Hormuz y el Mar Rojo viven una guerra silenciosa de señales falsas con barcos que desaparecen y marinos obligados a navegar como antes
Hay dos tipos de guerras: las que se ven en vídeos, mapas y explosiones y las que empiezan en el momento en que el mapa deja de decir la verdad. Eso mismo es lo que está pasando en torno al estrecho de Ormuz y, en menor medida, también en el Mar Rojo: barcos que parecen desaparecer, señales que saltan de sitio y rutas que dejan de ser fiables cuando lo más importante es que lo sean.
Si hablamos de una imagen muy potente que puede servir para resumirlo todo, WIRED lo hace a la perfección hablando de "barcos fantasma": mientras los avisos oficiales para navegantes llevan semanas describiendo un entorno en el que la suplantación de identidad, el bloqueo de señales y las anomalías del AIS ya no son una rareza, lo que vemos es que se han convertido en una parte del paisaje bélico.
Lo inquietante es que la parte visible del problema quizá ni siquiera sea la más grande. El UKMTO, el centro británico que publica avisos de seguridad marítima, señala que desde el inicio de las hostilidades (28 de febrero) se han reportado más de treinta incidentes marítimos en el golfo Arábigo, el estrecho de Ormuz y el golfo de Omán. De hecho, en esa misma actualización explica que la congestión portuaria se complica por interferencias electromagnéticas, anomalías del AIS y problemas de GNSS.
Al mismo tiempo, recuerda que sus recuentos solo reflejan a los buques que siguen transmitiendo de señal. Dicho de otra forma, se puede decir que el tráfico real puede ser mayor, pero lo más probable es que no se esté viendo bien. Esto hace que la consecuencia práctica sea casi de novela antigua, ya que toca volver a navegar como antes en el momento en que la electrónica falla.
El Mar Rojo también es problemático
MARAD, la agencia estadounidense, advierte que la interferencia significativa de GNSS, la suplantación de identidad y el bloqueo de señales continúan en la zona, y además recomienda reforzar métodos tradicionales como el radar, las referencias visuales y la comprobación cruzada con sistemas secundarios. Además, el UKMTO añade que las interferencias siguen siendo un riesgo constante en el Mar Rojo, pero lo son con una intensidad menor que en Ormuz.
Todo esto provoca que la historia no vaya solo de petróleo o geopolítica, sino también de algo mucho más básico: saber dónde está cada barco. Eso ha llevado a los analistas a recurrir a imágenes por satélite, radares de apertura sintética, señales de radio e incluso rastros de dispositivos móviles a bordo para recomponer trayectorias cuando el transpondedor deja de contar la verdad. Sin embargo, aquí aparece el riesgo más inmediato: no solo sube el precio de la energía, sino que un buque mal localizado choque, encalle o provoque un vertido en uno de los pasos marítimos más delicados del planeta.
Imagen principal de William William (Unsplash)
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