Usuario anónimo
Iniciar sesión | Regístrate gratis
La Columna de Dayo

Ensalcemos el videojuego indie: el mundo tras el sambenito

El AAA está atado a las necesidades del mercado de empresas que sirven a sus crecientes beneficios.

Por / 147 comentarios
Ensalcemos el videojuego indie: el mundo tras el sambenito

Este artículo es una respuesta al texto de Borja Ruete en Meristation: "Los AAA son despreciados sólo por ser juegos de alto presupuesto"


No recuerdo en qué vídeo y tampoco atisbo a recordar si era esa misma persona, pero creo que era el youtuber Thought Slime quien proponía un ejercicio mental: ¿qué imagen se te viene a la cabeza cuando piensas en la palabra "terrorista"? Seguramente alguien que aparecería frente a la mirilla de tu rifle en un Call of Duty: Modern Warfare. Quizá seas de los pocos que no asocia esa imagen a esa palabra, o es posible que tengas previsto tu plan B y digas "no, yo estaba pensando en el tipo de Christchurch", pero lo más probable es que hayas tenido que generar resistencia y decir "no, los terroristas no son esa gente sino esta otra".


Soy un firme defensor de que, si quieres marcha en los videojuegos, tienes que irte al extrarradioDOOM, el juego de 1993, es indie. Activision fue el primer estudio independiente de la Historia del videojuego. Prince of Persia es tan indie que Jordan Mechner ni siquiera estaba seguro de si iba a dedicarse a hacer videojuegos. La edad de oro del software español se cimenta sobre las bases de autores independientes y los de Dinamic eran unos chavales que empezaron haciendo videojuegos desde la alcoba en la casa de sus padres. Parece haber una tendencia a asociar lo indie, independiente, como quieras llamarlo pero por favor, otro debate más sobre semántica no, pero cuando dices el palabro la gente parece pensar que te refieres a Off Peak, a Fragments of Him o Dys4ia. Walking simulators, experimentos esotéricos, obras para hípsters y gente con el pelo de colores. Algo aburrido, el equivalente a una película azerbaiyana con subtítulos en polaco. Pero Dusk, ese shooter ultraviolento heredero de Quake, es indie. Celeste, uno de los plataformas más celebrados de la pasada década, es indie. Stardew Valley, que ha llegado a la ciudad para reemplazar la cocaína, es indie.


Soy un firme defensor de que, si quieres marcha en los videojuegos, tienes que irte al extrarradio. Ahí está la fiesta, una tan variada que puedes encontrar prácticamente lo que tú quieras. Dark Souls, pero eres un zorro. Dark Souls, pero con comedia y generado proceduralmente. Un juego donde disparas cuchillos a calaveras flotantes. Nina Freeman ligando a través de un MMO y paseos por el campo recogiendo setas con tu abuela.


Hay de todo.


Ensalcemos el videojuego indie: el mundo tras el sambenito

Y aún así, cuando tenga un rato libre seguramente lo dedicaré a seguir con Gears Tactics. O quizá retome Fire Emblem: Three Houses o me decida finalmente a jugar a Final Fantasy VIII, yo qué sé. Ancha es Castilla y el AAA me ha dado muchos de mis videojuegos favoritos: Half Life 2, Silent Hill 2, Metal Gear Solid 2. Si lo retuerzo, Dark Souls es Demon’s Souls 2. Pero no se me olvidará nunca la sensación de estar en aquel E3 de 2017 y sentir que me estaba empachando con el mismo sabor. Cada nueva presentación ostentosa servía lo mismo: en algún momento alguien sacaría un arma o alguien daría un guantazo o habría un monstruo. A pesar de que sí, Animal Crossing y Los Sims se atrevan con verbos no violentos, no son los más de 50 juegos que se presentaron en el Wholesome Direct. Os invito a pensar en algún otro AAA que no sea de estrategia, puzles o deporte que haya ofrecido algo parecido en esta última década.


Todos, y con "todos" me refiero a "nosotros, los pedantes", pasamos por una fase en la que odiamos aquello que huela a dinero. Sí, he odiado el cine de Hollywood, y sí, he sido de esos que, en 2006, le ponías música trance y decía que era básica, que sonaba igual, que era pulsar un botón. Hoy escucho a Skrillex de manera ritual: no debo abusar de Bangarang porque, si no, perderá su efecto. Debo tomarlo en dosis pequeñas para sentir la potencia de sus beats procesados. Es algo que respeto. Uno de mis juegos habituales es Super Smash Bros. y quiero ver con cuánto detalle puedo atravesar el ojo de una persona con una flecha en The Last of Us 2. Aún no he vuelto a DOOM Eternal, pero porque es tan frenético que, literalmente, me marea. En otras palabras: me gusta el AAA.


Eso no quiere decir que anhele ahogarme en él.


Ensalcemos el videojuego indie: el mundo tras el sambenito

Las grandes compañías entregan lo que creen que el público deseaEl AAA está atado a las necesidades del mercado, de empresas que sirven a sus crecientes beneficios. Entregan lo que creen que el público desea y, cuando arriesgan, lo hacen en dosis chiquitas, como Ubisoft con Valiant Hearts. Pero queda por ver un mayor esfuerzo en lanzarse al ruedo y probar algo distinto y con apoyo. 100 millones no, pero 50 en el presupuesto, algo que luzca bien y con un equipo grande pero que no vaya de ganar, matar, vencer, conquistar, obtener, acumular, vengar. Hoy mismo he descubierto un juego llamado Umurangi Generation, que va de hacer fotos por encargo en una distopía cyberpunk. Uno de los pocos juegos que espero, y Dios sabe si me enteraré cuando salga, es Necrobarista, donde sirves bebidas a los muertos antes de que partan al Más Allá. Esto no va de odiar el AAA: va de querer otra cosa. Va de que el videojuego puede ser tantísimo, y a veces sí quiero partirle la cara a alguien con un bate de baseball. A veces quiero comandar a mi escuadrón en XCOM, arrojar coreanos en Crysis y ponerme a prueba en GTA V a ver qué pasa cuando salgo a la calle con un lanzacohetes y ganas de rumba. El videojuego ha evolucionado y eso no lo negaré jamás: jugad a cualquier título de PlayStation 2 y sentiréis que ha envejecido en más formas que la visual. Algunos juegos de 2010 parecen estar hechos eones atrás.


Pero sigue siendo lo mismo.


Nos gobiernan los mismos verbos, y a veces eso no me basta. Por mucho que (spoilers del Universo Cinematográfico de Marvel) sintiera la emoción de ver al Capitán América agarrando Mjolnir , a veces quiero ver Big Bang Love Juvenile A, cuya premisa os resumiría si supiera de qué va la pesca. A veces quiero ponerme a Hudson Mohawke a ver si lo aguanto. Y claro que hay mediocridad en lo indie, pero lo que puedes encontrar ahí no lo encontrarás en el AAA. Parte del aprecio en cualquier arte está en el desafío, ver los nuevos cauces que se descubren, qué significa hacer un cuadro llamado "Blanco sobre blanco", a ver cómo suena un piano con clavos y tornillos. Me entristece ver un mundo tan rico reducido al título de "indie", recluido a un papel secundario, de las movidas raras de cada uno. Lo indie es grande y no para de filtrarse en el mainstream. Undertale es indie. Minecraft nació indie. Rust nació indie. Antes de que el mundo se fuese aún más a la mierda no pasaba un trimestre sin un nuevo indie al que todos querían jugar: Getting Over It, Untitled Goose Game, They are Billions. La pregunta es cuánto tiempo seguirán evocando esa imagen hípster.


Más sobre: Dayo y Indies.