Soy fan de las 4 temporadas de este anime y no me esperaba lo que me ha pasado con That Time I Got Reincarnated as a Slime: La película – Lágrimas del Mar Celeste

Tensura triunfa en todo el mundo, pero su nueva película plantea más preguntas que respuestas entre los fans y deja una sensación difícil de ignorar

Chema Mansilla

Editor - Cine y TV

Una tarde andaba yo algo triste, mohíno incluso, abrumado por el peso de la vida adulta, y buscaba algo tonto y divertido que me ayudara a pasar unas horas en piloto automático. No tenía el cuerpo para complicarme la vida, sino más bien para algo que me abrazara sin exigencias. Parecemos gente dura y aguerrida, auténticos guerreros de la tecla, pero en el fondo en los redactores de 3DJuegos somos blanditos y también nos gusta que de vez en cuando alguien nos abrace. En ese estado mental, no andaba yo buscando obras maestras, sino refugio emocional, algo absurdo, reconfortante simpático y tonto. Y pocas premisas más absurdas, reconfortantes y genuinamente simpáticas que la de That Time I Got Reincarnated as a Slime. Y también un poco tonta. Así que, casi sin darme cuenta, quedé enfangado en este anime que desde 2018 ha ido conquistando a tantos fans en todo el mundo. Hay algo en su tono despreocupado que conecta directamente con esa necesidad tan humana de parar y dejarse llevar.

Y ahora, con el estreno en cines de That Time I Got Reincarnated as a Slime the Movie: Tears of the Azure Sea, esa sensación regresa a lo grande. No porque la película sea una obra descomunal, ni mucho menos, no es ninguna joya de la animación, sino porque entiende perfectamente qué es otra cosa y a quién se dirige: al fan. Pero al fan más comprometido, porque esta película resulta completamente inaccesible para aquel que no esté al día con la serie, e incluso para este, presenta un tremendo problema.

El isekai saturado y la anomalía encantadora de TenSura

Hablar de TenSura (breviatura popular que se forma combinando Tensei, reencarnación, y Suraimu, Slime), implica necesariamente hablar del género isekai y de su sobreexplotación en la última década. Si estás algo metido en el mundillo anime, ya sabes de qué va la vaina: la fórmula de transportar a un protagonista a un mundo de fantasía ha sido exprimida hasta límites casi paródicos. Literalmente, porque TonSura entra ya dentro de esa categoría. Sin embargo, dentro de ese ecosistema repetitivo, también esta franquicia ha logrado construir una identidad propia bastante sólida. No porque rompa las reglas del género, sino porque decide jugar con ellas de forma distinta. Donde otros apuestan por la épica constante, aquí hay espacio para la pausa, para la construcción y la tontería referencial pura y dura.

Ni el fanservice salva una propuesta que se olvida de algo tan básico como contar bien su historia

That Time I Got Reincarnated as a Slime cuenta la historia de un hombre que muere en la Tierra y renace en un mundo de fantasía como un slime con habilidades únicas, Rimuru. Sí, un slime, un lodo, un bicho gota de esos que has matado a puñados en casi todos los JRPG de la historia. A partir de ahí, empieza a crecer en poder, forjando alianzas entre razas distintas y construyendo su propia nación llamada Tempest.

Por eso esta saga, tanto las novelas originales de Fuse como su adaptación a manga y anime, es algo especial. La nación de Tempest no es solo un escenario, es un espacio narrativo que crece, se adapta y evoluciona dependiendo de las necesidades de la trama y eso genera una gran libertad a la hora de contar cosas nuevas. y se nota la comodidad que existe al buscar estas nuevas ideas. Hay capítulos enteros dedicados a la economía de un reino, a la diplomacia o a la organización social, y lejos de resultar tediosos, aportan una profundidad que pocas obras del género se atreven a explorar. También hay peleas espectaculares, claro. Esa mezcla de temas y ritmos es lo que termina definiendo su personalidad. Y, curiosamente, es también lo que hace que funcione tan bien como escapismo.

Un mundo que funciona como un videojuego

Uno de los grandes atractivos de That Time I Got Reincarnated as a Slime es su clara inspiración en los sistemas de los videojuegos de rol. El mundo funciona como si estuviera regido por reglas cuantificables, con habilidades, niveles y estadísticas que determinan el desarrollo de los personajes. Esta estructura no solo aporta coherencia interna, sino que también facilita la comprensión del espectador. Es, en cierto modo, una "fantasía gamificada".

El mejor ejemplo de esto es la habilidad "Gran Sabio", que actúa como una especie de interfaz de usuario integrada en la mente del protagonista. Su evolución a lo largo de la serie introduce elementos casi tecnológicos dentro de un entorno fantástico, creando una mezcla muy particular. Sirve como el menú de ayuda de cualquier videojuegos y ahorra muchas explicaciones tediosas sobre las características de tal o cual arma o personaje. Esta fusión de géneros es uno de los pilares de la franquicia y una de las razones por las que resulta tan atractiva. No se limita a contar una historia, sino que construye un sistema en el que todo encaja sin demasiadas fricciones porque cuenta con la complicidad de un espectador al que se presupone que acude a esta historia con una mente abierta.

Tears of the Azure Sea: vacaciones, engaños, conflicto y sinsentidos

La nueva película (la segunda de la franquicia) se sitúa en un punto muy concreto de la cronología, justo después del gran festival de Tempest que cierra la tercera temporada. Esto la convierte en una especie de puente narrativo que visto dentro dentro del contexto de toda la serie resulta de lo más anecdótico. La premisa inicial es sencilla: El Gran Rimuru y sus aliados aceptan una invitación para disfrutar de unas vacaciones en una isla paradisíaca. Claro, todo se complica rápidamente, pero al final este estreno no deja de parecer más un OVA más que no una pieza importante de la saga, lo cual me ha resultado de lo más decepcionante.

Como suele ocurrir en esta franquicia, las apariencias engañan y este idílico escenario dista mucho de ser la promesa vacacional que se prometen los protagonistas, chorprecha. La llegada de un nuevo personaje, Yura, desencadena una serie de conflictos que transforman la historia en algo más cercano a un thriller político. Sin abandonar del todo su tono ligero, la película introduce elementos de enfrentamiento político que aportan cierta tensión narrativa. No es una trama especialmente compleja, obvio, y el arranque me pareció bastante divertido y muy al estilo de la serie. El problema viene cuando empieza a desarrollarse la trama.

Lo confieso: pese a mis buenas intenciones iniciales, That Time I Got Reincarnated as a Slime the Movie: Tears of the Azure Sea me ha resultado tremendamente aburrida. No tanto por lo que cuenta, sino por cómo lo cuenta. La película está plagada de personajes de la serie que aparecen en pantalla para soltar una única frase (literalmente) y desaparecer sin dejar rastro, como si se tratara de un desfile de cameos pensados únicamente para fans muy metidos en el lore. El problema es que ni siquiera hay un esfuerzo mínimo por presentarlos o contextualizarlos, lo que convierte muchas escenas en una sucesión de caras desconocidas que, fuera del nicho de fans del anime, no significan absolutamente nada. La sensación es la de estar viendo un episodio aleatorio de la serie sin ningún tipo de contexto, simplemente adaptado al formato cinematográfico.

Hay personajes de la serie que aparecen en la película para estar sentados o mirar por una ventana, y ya está

Durante el visionado me acompañó mi compañero de Sensacine Custodio Guerrero, que no ha visto la serie, y su desconcierto fue absoluto. No entendía quién era quién, ni por qué estaban ahí, ni qué estaba pasando realmente en la trama. Y lo cierto es que no puedo culparle, porque la película no hace el más mínimo esfuerzo por explicar nada. Podría justificarse que el bueno de Rimuru dedica 30 segundos metraje a explicar quién es él y cómo llegó a este mundo, pero de la docena de personajes secundarios que le acompañan no se da la más mínima pista: ¿Por qué sale un lobo de la sombra del prota? ¿Por qué esa especie de hada es alcohólica? ¿A quién diablos le importa la cantidad de poder computación de lo que sea que está hablando ese personaje del que no se ha dicho ni su nombre. Un resumen: un completo despropósito.

Es una obra completamente hermética, casi hostil para el espectador no iniciado. Pero lo más preocupante es que ni siquiera como fan termina de funcionar. A mitad de metraje ya estaba planteándome seriamente si no sería mejor echar una cabezadita, porque todo lo que no resulta directamente un sinsentido, incluso para los estándares de esta serie solo que menos divertida. Es, en definitiva, uno de esos casos donde ni el fanservice salva una propuesta que se olvida de algo tan básico como contar bien su historia.

Gobta y la importancia de la vulnerabilidad

Como no quiero que todo sea negativo, y porque realmente tengo simpatía por la franquicia, tengo que señalar como algo positivo de la película su decisión de centrar parte del protagonismo en Gobta. En un universo donde Rimuru se ha convertido en una figura prácticamente invencible a base de levear, encontrar tensión real es complicado. Ya sabéis, la Paradoja de Superman. Por eso, desplazar el foco hacia personajes más limitados resulta una jugada acertada. Gobta, con su torpeza habitual y su carácter despreocupado, aporta una perspectiva distinta que enriquece el conjunto. Se nota también que es mi personaje preferido de la serie.

Un apartado técnico correcto con matices

Desde el punto de vista técnico, la película cumple sin destacar especialmente en nada. La animación está, en general, por encima del nivel habitual de la serie, especialmente en las escenas ambientadas en el entorno marino, donde se percibe un esfuerzo por presentar momentos algo más especiales. Los combates están bien resueltos, aunque sin grandes alardes. En general, se nota una producción lo suficientemente cuidada como para justificar su presentación en salas de cine, pero no como un gran salto cualitativo respecto al material televisivo, que por cierto, tenéis en Crunchyroll.

No entiendo cómo un fenómeno tan popular actualmente como Tensura ha dado lugar a una peli como esta

Si hay algo que define a TenSura es su capacidad para generar una sensación constante de alegría. No es una alegría infantil, sino más bien una especie de optimismo contagioso que atraviesa toda la obra. La convivencia entre especies, la resolución pacífica de conflictos y el crecimiento colectivo son temas recurrentes que aportan una visión bastante refrescante dentro del género. Incluso en sus momentos más tensos, la serie mantiene ese tono esperanzador. Lástima que esta película descuide ese aspecto y no haga otra que condenar golpes de efecto que ocurren "porque sí, porque lo digo yo", personajes que hacen cosas son venir a cuento, decisiones importantísimas sin ningún tipo de explicación, acontecimientos sin apenas desarrollo y un gran número de personajes directamente caídos de un guindo y que solo hacen bulto en pantalla, sin explicar quiénes son o por qué están ahí, y que aportaba nada a la trama. Pero nada, nada: hay personajes de la serie que aparecen en la película para estar sentados o mirar por una ventana, y ya está. Trata de explicarle a quien no ha visto la serie que Hakuro es un ogro legendario y que es el entrenador de los guerreros de Tempesto o que Milim es una terrible demonio con tendencias algo psicópatas y que es, además, la mejor amiga de Rimuru… ¡Si apenas nos dicen cómo se llaman en toda la peli!

La franquicia arrastra problemas con el desgaste de los fans en sus contenidos adicionales, con ejemplos como el torneo de sumo hipersexualizado del primer OVA, que rompe el tono general y genera incomodidad, sembrando dudas sobre su futuro, algo que este nuevo estreno difícilmente corrige. That Time I Got Reincarnated as a Slime the Movie: Tears of the Azure Sea no pretende revolucionar nada, pero en este caso ni siquiera logra ser una extensión mínimamente interesante de la saga: es una película tediosa, incapaz de sostener el ritmo o despertar verdadero interés. Y lo digo con cierto pesar, porque el cariño que le tengo como fan a Rimuru y compañía no ha sido suficiente para salvar la experiencia. Me duele no poder hacer una valoración positiva, especialmente tratándose de una franquicia que siempre me ha parecido bastante entretenida, pero si vais a pagar el precio de una entrada de cine para verla, creo que tengo la responsabilidad de ser honesto con vosotros. Más allá de su familiaridad o de algún momento puntual, lo que queda es una sensación de apatía, de producto estirado sin alma. No entiendo cómo un fenómeno tan popular actualmente como Tensura ha dado lugar a una peli como esta.

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