestrucción mucho más integradas en nuestra vida cotidiana, o cuando no comprendemos a aquellas personas que, como dice Luis Alberto de Cuenca, buscan "el olvido en las drogas que alivian la tristeza".

Al final del primer episodio se revela que, si Yaniko no deja de fumar, le quedan 5 años de vida. No es una amenaza vacía ni un gag: la propia serie vuelve sobre esa cuenta atrás cuando conviene y la convierte en el peso real que sostiene toda la comedia escatológica. De repente, aquello que parecía una colección de chistes sobre un grupo de chavalas haciendo cosas repugnantes adquiere otra dimensión. No estás viendo simplemente a un personaje que toma malas decisiones, sino a alguien atrapado en una dinámica que afecta a su familia y que tiene consecuencias físicas perfectamente concretas. Eso cambia bastante cómo te sientes cuando te ríes de sus desastres.

Y ahí está, precisamente, una de las mayores virtudes de Chainsmoker Cat. Me río una barbaridad con esta serie, y al mismo tiempo sé perfectamente de qué me estoy riendo. Ese es el truco: no te deja disfrutar del desastre sin cobrarte un poco de incomodidad a cambio, pero tampoco se pone solemne ni convierte cada episodio en una lección sobre la vida. Puede hablar de drogas, de personas sin hogar, del racismo, de depresión, de la soledad, del mercado laboral o de cómo juzgamos a los demás y, acto seguido, hacerte reír a carcajadas con una situación completamente absurda. Esa mezcla es precisamente lo que hace que funcione. 

Los que hayáis pasado por algo parecido con alguien cercano seguramente reconoceréis ese equilibrio incómodo entre la ternura y la impotencia: quieres que Yaniko cambie, sabes que debería hacerlo, pero también entiendes que no basta con decírselo. Chainsmoker Cat consigue así algo bastante más complicado de lo que parece: utilizar el humor más sucio imaginable para hablar de problemas muy reales sin convertirlos en un sermón. Te hace reír del desastre ajeno y, un segundo después, te recuerda que ese desastre tiene un plazo de caducidad real. Pocas comedias sobre porquería consiguen que te importe de verdad si la protagonista sobrevive a su propio chiste. A lo mejor la gran serie del verano no necesitaba dragones ni superhéroes: le bastaba con una gata que no consigue dejar de fumar y chistes de pedos.

¿Y tú qué opinas? ¿Has visto ya Chainsmoker Cat, qué te ha parecido? Puedes unirte al servidor de Discord de 3DJuegos y compartir tu opinión con otros fans.

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