
Spin-off de los cortos de Star Wars: Visions, la serie sigue a Kara, hija de un forjador de sables, en la época más lejana jamás explorada de la saga
Vamos con el aviso a despistados antes que con nada, porque esto es importante: la serie no empieza donde tú crees que empieza. La jedi número 9 no es un reinicio ni una historia autoconclusiva que puedas poner un martes cualquiera sin más contexto: continúa directamente los acontecimientos de dos cortos que ya se estrenaron dentro de las antologías de Star Wars: Visions. El primero, The Ninth Jedi, abrió camino en el Volumen 1 de 2021 y fue para muchos lo mejor de aquella tanda. El segundo, Child of Hope, llegó en el Volumen 3 el pasado octubre y funciona como puente directo hacia esta temporada. Si te sientas a ver el episodio uno sin haber pasado por ahí, vas a entender la trama, sí, pero te vas a perder exactamente aquello que hace que la trama importe.
Una vez que te dejes llevar y asumas que esto no es el Star Wars de siempre, verás que lo más valioso de esta temporada son las ideas nuevas que introduce dentro del universo de la saga, pero explicarte por qué son valiosas exige contarte cosas que arruinarían las sorpresas de la serie. Podría escribir tres párrafos estupendos sobre lo que hace la serie con un concepto muy concreto de la mitología Jedi y quedarme muy a gusto, pero prefiero que llegues virgen a ese momento. Así que voy a hacer trampas: te hablaré de la animación y de las sensaciones que me deja esta nueva serie, y dejo el contenido a salvo para que disfrutes descubriéndolo.
Un rincón de la cronología galáctica que ni los veteranos hemos pisado
La historia transcurre en un futuro tan lejano que la Orden Jedi ha vuelto a desaparecer y los Sith son un recuerdo antiguo, con Kara, hija de un forjador de sables, huyendo de unos Cazadores de Jedi mientras busca a su padre. Ese emplazamiento temporal es, para mí, el primer gran acierto de la propuesta. Resulta exótico incluso para quienes llevamos décadas con la cronología de la saga Star Wars memorizada, porque no hay nada que reconocer y por lo tanto no hay nada que comparar. Como pasó con The Mandalorian, y como está pasando ahora con el fenómeno manga Path of the Lightsaber que dibuja Kenny Ruiz que dibuja Kenny Ruiz, todavía queda sitio para la sorpresa si las ideas son buenas y la historia merece la pena. El truco no es inventar una galaxia nueva, es hallar un rincón donde nadie haya encendido ese estado. Habrá quien diga que esto es un Star Wars para quien no le gusta la saga, y hay algo de verdad en eso: no tiene por qué gustarte Star Wars para disfrutar de este anime.
Los que llevéis jugando desde los tiempos de Knights of the Old Republic (KOTOR para los amigos) también sabéis perfectamente de qué hablo, porque aquello funcionaba así: muchos jugadores no eran seguidores de la franquicia, pero quedaron atrapados en los personajes y conceptos del juego. Algunos eran heredados y otros eran completamente nuevos. Cuando la saga se aleja lo suficiente de los Skywalker, deja de estar obligada a rendir cuentas y empieza a poder proponer. Visions juega además con la ventaja de moverse fuera del canon, lo que le permite tomar decisiones que en una producción principal exigirían quince reuniones y un comité. Aquí no hay que proteger ninguna pieza del lore ni respetar la continuidad, y esa libertad se nota en cada episodio. ¿Cuánto tiempo tardaremos en ver estas ideas colándose en algo oficialmente canónico? La verdad es que esta serie podría estar dentro del canon, como un relato separado cientos de años de Luke Skywalker y no pasaría nada.
Production I.G. no ha venido a rodar un corto largo
Repite en gran parte el equipo responsable del corto original, y eso se traduce en una continuidad de criterio que agradeces desde el minuto uno. Kenji Kamiyama ejerce de creador y director supervisor, Shunsuke Tada firma la dirección, Mitsuyasu Sakai el guion y Hitoshi Ito la producción para Production I.G. Tada llega con el bagaje de Kuroko no Basket y de Legend of the Galactic Heroes: Die Neue These. Son nombres que sonarán a aquellos espectadores más aficionados al anime y que se traducen en una apuesta segura de Lucasfilm por el talento dentro de la industria de la animación japonesa. Los duelos de sable están entre lo mejor que ha dado la animación de la saga, con un sentido del peso y de la distancia que muy poca gente sabe dibujar. Se nota el estudio detrás de cada plano de esos combates y la creación de las coreografías.
No todo está a ese nivel, por desgracia. La mezcla de elementos 3D, especialmente en las naves, queda pelín regulinchi y rompe la homogeneidad justo cuando la serie más debería lucirse. Los tiroteos y las escaramuzas menores tampoco alcanzan la altura de los duelos, y se quedan en algo simplemente correcto que contrasta con el sobresaliente trabajo realizado en los duelos de sables de luz. Sé que a muchos fans esto les va a parecer un pero minúsculo comparado con lo que se ofrece, y probablemente tengan razón. Pero cuando el listón lo pone la propia serie tan alto en unas escenas, uno acaba siendo un poco más quisquilloso, porque el acabado general podría haber sido genial.
Una nueva heroína para Star Wars
Si algo me ha desarmado de esta temporada es la solidez de sus personajes. Kara es un personaje magnífico, con una evolución que se sostiene sobre decisiones y no sobre discursos, pero es que el resto de secundarios y el villano tienen potencial para bastante más de lo que se les da aquí. La serie construye su propia mitología dentro de los límites de Star Wars, y es de las más interesantes que le he visto a la saga en años. Hay un detalle precioso que sí puedo contarte porque el propio Kamiyama lo ha explicado en una entrevista: el color de la hoja de los sables cambia según la alineación de quien la empuña, un arma que delata a su dueño en cuanto la enciende.
Para los fans de Star Wars no es nada nuevo, cierto, pero en este caso concreto tiene una importancia narrativa tremenda para la trama, y además, una interesante anécdota. Según Kamiyama, la idea de jugar con este concepto en la serie nació de un malentendido suyo viendo la trilogía original de niño, y es que dio por hecho que los sables cambiaban de color por sí solos según quién los empuñara, y aunque más tarde se dio cuenta de que había entendido mal el funcionamiento, decidió conservar esa idea para su propia versión de Star Wars. Es decir, lo que en la saga oficial depende del cristal kyber que se encuentra en el corazón del sable y su vinculación con el portador del sable, en The Ninth Jedi la misma idea se ve reconstruida a partir de una simplificación infantil y se ha convertido en una de las ideas mejor desarrolladas en esta nueva historia.
Además, que la protagonista sea hija de un forjador de sables tampoco es casualidad, y ahí la serie sabe muy bien lo que está tocando. El oficio de fabricar el arma siempre ha sido un linaje aparte del de usarla, transmitido por sangre, por taller y por secretos artesanales, y la saga entera arranca en el primer corto de Visions con un padre que le entrega a su hija un objeto legendario que sacará a la luz muchos secretos a lo largo de la serie. Sumando todo, no solo son aventuras divertidas y emocionantes, también tienen un peso narrativo que de primeras no esperaba encontrarme en esta serie de animación. A mitad de temporada ya tenía claro que esto podría haber sido una gran película de la saga. Lo que sí le achaco es cierta narrativa atropellada entre episodios, como si el metraje disponible se le hubiera quedado corto a la ambición del conjunto. Tal vez con un par de episodios más algunos personajes secundarios habrían podido tener algo más de desarrollo y algunas acciones encadenarse de manera menos atropellada.
A la espera de saber qué nos guarda Dave Filoni en la temporada 2 de Ahsoka, resulta curioso comprobar cómo esta serie llega apenas tres meses después de Maul – Shadow Lord, que cerró temporada el pasado mes de mayo dejando a media comunidad de fans con la boca abierta. Dos series de animación, dos aproximaciones radicalmente distintas, y las dos más estimulantes que casi cualquier cosa que la saga haya llevado a imagen real últimamente, a excepción de Andor. Hay que ser honesto y decir que la animación es también donde a Lucasfilm le sale más barato equivocarse, y que eso explica parte de la libertad. Pero el resultado está ahí.
Si te gusta Star Wars o te gusta el anime de aventuras, tienes motivos para estar contento. Si te gustan las dos cosas, tienes motivos para bailar de alegría. Estoy deseando ver qué más historias puede dejar este rincón narrativo de La Jedi Número 9, porque la sensación al terminar el octavo episodio no es la de haber cerrado nada, sino la de haber abierto una puerta. Ojalá Lucasfilm lo entienda así y no se conforme con una temporada. Al final, disfrutar de Star Wars es no dejar de soñar con galaxias lejanas. La temporada completa de La Jedi Número 9 llega a Disney+ el 5 de agosto. Es decir, hoy mismo.
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