Costaba 895 dólares y sólo unos pocos podían acceder a él
Nada de eso impidió que cambiase el mundo de la imagen digital para siempre
Cuando Thomas Knoll se enfadó con su Macintosh Plus porque la pantalla sólo se dignaba a mostrar colores blancos o negros, ignorando cualquier atisbo de una escala de grises que diese a las imágenes algo más de profundidad, poco podía imaginar que estaba a punto de convertirse en el multimillonario creador de algo llamado Photoshop para Mac.
Lo que en 1987 empezó como un pasatiempo propio de un ingeniero, ponerse a retocar el código de un programa para que funcione como él cree que debe hacerlo, se convirtió en el pistoletazo de salida de una herramienta que cambiaría para siempre el sector audiovisual. Apenas un año después de aquello, cualquier diseñador, fotógrafo o editor con un Mac en casa querría pagar 895 dólares por revolucionar su forma de trabajar.
Lo que pasa cuando tu hermano trabaja con George Lucas
Acostumbrado a lidiar con sistemas de edición fotográfica manual gracias a su padre, que incluso tenía un cuarto oscuro en el sótano, Thomas Knoll empezó a trabajar en un programa llamado Display que permitiese al Mac manipular los píxeles levemente para engañar al ojo simulando tonos que fuesen más allá de lo básico. Por suerte para él, su hermano había heredado la misma pasión por la fotografía y vio una mina de oro donde sólo había un proyecto personal.
John Knoll, que trabajaba en la Industrial Light & Magic de George Lucas que estaba revolucionando los efectos especiales, empujó a su hermano a hacer de aquello un programa con cara y ojos. Trabajando codo con codo, en apenas seis meses tenían listo ImagePro y, tras ver que su revolucionario programa no tenía un nombre igual de revolucionario porque ya estaba registrado, lo cambiaron por el de Photoshop.
Tras unas escuetas primeras copias vendidas, pasó por allí Adobe para llegar a un acuerdo con ellos mediante el que distribuirían una versión mejorada bajo licencia. No compraron el programa. Los hermanos Knoll eran muy conscientes del pelotazo que tenían entre manos y se aseguraron una ronda de royalties de los primeros años.
La jugada era arriesgada porque, lanzado de forma exclusiva para Mac, Photoshop 1.0 costaría la friolera de 895 dólares, un precio sólo apto para quienes ya se dedicaban al mundo de la fotografía y la edición y, poco a poco, vieron que aquello cambiaba por completo tanto su forma de trabajar como la velocidad a la que lo hacían. De la noche a la mañana, Photoshop se convirtió no sólo en un éxito, sino en el estándar de una industria que el programa dominaría durante más de 30 años.
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